Con un "dedal", un hipoacúsico puede empezar a escuchar

La UTN invitó al ingeniero electrónico Luis Campos, dedicado al desarrollo de sistemas para personas con discapacidad.

09 Jun 2017

Es ingeniero y Tucumán le da cierta nostalgia, porque en sus comienzos en el área de la computación, allá por 1979, él se encargaba del mantenimiento de esos mamotretos que eran las computadoras. Se acuerda que instaló una en lo que entonces era Agua y Energía: se necesitó una habitación de 16 m² para un ordenador de 128 kb de RAM y un disco rígido de 1 MB. En menos de ocho años, una computadora bastante más poderosa que esa, la famosa PDP-11 ya entraba en un cuarto de 2 m².

En esa época donde todo era revolución y el tiempo parecía correr mucho más rápido que el reloj, el ingeniero electrónico Luis Campos trabajaba para la ya extinta Digital Equipment Corporation, una competidora de la gigante IBM, pero más orientada al mercado de empresas e industrias. Hasta que en 1986 un caso le cambió la vida y el rumbo a su carrera, más bien enfrascada en los chips y en el rendimiento que en lo humano.

“Se acercó un amigo médico, ginecólogo, a contarme el caso de una paciente que había quedado cuadripléjica y que no tenía posibilidad de comunicarse con el mundo exterior. En ese entonces -relata el ingeniero- no se hablaba mucho de la discapacidad, casi que se la ocultaba, y no se pensaba que la tecnología tuviera algo para mejorar la calidad de vida de estas personas”.

Campos se fue a su casa con esa paciente en la cabeza. Se le ocurrió que si ella era mínimamente capaz de soplar y aspirar un sensor similar a los que se usan en el campo para medir la presión atmosférica, colocado en su boca, le podría servir al menos para decir “sí” o “no”, todo un triunfo para alguien con el cuerpo inmovilizado. Esa idea derivó más tarde en el primer teclado virtual para personas con Síndrome de cautiverio o enclaustramiento, que no tienen ninguna posibilidad de conectarse con su entorno. Y dos años después, en 1988, Campos decidió apartarse de la multinacional y arrancar con su propio emprendimiento que puso la tecnología al servicio de la discapacidad.

Casi tres décadas después de haber pateado el tablero, con la humildad y la vocación humanista intactas, Luis Campos volvió a Tucumán. Se presentó anoche en la Semana de la Ingeniería de la UTN (su casa, pues estudió en la sede de Avellaneda, Buenos Aires) para mostrar uno de sus desarrollos, quizás el más trascendente ya que encierra un cambio de paradigma: para oír, los sordos no siempre necesitan de su sistema auditivo. Así como un ciego puede “ver” con las manos, también un sordo puede escuchar con los dedos.

“En 2002 una alumna me cuenta que para su tesis estaba desarrollando una biblioteca virtual para hipoacúsicos. Pero yo veía que dejaba afuera un gran grupo de personas, que son los sordos profundos, los casos en general más complejos. Pensé en el sistema Braille, que les permite a los ciegos crear una pseudo imagen en su cerebro a partir del tacto. Investigué entonces las propiedades del dedo índice, que percibe frecuencias en un amplísimo ancho de banda de entre 10 y 10.000 Hz, y me imaginé que podría servir también para escuchar”, cuenta el inventor.

Recién en 2010 comenzó a difundir el Sevitac-D (las siglas de sistema de estimulación vibrotáctil digital), conocido popularmente como el “dedal auditivo” porque su formato se asemeja mucho a los dedales de costura. El dispositivo se coloca en el dedo y va conectado a un micrófono que percibe los sonidos, y un microprocesador los transforma en vibraciones que se transmiten a través del dedo pulgar por el sistema nervioso para formar un pseudo sonido en el cerebro.

A medida

Los videos de personas que jamás en su vida escucharon y que prueban el Sevitac-D se expanden por la web. Son momentos de emoción, en los que el hipoacúsico descubre, literalmente, un mundo nuevo. El dispositivo se hace a medida y hasta el momento vendió 30 en el país y otros tantos en México, país con el que Campos tiene mucha relación. Hasta el momento el dispositivo es considerado una tecnología de apoyo y no una tecnología médica. Además, no es necesaria ninguna intervención quirúrgica, sino que es todo externo.

“Luego de presentar el sistema en un congreso de Colombia, el director del Instituto de Neurociencias de Guadalajara, quien daba su conferencia después de la mía, comenzó diciendo: ‘esto que acabamos de ver es un cambio en la historia’. Fueron una gratificación enorme para mi trabajo esas palabras”, recuerda el ingeniero.

Por estos días está dedicado 100% a las tecnologías de apoyo para personas con discapacidad. Desde su Centro Argentino de Medios Alternativos de Comunicación (Camac) desarrolla sistemas a medida para distintos tipos de patología y que ayudan a los pacientes en su autonomía, desde teclados virtuales y computadoras a completas habitaciones que se manejan con la voz del paciente para prender y apagar la luz, el ventilador, la televisión, etcétera. En Tucumán, en 2012, fue el responsable de adaptar la habitación de Adrián Pasteri, un joven local que quedó cuadripléjico tras sufrir una caída en la pileta, para que pudiera controlar todo con su voz a través de una computadora. Similar a los asistentes de voz actuales de los celulares (como Siri de Apple, Google Now de Android o Cortana de Windows). Y quizás sea el responsable de que muchos más jóvenes ingenieros hagan sus apuestas a mejorarles la calidad de vida a los discapacitados, porque ayer al mediodía, mucho antes de su conferencia, el aula magna de la UTN ya tenía los cupos cubiertos.

Campos recibirá hoy a interesados en su dispositivo

El ingeniero Luis Campos se quedará un día extra en Tucumán para mostrar su desarrollo a personas hipoacúsicas o a los familiares que estén buscando alternativas para mejorar la calidad de vida de sus parientes. Por consultas, enviar un mensaje en el Facebook de Camac, www.facebook.com/Camac-DTE-Ing-Luis-R-Campos-142714899111879

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