En el bosque de Zika aislaron el virus en 1947 - LA GACETA Tucumán

En el bosque de Zika aislaron el virus en 1947

En un instituto de investigación de Entebbe, Uganda, se detectó por primera vez la enfermedad en un mono.

08 Abr 2016
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CAMPO DE ESTUDIO. En el bosque africano varios laboratorios trabajan hoy en la captura de mosquitos para ser escrutados bajo el microscopio. Reuters.

Josh Kron / The New York Times

BOSQUE ZIKA, Uganda.- En los años 40, investigadores coloniales que avanzaban a machetazos por la espesura tropical tropezaron con este bosque cerca de las aguas ligeramente agitadas del lago Victoria. Con su clima frío y húmedo, la fangosa área era una gigantesca placa de petri para virólogos.

Ellos lo convirtieron en un sitio de campo para un instituto de investigación cerca de Entebbe, puesto de avanzada de lo que era en esa época el Reino Buganda. Ahí, se analizaron muestras de mosquitos, aves, murciélagos y otros mamíferos. De principal interés fue la fiebre amarilla, que se cree que se origina en esta área.

En el bosque, científicos enjaularon monos en plataformas de madera, alto entre los mangos y árboles de yaca o panapén, donde los mosquitos se reproducen. Los investigadores estiraban los brazos y esperaban una mordida, consignan informes de la época.

Tras un exitoso programa piloto en otro bosque, en los años 40 el proyecto primate fue llevado al bosque Zika con seis plataformas de monos centinela de Asia enjaulados. Un viernes de 1947 uno de los monos -“Rhesus 766”- enfermó y fue llevado al laboratorio de Entebbe. “Se aisló un agente filtrable y transmisible” -dice el informe usando el término en esos días previos al ADN- para el filtrado y análisis del suero de la sangre de animales enfermos. Si quedara algo que aún capaz de transmitir los síntomas a otro animal, ellos sabían que se trataba de un virus.

Los científicos lo llamaron “zika”; ziika significa “crecido” en el lenguaje local, luganda, pero la segunda ‘‘i’ la dejaron de lado los colonialistas que no entendieron bien su pronunciación.

Varias décadas más tarde, el bosque Zika creció de nuevo, ya que había sufrido la depredación humana. En 1947, la población de Uganda rondaba los 4.5 millones y hoy es de casi 40 millones.

Desde la cima de una torre de unos 40 metros instalada en los 60 para que los científicos estudiaran mosquitos, Emma Mukisa, de 19 años, señala desarrollos de bienes raíces en la cercanía y un proyecto de construcción chino. Mukisa y su padre ayudan a cuidar el bosque del gobierno.

Ciencia y exploración

Enclavado detrás de un campo de fútbol, el parchecito de bosque - podado casi a la mitad a lo largo de los años, de unas 6 hectáreas - está cerca de la ruta al aeropuerto nacional de Uganda. La torre y algunos árboles es lo único que queda de aquella era, cuando ciencia y exploración coincidieron en el descubrimiento de numerosos virus.

“Nadie viene aquí” con la excepción de la ocasional excursión escolar o científicos, dijo Mukisa. Eso no significa que el estudio sobre el zika se haya detenido, particularmente en vista de la repentina explosión del virus, sobre todo en el continente Americano. Pero también hay otras amenazas a las cuales se debe estar atento, dicen científicos.

Colmena de laboratorios

Actualmente, laboratorios modernos son una colmena en el Instituto de Investigación de Virus en Uganda. Su campus es apoyado por EE.UU y otras naciones occidentales. Mosquitos capturados de toda la región -hay más de 200 especies sólo en Uganda- son aplastados y escrutados bajo el microscopio; se extrae ARN (ácido ribonucleico) y se mapea una secuencia. Este instituto ha estado probando cada muestra humana que recibe de la región oriental de África en busca del virus zika, pero actualmente no ha registrado casos humanos. Muchas personas en la región pueden tener o haber tenido zika arguyen científicos aquí (rastrean en anticuerpos hallados en el sistema) pero la sintomatología no tendría la severidad suficiente para consultar al médico.

El doctor Louis Mukwaya, de 76 años, ha estado trabajando en el instituto de virus durante más de 50 años. “Esto es el centro, el punto focal para la flora y fauna oriental y occidental”, dijo. “Si quieren trabajar en patógenos vengan a Uganda: atraparán todo”.

Su oficina en el instituto desde el cual se de todo el lago Victoria, es una pila de libros, viejas fotografías y un mapamundi con alfileres marcando las ubicaciones de expediciones para capturar mosquitos, desde Alaska hasta Arabia Saudí. Fue aquí en los años 30 que se establecieron los fundadores del Instituto del Virus por primera vez.

“Creo que ellos sabían que este era un bonito lugar, por la vista”, dijo Mukwaya. Él ha visto y oído muchas cosas a lo largo de los años desde su colina, incluyendo el repiqueteo de disparos durante la redada sobre el aeropuerto de Entebbe en 1976, cuando tropas israelíes liberaron a docenas de rehenes secuestrados allá.

Además, él presenció la desaparición de colegas durante el reinado del brutal gobernante Idi Amín, en los años 70. “Uganda es, de hecho, un lugar maravilloso, aparte de la política”, dijo.

“Ahora se ve diferente”

Cuando empezó como asistente de investigador de mosquitos en 1965, el bosque Zika era en uno de los principales sitios de estudio independiente de Uganda. “Ahora se ve muy diferente”, dijo Mukwaya. “En ese momento era natural; podía ver pájaros”.

La torre fue instalada para estudiar mosquitos a diversas elevaciones, y el instituto había descubierto y nombrado diversos virus. En cuanto al patógeno del mismo nombre, el virus del zika nunca fue visto como una amenaza para la vida, o mucho más que una curiosidad.

Con el paso del tiempo, el proyecto también se desvaneció y, a finales de los años 70 los científicos dejaron de visitar el bosque Zika durante más de una década. La actividad de investigadores allá nunca volvió a ser la misma, destacó Mukwaya.

En instituto en Entebbe también fue objeto de amenazas de que sería usado como barracas militares, dijo él, pero siguió operando. Surgieron otras prioridades de investigación, incluyendo malaria, VIH y ébola. Además, se facilitó la captura de insectos y animales desde todos los rincones de Uganda.

En 2015, cuando bebés en Brasil nacieron con microcefalia a raíz de madres que habían dado positivo para el virus zika, los científicos luchaban por atar cabos.

Los mosquitos que pican a personas en las hacinadas favelas de Río de Janeiro no eran del tipo Aedes africanus, vinculado con el virus del zika en África sino Aedes aegypti; y asediaban a humanos agresivamente. Lo que es más, el aegypti en el Continente Americano y el aegypti en África se comportan de manera diferente, dicen científicos. Además el Rhesus 766, el primer mono al que se le descubrió zika, era una especie de primate asiática, no africana.

A final de cuentas, más vale que el azote actual del zika en las Américas informe el futuro del virus en Uganda que al revés. Los mosquitos aquí vinculados comúnmente con el zika tienden a permanecer en áreas boscosas, pero a medida que esas áreas son urbanizadas, científicos temen que el peligro para los humanos pueda crecer.

“Así empiezan los problemas”, dijo Mukwaya. “Están en Brasil, no lo sabes; en unos años se podría hallar aquí el mismo problema ”.

“Si el hombre invade la ecología, las cosas pueden cambiar”, advirtió. “Si perdemos el bosque, nunca podremos recuperarlo”.

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