El rugby infantil, un pase a la gloria

En 2015, el IPLA inició un programa que se vale del rugby como herramienta para brindarles contención a niños de barrios carenciados.

05 Feb 2017
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APRENDER JUGANDO. Los más pequeños reciben instrucciones del entrenador. la gaceta / fotos de Inés Quinteros Orio

En un país que no tiene a la paciencia entre sus virtudes, abundan los parches y escasean las soluciones de fondo. La regla es salir del paso ahora, y que del trabajo pesado se encargue otro. Así, muchas de las problemáticas que sufre la sociedad actual son hijas de la postergación. Afortunadamente, esta regla también tiene excepciones. Y así como algunos proponen combatir el fuego con fuego, con medidas como bajar la edad de imputabilidad penal, otros se arremangan y van en busca del origen del problema para arrancarlo de raíz.

De eso se trata “Un pase a la gloria”, el programa de inclusión que el Instituto Provincial de Lucha contra el Alcoholismo (IPLA) puso en marcha en 2015, y que se vale del rugby como herramienta para transformar la vida de niños en situación de vulnerabilidad.

“Se decidió trabajar a la prevención, pero entendimos que apuntar sólo a la nocturnidad es llegar tarde: al individuo lo agarrás cuando ya consumió alcohol”, explica la génesis del proyecto Daniel Sosa Piñero, director del IPLA. “Además, se sabe que el consumo comienza a edades cada vez más tempranas, alrededor de los 12 años en los varones y 15 en las mujeres. Por eso decidimos ir más abajo y llegar a la comunidad con un proyecto que tuviera un destinatario directo: los niños”, completa Sosa Piñero, quien nombró como directora general del proyecto a la psicóloga Sofía Ferrari.

Teniendo en claro adónde se quería llegar, faltaba resolver el cómo. “Tanto Sofía como yo estamos ligados al ámbito deportivo, y sabemos que el rugby persigue la transmisión de valores que forman a las personas, así que decidimos utilizarlo como herramienta para llegar a los chicos”, cuenta el directivo.

Para darle un marco oficial y serio -aspecto que Sofía enfatiza como clave- se firmó un convenio con la Unión de Rugby de Tucumán a través del por entonces presidente Fernando Martoni. “Él y Gaspar Chavanne nos ayudaron mucho. En mayo se lanzó la propuesta a los clubes vía boletín oficial. El único que respondió fue Lawn Tennis. Tuvimos la experiencia piloto y comprobamos que había demanda. Los resultados fueron altamente satisfactorios, por encima de nuestras expectativas. En poco tiempo se notó mucho el cambio en los chicos”, subraya Sosa Piñero. Tiempo después se sumaron Tucumán Rugby y Los Tarcos, y este año lo harán Jockey y San Martín.



Un pase a la gloria es un programa de rugby esencialmente infantil; es decir, abarca hasta la división de Menores de 14 años. Ello no obsta a que algunos chicos que cumplieron 15 hayan podido seguir formando parte. “Los chicos van dos veces a la semana al club, durante tres horas. La primera hora y media se entrena en los físico y técnico. La otra hora y media hay taller sobre las distintas problemáticas que afectan a los chicos: violencia, pobreza, etcétera. La actividad no se suspendió durante el verano ya que se organizó una colonia de vacaciones”, explica Sofía la actividad habitual del programa. Ahora se sumarán chicos de la Sala Cuna

“Se invita a los chicos a que cuenten lo que les pasa y se les hace entender que ellos valen, que tienen derechos y el poder de forjar su destino. Es decir, trabajamos empoderando a los niños”, resume la psicóloga, para quien muchas veces, el problema no es la falta de oportunidades sino el no saber aprovecharlas.

“Hay acceso a la educación y a los servicios de salud, pero hay padres que por diversos motivos no pueden darle a sus hijos la debida contención. Por eso también se trabaja con ellos. Por ejemplo, el profesor David Ruffino (Oficial de Desarrollo de la UAR) dictó un taller para los padres sobre los valores del rugby y la importancia en la niñez, y la convocatoria fue muy buena”, destaca.

La otra parte


Quienes llevan adelante “Un pase a la gloria”, entendieron que el trabajo debía trascender las fronteras del club. “Trabajamos con las familias de los chicos porque si no tienen contención en la casa, nuestra tarea está incompleta. Y así nos encontramos con toda clase de problemas con los que conviven todos los días”, cuenta Sosa Piñera.

“Conocemos la casa y la familia de cada uno de los chicos. El IPLA no tiene potestad para abordar esos problemas, que le competen al Ministerio de Salud, de Desarrollo Social, etcétera”, agrega Sofía, y concluye: “lo que nosotros podemos hacer es dar el puntapié inicial, brindándoles un espacio donde puedan jugar, reírse y sentirse contenidos. ¡Algunos te piden que les hagas cosquillas! A contrario de lo que se suele pensar, no desean cosas materiales. Una vez se les preguntó con qué soñaba cada uno, y las respuestas fueron ‘jugar como Messi’ o cosas así. Tener un Iphone o una camioneta podrá ser el sueño de otra gente, pero ellos sólo quieren ser alguien en la vida”.


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