Un gigante en crisis liderará la renovación del Mercosur

Los problemas políticos e institucionales en su país siguen acechando al presidente. Michel Temer, que puede llegar a enfrentar un proceso de “impeachment”. Su crisis doméstica condiciona a Brasil.

23 Jul 2017
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ENCRUCIJADA. Temer podría exponerse a un “impeachment” por corrupción. Reuters

MENDOZA/RÍO DE JANEIRO.- Brasil asumió el viernes la presidencia rotativa del Mercosur, en un semestre clave para la firma de un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea (UE), con el mandatario Michel Temer sumido de lleno en una crisis institucional y batallando por su propia sobrevivencia política.

Temer liderará el bloque regional integrado también por Argentina, Paraguay y Uruguay con la imagen internacional de su país y la suya propia por los suelos. Su tarea, por ello, no será fácil. Su canciller, Aloysio Nunes, buscó sin embargo alejar fantasmas: “Brasil tiene todas las condiciones para presidir el Mercosur, no sólo por el tamaño de Brasil, sino también por su fuerza, su fuerza económica, su tradición diplomática como también por el hecho de que Brasil es inequívocamente un país democrático”.

Su primer compromiso, al recibir el mando del Mercosur de manos de su par Mauricio Macri en la cumbre de jefes de Estado celebrada en Mendoza, fue proseguir la gestión argentina y darle las puntadas finales al ambicioso acuerdo con la UE, con el díficil trabajo de buscar una oferta adecuada para el acceso de los productos agrícolas. “Estamos, en verdad, reformulando el Mercosur”, aseguró Temer en Mendoza. “Espero continuar el trabajo que el presidente Macri realizó con tanta propiedad a lo largo del primer semestre”, agregó. También Argentina le dio un fuerte aval a Temer al frente del Mercosur a pesar de los escándalos que sacuden a Brasil, la principal economía del bloque regional.

El ministro de Hacienda argentino, Nicolás Dujovne, confió en la fortaleza del bloque regional más allá de las crisis. “El Mercosur nació hace muchos años, es una de las pocas políticas de largo plazo que hemos podido mantener en conjunto con el resto de los países de la región y afortunadamente ha sobrevivido a los vaivenes que hemos tenido muchos de los países del bloque”, declaró.

El vicecanciller argentino, Daniel Raimondi, fue más allá al asegurar que la situación que atraviesa Brasil “no afecta en nada su compromiso con el Mercosur”.

Muy distinto fue el antecedente de Venezuela. El Gobierno de Nicolás Maduro, en medio de la crisis social, política y económica que sacude a su país, asumió a mediados de 2016 la presidencia del Mercosur de forma unilateral, sin apoyo ni reconocimiento del resto de los Estados parte. El mercado regional se paralizó durante seis meses.

Venezuela fue finalmente suspendida en diciembre en el Mercosur por haber incumplido los requisitos legales para ejercer como miembro pleno.

Los desafíos para Temer serán distintos. Pese a que Brasil ha perdido la relevancia que tenía en los foros internacionales en los que participa, como el G20, su situación es mejor en la región.

El presidente brasileño está sobre todo en sintonía política con Macri. La influencia de ambos es grande, ya que representan a las dos mayores economías sudamericanas. Al mismo tiempo, para el líder conservador brasileño será difícil centrarse en política exterior -ya sea para impulsar la revitalización del Mercosur o para asumir un papel protagónico como mediador en la crisis venezolana- debido a sus problemas domésticos.

El presidente ha sido denunciado por corrupción en el marco de la megacausa “Lava Jato” (”Lavado de autos”) y debe hacer frente en las próximas semanas a una votación clave en el Congreso, en la que los parlamentarios decidirán si le levantan la inmunidad para que sea juzgado.

Un voto de dos tercios de la Cámara contra Temer podría abrir la vía a un proceso de “impeachment”. A estas alturas parece improbable que Temer pierda esa votación, ya que cuenta aún con amplios apoyos parlamentarios, pero la crisis tiene a su Gobierno permanentemente contra las cuerdas. Muchos observadores creen que el presidente podría llegar al final de su mandato en diciembre de 2018, pero que gobernará a la vez muy debilitado, concentrado sobre todo en evitar su caída. En ese escenario será difícil convertir la política exterior en una prioridad.

A los problemas de Temer se suma la crisis política generalizada en el país. La interminable serie de escándalos de corrupción que sacude a Brasil desde hace más de tres años golpea no sólo al partido del presidente, el conservador PMDB, sino también a otros pesos pesados como el izquierdista Partido de los Trabajadores (PT) de Lula da Silva y el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB).

Brasil parece demasiado ocupado consigo mismo para asumir el liderazgo regional que le correspondería

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