“En la ciudad hay más capas de hipocresía”

El escritor chaqueño, autor de Bajo este sol tremendo (recientemente reeditada y llevada al cine por Adrián Caetano), habla sobre su obra. Cree que la crueldad es esencial al ser humano. “Todo lo que edita o suaviza la crueldad es una construcción posterior; es la civilización”, sentencia

09 Jul 2017
1

Por Fabián Soberón

PARA LA GACETA - TUCUMÁN


- En la novela hay claramente dos plots paralelos, dos nudos narrativos que dialogan y se potencian: los documentales sobre animales (y las referencias a los cascarudos, las arañas, las cucarachas, etc.) y la historia de Cetarti, Duarte y Danielito. Me gustaría que me cuentes acerca de tu idea de la estructura del libro.

- La estructura del libro salió cuando encontré la historia. Estuve durante mucho tiempo escribiendo pedazos sueltos, y viendo cómo esos pedazos se iban juntando y relacionando, hasta que bueno, llegado un momento, encontré la historia entera y los elementos de esa historia. Y fue ahí cuando entendí que había terminado la novela, la cual presenté a un concurso y no lo gané. Y luego, un mes después la iba a escribir de nuevo, pero me tocó reescribirla prácticamente. El orden fue armado para hacer más eficaz la historia que ya había encontrado. O sea, ese orden es posterior, no pensé en ese orden, pero si encontré una serie de criterios, a partir de los personajes que encontraba en la historia. De los tres personajes principales elegí a dos: si te fijas son dos capítulos de Danielito y dos de Cetarti, y ese ritmo tiene pocas alteraciones. Pero también decidí un punto de vista del narrador, ya que entendí que todo lo que yo fuera a contar, iba a ser descripto desde una “cámara” en la nuca de los dos protagonistas. Por eso nunca hay una descripción de ellos, salvo cuando ellos se ven. Y en relación a Duarte, está descripto desde su primera aparición. Es un protagonista, pero es un protagonista al que la novela ve, no forma parte de la narración. A medida que fui avanzando, me pareció que estaba bien este esquema: cada conjunto de dos capítulos era un paso en el que avanzaba la historia, y esto me posibilitó una situación: el capítulo que está contado dos veces, visto desde los dos protagonistas. Y ese encuentro entre dos personas tan parecidas, tan paralelas, son tan similares que no se reconocen. Digo, los dos “tipos” están prácticamente en la misma, pero no logran reconocer en el otro nada, como si eso marcara un subrayado de quiénes son y de que están tan ajenos a la percepción, de todo lo ajeno a ellos.

- Quizás porque vivo en Tucumán, me interesó mucho el pueblo, Lapachito, como escenario de las acciones de Duarte y de Danielito. En ese pueblo la crueldad se amplifica. ¿Podrías hablar de los escenarios y de los lugares (casa del hermano de Certati, por ejemplo) de la novela?

- Lo que pasa es que la crueldad es esencial en el ser humano. Todo lo que edita o suaviza la crueldad es una construcción posterior, es la civilización. La naturaleza siempre está diciendo todo el tiempo: “Acostate con esta mujer, comete a este bicho”, “El otro tiene una mujer, bueno, pegale un sopapo en la cabeza con un garrote, llevate la mujer y robale la comida”, porque es lo que la naturaleza nos dice, lo que hacen los animales, que somos nosotros. Todo lo que edita eso es la construcción civilizatoria. Entonces por eso es más probable que en una ciudad grande, por ser una expresión superior de la civilización, sea un poquito más amable. Y en el pueblo está más rústico eso, si bien es un grado de civilización más elevado que una caverna, solo está un poco más cerca de las grandes ciudades. Yo viví en el Chaco, pero me imagino que en Tucumán debe ser mucho peor, porque Chaco es más nuevo, pero Tucumán viene de una opresión de más de 500 años, desde que está instalado el catolicismo, por eso me parece que debe ser peor. Siguiendo con este concepto, salgamos del pueblo y vamos al campo. En el campo está “brutal” todavía, hay una ilusión del equilibrio con la naturaleza. Por ejemplo, en las poblaciones campesinas todo el mundo se “acuesta” con la hija, y ni siquiera está tan mal visto, porque es natural. Por eso en la novela, mi idea del pueblo es como para estar más cerca de la brutalidad, y de la hipocresía también, dividida en dos corrientes claras de lo que es y lo que se oculta. En la ciudad, en cambio, al ser más sofisticada, hay más capas de hipocresía dando vueltas. Por último, para resumirlo y contestarte en una oración, es más fácil de describir un comportamiento en un pueblo que en una ciudad.

- En este sentido, uno podría pensar que estás más del lado de Thomas Hobbes que de Rousseau. Pienso en Rousseau y en su idea del bueno natural, del hombre como alguien bueno en la naturaleza.

- Lo que pasa es que no hay bondad en la naturaleza. Pero no hay maldad tampoco, eso también tiene que ver con la falta de juicio moral en este libro. El predador no es malo, es predador. Las reglas son muy fáciles en la naturaleza. En El gen egoísta, Richard Dawkins dice que no hay maldad en la naturaleza; lo que hay es un mecanismo. El autor te explica en el arranque del libro, la formación de las primeras moléculas a partir del enfriamiento del planeta y de cómo competían una vez que espesaron a aparecer las moléculas más complejas y estables. Una vez que empezaron a crecer, empezaron a hacer falta los átomos que las constituían, entonces hubo una especie de protocanibalismo entre esas moléculas complejas. Y el autor te va contando todo ese mecanismo de competencia y depredación, entre cosas que ni siquiera eran organismos vivos, sino cadenas de carbono más estables unas que otras. No había vida, moral. Dawkins sostiene que nosotros, como cualquier organismo, somos una máquina de supervivencia de nuestros genes. Entonces, todo lo que vos disfraces de tu comportamiento, lo que elabores, le des sentido, únicamente tiene la finalidad de sobrevivir hasta que puedas expandir tus genes. ¡No hay otra cosa! Y me parece que esa crudeza nace a partir de tener entendido eso sin nombrarlo. En vez de transmitirle mi opinión al lector, trato de generar la situación y de generarle el mismo impacto que me genera a mí la situación. En realidad busco generar más que transmitir.

© LA GACETA

PERFIL

Carlos Busqued nació en Roque Sáenz Peña, Chaco, en 1970. Es el autor de Bajo este sol tremendo (2009), novela finalista del Premio Herralde, editada por la editorial Anagrama y llevada recientemente al cine por Adrián Caetano (película protagonizada por Leonardo Sbaraglia y Daniel Hendler).

Comentarios