Palabras bellas dichas a través de un colorido tubo de cartón

En el Museo Folklórico los Tucucuentos Solidarios susurran al oído pequeñas historias, leyendas, bagualas y poemas

18 Jul 2017
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EN UNA SALA DEL MUSEO. En los rostros de dos visitantes cordobesas es obvio el efecto de los relatos de las susurradoras Santamarina e Israilev. la gaceta / foto de inés quinteros orio

MARTES Y JUEVES

• A partir de las 11 y las 18, en el Museo Folklórico Provincial (24 de Septiembre 565)

Irupé es cordobesa, pero vive en Tucumán. Entró al Museo Folklórico de la mano de dos amigos cordobeses; los tres son estudiantes y se tomaron unos minutos para que les susurraran un texto al oído.

“Es hermoso. Es muy diferente de leer un texto; te llega más porque te obliga a concentrarte en lo que te susurran”, dice Irupé. Se refiere a que, mientras recorrían las salas, dos integrantes del grupo Tucucuentos Solidarios, Silvia Israilev y Gloria Santamarina, los abordaron con sus coloridos tubos susurradores, hechos con sus propias manos, a regalarles un texto.

Otra cordobesa, Nélida, camina junto a Viviana, a quien hace 20 años -cuenta Nélida- la atrapó un tucumano. Las amigas de la infancia, que son docentes, están sorprendidas por las susurradoras. “Hay que volver a escuchar palabras bellas, no olvidarnos de cuánta belleza nos dan”, apunta.

Intervención

En estas vacaciones los museos Folklórico General Manuel Belgrano y Casa Padilla proponen para chicos y grandes, además de conocer sus tesoros con guías especializados, disfrutar por unos instantes de la propuesta de las susurradoras del Grupo Tucucuentos Solidarios, que dependen de la Dirección de Letras del Ente Cultural.

“Estamos haciendo una intervención artística. En el Museo Folklórico los visitantes se llevan la sorpresa al ver a dos o tres integrantes del grupo Tucucuentos con esos tubos que llamamos susurradores”, informa la narradora y coordinadora, Alejandra Jiménez.

Se refiere al grupo de 15 narradoras constituido en su mayoría por señoras jubiladas que cuentan cuentos, y vienen trabajando desde hace cuatro años.

Un taller que prendió

Lo que empezó siendo un taller de dos meses -que dictó Beatriz Morán- se consolidó como grupo y tomó presencia en hospitales, escuelas, residencias de ancianos y en cada lugar donde las invitaran a contar un cuento. “Estamos trabajando muy bien; son personas muy dispuestas y siempre están capacitándose - explica Jiménez-. Este año fuimos a narrar al Centro de Adicciones del Hospital Avellaneda; hemos participado del Encuentro de Escritores en Monteros, y también en el Mayo y Mayito de las Letras, entre otros eventos”.

La coordinadora aclara que para pedir su intervención hay que dirigirse a la Dirección de Letras, que distribuye y organiza la agenda del grupo.

Un desafío grande se viene el 3, 4 y 5 de agosto, en el Encuentro Internacional de Narradores, que los Tucucuentos están organizando junto al Ente, y que contará con la presencia de narradores extranjeros.

“En el Museo Folklórico susurramos partes de leyendas del NOA, estrofas de canciones de Mercedes Sosa en su sala, o bagualas, y textos que nos facilitó el director del museo, Carlos Piñero. Tienen que ser textos cortos, de entre 30 segundos y un minuto, porque la gente está de paso”, explica Jiménez.

Regalo auditivo

El lugar puede ser el museo, o puede ser la calle, con mucho ruido ambiental. Cuando se acerca un susurrador se producen el contraste y la intimidad que establece el relato de persona a persona.

Ellos requieren menos de un minuto y la disposición a recibir, como regalo auditivo, por única vez, un poema o una pequeña historia susurrada.

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