Retratos de Nueva York

30 Jul 2017
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DISTÓPICO. Soberón describe una ciudad construida con capitalismo y miseria.

CRÓNICA

COSMÓPOLIS

FABIÁN SOBERÓN

(Modesto Rimba - Buenos Aires)  

La literatura de viajes tiene en Cosmópolis un carácter singular: participa a la vez del relato intimista, de la crónica y de la poesía, minimizando descripciones arquitectónicas o paisajísticas, precisiones históricas y recorridos exóticos. Soberón pinta este casi centenar de “retratos de Nueva York” que anuncia el subtítulo como otros tantos encuentros con personas, espacios, momentos y evocaciones que tocan su imaginación y su sensibilidad en su estadía en “la gran manzana”, sobrenombre que la fundacional New Amsterdam –New York desde 1664– adquiriera la ya espectacular urbe en el siglo XIX, difundido en campañas turísticas en los ‘60. Manzana… tentación, mordisco incluido.

¿Pura coincidencia? ¿homenaje? ¿réplica, quizás, al escritor estadounidense Don DeLillo (1936)?. En 2003, DeLillo publica su distópica novela Cosmópolis, en la que un multimillonario, en su espectacular auto, atraviesa Manhattan en medio de una feroz violencia que lo lleva a su propia destrucción. El protagonista que Soberón asume en “su” Cosmópolis, en cambio, es un amante padre de familia, un “hombre común” con inquietudes intelectuales, sensible, receptivo. Su mirada filosófica surge ante el cuadro de Rembrandt en el que Aristóteles contempla el busto de Homero: ve en esos claroscuros a la muerte y, con ella, a la vida, en el infinito juego de la herencia, no solo cultural, sino la de padres a hijos. No oculta imágenes distópicas: “torres que crecen como árboles hechos de capitalismo y miseria“, o “la risa de los borrachos me persigue como el viento y los helicópteros que ululan en el cielo seminublado”. Pero también está la voz de una mujer a quien le gusta New York: “Aquí convive gente que en otras partes se mata. Y eso es maravilloso”.

Soberón sospecha que hay “un abismo, un hiato, entre la escritura y la vida”, y hasta duda de la validez de plasmar la experiencia, que es “muda o parca”. Sin embargo, su entusiasmo por hacerlo y la eficacia de sus textos lo desmienten.

© LA GACETA

Eugenia Flores de Molinillo

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