La golpearon y amenazaron con contagiarle sida

Cuatro ladrones armados entraron a una casa

29 Jun 2016
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ROBO. A Pérez (centro) le robaron los ahorros que tenía para arreglar su casa. la gaceta / foto de Antonio Ferroni

No podía dejar de llorar. La experiencia había sido tan traumática para ella, que ante el menor recuerdo de lo sucedido su voz volvía a ahogarse y las manos le temblaban. “Tengo miedo de que vuelvan”, repetía una y otra vez Graciela del Carmen Pérez después de haber sido asaltada por cuatro delincuentes armados que la amenazaron, la golpearon, le revolvieron su casa y se llevaron lo poco que tenía.

Pérez tiene 55 años y vive en una casa humilde, a medio construir, sobre la avenida Presidente Perón de La Reducción. Fue atacada el lunes a la noche, cuando llegaba a su casa. Eran apenas las 21 cuando la mujer se acercó a la puerta y advirtió que la cerradura había sido violentada. Antes de que pudiera reaccionar, un hombre la sorprendió desde atrás, la apuntó con un arma y la obligó a entrar.

Eran cuatro los asaltantes, todos armados y con sus rostros cubiertos por bufandas y pasamontañas. En cuanto traspasaron la puerta, la golpearon y la arrastraron hasta el comedor. Según estimó Pérez, estuvieron media hora dentro de su casa: tres revolvían todo en busca de dinero, mientras que un cuarto se ocupaba de custodiar a la mujer. “Me hizo sentar en una silla y a cada rato me golpeaba la cabeza y me gritaba ‘hablá hija de p..., decí dónde está la plata’. Tenían mucha información, me trataban de cancerosa”, contó la mujer, quien efectivamente padece cáncer de colon y no entendía cómo los intrusos conocían ese dato.

En las habitaciones, los delincuentes consiguieron apoderarse de los ahorros de Pérez. “Eran $ 22.000, todo en billetes chicos porque eran mis ahorritos para arreglar mi casa, que la otra vez hubo un tornado y el viento me llevó todo”, lamentó la mujer. Pero evidentemente los delincuentes creían que en esa casa había más dinero, por lo que continuaron buscando. “Se llevaron también las joyas de mi mamá, que murió hace dos años y que eran para una nieta, cuando cumpla 15”, explicó Pérez. Se trataba de unos cuantos anillos y de un par de aros chicos.

Una jeringa

En el comedor, donde uno de los asaltantes retenía a la mujer, ya habían desconectado el televisor para llevárselo. “El que estaba acá se daba el gusto de tomar cerveza delante de mí, es lo que más odio me daba. Fumaba y me amenazaba con una jeringa que tenía un poquito de sangre. ‘Quedate quieta que te voy a contagiar sida, encima del cáncer’, me decía”, relató Pérez, ahogada en llanto.

La mujer recordó que, como estaba muy nerviosa, no podía parar de gritar y llorar. Entonces los demás ladrones alentaban al que estaba con ella para que abusara sexualmente de ella, lo que finalmente no sucedió. “Pegale una patada, no se va a morir, si es una cancerosa”, gritaban los asaltantes desde las habitaciones.

La pesadilla terminó cuando alguien tocó las manos afuera y los delincuentes aceleraron la huida. Levantaron el dinero, las joyas, la notebook de la sobrina de Pérez, que también vive allí, y varias prendas de vestir. “También se llevaron una botella de fernet y carne que tenía en la heladera”, señaló la mujer. Segundos después de que atravesaran la puerta, la víctima escuchó el motor de un auto que arrancaba.

Desde el piso, y presa de un ataque de nervios, Pérez llamó por teléfono a la Policía. Ayer la mujer se quejaba porque ningún vecino se acercó a preguntar qué pasaba, pese a sus gritos desesperados. “Cuando vino la Policía también fue todo muy raro porque no quisieron levantar huellas, me decían que no había nada porque los ladrones usaron guantes. Tampoco quisieron poner en la denuncia que se llevaron la computadora, no sé por qué será”, dijo la mujer, molesta.

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