Vandalizaron a la obra ganadora del Salón de Arte Contemporáneo

“El desplazamiento de la voluntad” ganó el Gran Premio de arte contemporáneo. La mención honorífica fue para una tucumana.

28 Jul 2017 Por Jorge Figueroa

Tajante y seguro, sin dudar, el filósofo Didi-Huberman, que se encuentra en Buenos Aires como curador de una exposición, dijo hace un par de días : “el arte no es un concurso de belleza”. “El desplazamiento de la voluntad”, de Nicolás Pontón (Buenos Aires), se llevó anoche el Gran Premio de $ 50.000 del Salón Contemporáneo del Museo de la Universidad Nacional de Tucumán (MUNT), en su nuevo formato (y política) de seleccionar proyectos y obras, y permitir que se produzcan en el contexto del Salón. La mención honorífica fue para “Efecto Marea”, de la artista tucumana Valentina Díaz.

“La imagen no es algo que tanto se ve como que se piensa”, afirmó hace un par de décadas el español Santo Zunzunegui.

Pontón exhibe su instalación en la primera sala desde el ingreso en el MUNT. En “El desplazamiento...” poco o nada se puede observar, excepto una inmensa lámina de plástico y una difusa mancha; la curiosidad despierta ante esa aparente nada, junto con la profunda sospecha de que algo no estamos mirando.

Esa sensación invade al público, que se detiene numeroso ante la obra. Pero horas antes de la premiación, un hecho inesperado alteró al Salón. Durante una visita guiada al mediodía, la creación de Pontón fue vandalizada con un corte de arriba a abajo en su parte central. Personal del MUNT procedió a efectuar una reparación de urgencia, que será transitoria hasta que el artista reemplace el material plástico dañado, para que su creación recupere así la idea que quiere expresar.

“Este trabajo reflexiona sobre las estrategias de representación, en sus limitaciones y en la distancia en la que permanecen los objetos del mundo. Al mismo tiempo la obra propone una especie de ficción materializada de la que el espectador participa, proyectando y completando la realidad de la obra”, le dijo el artista a LA GACETA.   

El jurado integrado por Andrés Labaké, Aldo Ternavasio y Griselda Barale también seleccionó entre más de 200 presentaciones, las instalaciones “Teatro Mundi. Un mundo hecho de lugares”, de Ángeles Rodríguez y Giona Bierens de Haan, del Colectivo Zonda; a la obra de Esteban Martínez, “La esperanza y el peligro son amigos” (una pileta de la altura de una persona que nunca llegó a tener agua, a pesar de la propuesta original); y a Mónica Heller, con el video pop “Del campo bailable al velatorio de guitarras”. La única obra que ya estaba concluida y que fue seleccionada es el video de Heller; las otras cuatro instalaciones fueron montadas y erigidas días antes de la inauguración.

Provoca la atención

Como lo dice el mismo artista Pontón, cada espectador puede completar su obra. ¿No es acaso lo indefinible lo más seductor, atractivo y provocador? En “El desplazamiento de la voluntad” hay algo visible y algo invisible. ¿Un espectro? Se ve, pero no tanto. La esfera negra, difusa, se ubica en un terreno de indefinición, en una zona que ubica incómodo al espectador. ¿Puede pensarse el arte como una afirmación, más allá de que aún hoy se lo tome como una respuesta, como sanador, curador y tantas cosas más? La mancha provoca nuestra mirada, ¿qué hay allá, detrás del telón? ¿Una verdad, la posverdad de la que tanto se habla, por estos días? ¿Un objeto, real, tangible o una ilusión?

Decía Paul Klee que el arte no reproduce lo visible, sino que lo hace visible.

No hay belleza en la instalación en la obra de Pontón. Pero sí mucho para pensar, y reflexionar, porque esa imagen que se ubica entre lo visible e invisible no hace sino interrogarnos sobre lo que vemos y no vemos. ¿Verdad y posverdad? ¿Presencia y ausencia?

Entre tensiones

En una pequeña sala, Valentina Díaz construyó un cubículo creando un espacio entre un tejido extendido con aberturas y un cielorraso en blanco y negro.

Allí, los espectadores se posicionaron para que sus cabezas o brazos aparezcan entre los 50 agujeros distribuidos aleatoriamente. “Tiene connotaciones de abrigo, pero es profundamente incómoda y provoca también una separación entre el cuerpo y la cabeza. Cuando se trasciende el aspecto lúdico de la pieza, la gente se va a dar una estrategia para seguir allí, generando una gran tensión”, puntualiza la artista tucumana que estudia en México.

Ciertamente, el público jugó en ese oscuro espacio como si se tratara de las escondidas; con encuentros y desencuentros, por arriba y por debajo de la tensada tela; como la vida misma.

Anoche, cuando se entregaban los premios al cierre de esta edición, las opiniones del público -como siempre-, estuvieron divididas. Muchos apostaron al trabajo de Ángeles Rodríguez. El premiado estuvo ausente con aviso. El Salón del MUNT podrá ser visitado hasta el 5 de septiembre en San Martín 1.545. La entrada es libre.

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