Los contrastes y tensiones dominan el Salón del MUNT

Unas 40 obras participan del tradicional concurso de arte contemporáneo que organiza el museo universitario

27 Jun 2016
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PRIMERA SALA. En primer plano, la obra en papel calado de María Aráoz y la fuerte geometría de Alejandra Galván (derecha), mientras que, atrás, se pueden ver las pinturas de Virginia Serrano y de Rubén Kempa. la gaceta / foto de analia jaramillo

Videos, pinturas, instalaciones, fotografías y objetos integran el Salón de Arte Contemporáneo que se inaugurará el jueves a las 19, en el MUNT (San Martín 1.545).

En esta doceava edición, se exhibirán unas 40 obras seleccionadas sobre un total de 160 presentadas (lo que es un promedio alto de aceptaciones), que compiten agrupadas en un solo rubro.

Los contrastes y la tensiones, pero también un dejo de humor y hasta algún gesto de provocación, proliferan en la exposición.

“El Salón caracteriza al MUNT; desde hace 12 años se institucionalizó como una forma más de contribuir con el desarrollo de la cultura y su extensión al medio que, desde las primeras convocatorias mantiene su carácter multidisciplinario y le permitió abarcar, con espíritu amplio, democrático y transparente algunas de las manifestaciones artísticas más relevantes de nuestro país”, recuerda su directora Elina Valladares.

El salón, que repartirá en premios $60.000, se podrá visitar durante julio y agosto, pero recién el 29 del primer mes se conocerán quiénes son sus ganadores, en una gran ceremonia.

Tramas y tragedia

Cuando se ingresa a la primera sala, las suaves tramas caladas delicadamente en el papel de “Brote”, una obra de María Aráoz, se enfrenta a la dramática fotografía de Adrián Lugones, cuando captura con su cámara “El descenso”: se trata nada menos, de la imagen de un operario trabajando en el Pozo de Vargas. En una esquina del espacio, la tragedia vuelve a llamar la atención, con la instalación de Florencia Zurita, en la que aparece la foto publicada en LA GACETA, en la que una vecina barre la vereda de su casa, indiferente, a pocos metros de un cuerpo asesinado arrojado en el piso.

No hay diálogo aquí, pues, entre las obras, sino un conflicto extendido además, con los alegres y frescos colores de la pintura de Virginia Serrano.

“Geometría o barbarie”


En la sala central, una bandera con contornos negros, se divide en tres rectángulos (amarillo, azul y rojo), con la consigna “Geometría o Barbarie”. Con un diseño similar a las obras de Piet Mondrian, Lucrecia Lionti plantea una reivindicación histórica del arte y se involucra en uno de los más fuertes debate de las vanguardias modernas, aunque con ironía, claro está. A su lado, “Luz accidental (L) 30”, de Pablo Ziccarello, plantea una oscura fotografía de lo que parece ser una persiana.

Una vez más, el contraste tensa las relaciones y no hay diálogo que valga.

La pintura de Damián Díaz y la instalación de Florencia Sadir, plantean otros puntos de interés, así como el tapiz con cuentas plásticas de Jimena Travaglio, aunque no debe soslayarse aquí el acrílico titulado “La Fundación” de Agustín González Goytía. En plena sala, en “Gestos precisos para estribar en la intemperie”, Sadir instala una planta real que surge entre el duro cemento callejero.

Unos metros más adelante, en el video “Stock”, de Pablo Guiot, se observa la reflexión sobre el sistema de producción, y casi como una máxima, reproduce en serie las condiciones capitalistas.

Entre líneas y fotos


En la última sala, el delicado retrato familiar de Cecilia Villafuerte, plantea a través del dibujo textil, una línea artística distinta, con un trazo preciso y distinguido.

El espacio final del MUNT se muestra abigarrado, con obras casi apretadas. Pero aún así, partiendo de la instalación de Cecilia Luján, se permite un recorrido con paradas en la pintura “Oración”, de Nazarena Pereyra; el objeto con fotografía y monitor de Rolo Juárez (“La inocencia te valga”); el retrato “Mercedes 2016”, de Atilio Orellana; “Azúcar negra”, de Inés Quinteros Orio y “Doxa 111”, de Roxana Ramos.

Presentada como pintura, “Luz de luna- Cereza perfecta”, de Alejandra Galván, montada en la primera sala, hasta “El nombre del alfajor”, de El Bondi Colectivo, un afiche pegado desprolijamente en la última, que humoriza sobre el nombre “Jorgito” (anulando las letras con colores azules) se podría establecer una línea de lectura del salón. Una lectura que destaca la técnica como virtud artística, propia del lenguaje artístico, por un lado; y por el otro, aquellos que, apropiándose de imágenes ajenas o reelaborando otras (un gesto típico del arte contemporáneo), buscan provocar.

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