Cinco relatos invisibles detrás del tipo que hace reír - LA GACETA Tucumán

Cinco relatos invisibles detrás del tipo que hace reír

El programa de humor, danza y folclore celebra hoy sus 500 envíos y esa es la excusa para bucear en el origen, los deseos y las batallas de su mentor.

30 Abr 2016 Por Silvina Cena
2

-500 VECES “CACHARPAYA”. Cada sábado, Nicolaus llega temprano a Canal 10, prepara un exhaustivo guión y lo reparte entre todo su equipo. FOTOS GENTILEZA DE ADOLFO NICOLAUS.

1. Ahí, en esa cumbia colombiana que repite “adiós, adiós corazón/ adiós, adiós mi ilusión”. Ahí, en ese clásico del Cuarteto Imperial, en ese ritmo cadencioso, hay que encontrar el origen. Adolfo Nicolaus canta y toca la guitarra. Tiene 14 años y un impulso irrefrenable (tal vez, aún a esa altura, inconsciente): entretener. Está parado en un parque de diversiones salteño que lo convoca, junto con dos amigos, cada viernes y sábado. Y eso es todo lo que hacen: van, ubican un lugar cómodo, desenfundan sus instrumentos, ensayan una breve preparación. Cantan: esta noche me recuerda/ la noche que me quisiste/ que tantos besos te di/ que tantos besos me diste. Alrededor, la algarabía.

Y eso es todo lo que hacen, pero es apenas el comienzo.

2. El que habla ahora es el Nicolaus de 67 años, el actual. Acepta mirarse en retrospectiva. Recuerda:

Que no había cumplido los 20 cuando llegó a Tucumán a estudiar la carrera de Contador Público Nacional. Que llegó sin nada (material). Que de sus padres tampoco podía esperar mucha ayuda: “era gente muy humilde”.

Que pasó, por primera vez en mucho tiempo, un año completo sin actuar. Que rompió ese mutismo por necesidad doble: la supervivencia económica y la de retomar su vocación artística.

Que su escenario fundamental y su mejor plataforma de promoción fue el comedor universitario, cuyos menús baratos aprovechaba a diario. Que encontró en los grupos de estudiantes de otras provincias su primer nicho y el más fiel aplauso.

Que en el 69, cuando empezó a conducir peñas, los presentadores engolaban la voz y complejizaban la forma de sus discursos. Que él, en cambio, salía a la cancha con una estructura más sencilla: “hola, primo”. Que así rompió esquemas. Que así llamó la atención del público masivo.

Que a los 20 años se inició en radio (“era movilero de Splendid y trabajaba con un grabador inmenso, de dos kilos”) y a los 25 en televisión, con la primera versión de “Cacharpaya” (duró dos años y fue levantada por la dictadura).

Que para todas estas iniciativas el trasfondo fue el mismo: “yo era un tipo al que le gustaba salir al escenario”.

3. Nicolaus es todavía un tipo al que le gusta salir al escenario. Hoy, por caso, entrará al set de “Cacharpaya” por vez número 500 (cifra que celebrará repartiendo varios premios a quienes asistan al estudio). 500 sábados de humor, danza y folclore. 500 almuerzos y sobremesas compartidos a través de la pantalla. 500 guiones planificados y distribuidos por el propio conductor. 11 temporadas ininterrumpidas o interrumpidas tan sólo por los veranos entre ellas, en los que Nicolaus se dedica a la conducción de festivales. Unos 2.000 artistas en vidriera. Cinco nietos que lo acompañan en cada emisión. Una convicción que Adolfo formuló en 2006, cuando Canal 10 le pidió que reeditara el programa: “los artistas consagrados tienen espacio por todos lados, lo que yo quiero es difundir a gente nueva, talentos jóvenes”. 500 oportunidades (bien aprovechadas) para sostener esa convicción.

4. Hay una doble batalla que Nicolaus libra detrás de esos números. La primera es la de todos los que trabajan en TV: “la producción local no es fácil. Hay empresarios que me paran en la calle, me felicitan por el programa, me dicen que lo ven con toda su familia. Les pregunto por qué entonces no ponen publicidad. Me responden que no, que ya están haciéndolo en Buenos Aires. ¡Pero esos programas no necesitan, nosotros sí! Yo soy un convencido de que los ciclos locales tienen tanta audiencia como los porteños, algunos incluso más. Con el canal estamos teniendo algunas complicaciones por eso -reconoce-. Las autoridades deberían entender que no es un capricho que haya menos ingresos, sino que estamos en un momento económico difícil, que esperemos que se componga”.

La otra batalla es más personal; Adolfo la pelea literalmente desde sus raíces. “Es importante que la gente te vea como sos, no cambiar nunca la tonada. Yo tengo el carnet de locutor y, cuando rendí para obtenerlo, me rebelé a aporteñar mi forma de hablar, que era lo que en ese momento exigían. Mantengo mi identidad norteña aunque algún programa nacional se burle de eso”. Se refiere a “Indomables”, que el año pasado lo escrachó en su segmento “Me colgué del cable”. El conductor ni se inmuta. Al contrario, devuelve una respuesta desafiante: “se reían de mi forma de hablar, de que salía con mis nietos. Pero bueno, ellos tienen una idea de TV y de familia distinta a la nuestra. Si ven que mostrás a tus nietos en vez de chicas con ropa corta, entienden que es una chanchada”.

5. El tipo al que le gustaba salir al escenario sólo dos veces se negó a salir. La primera, en 1984, cuando murió la abuela que lo crió. “La amé mucho”, dice, sin más detalles. La segunda, hace siete años, cuando uno de sus nietos atravesó un complicado estado de salud. “Si son problemas rutinarios, puedo hacer una pared que luego salta el profesional, para entretener. Pero si hay algo que toca lo emotivo, el amor por la familia, prefiero parar antes de engañar al público -razona-. No me gusta mentir una sonrisa”.

Comentarios