Grammy: Ritmo caliente que no te sale en el Trópico de Capricornio

Bajita, delicada y tan sobria para vestirse que no parece mexicana, Natalia Lafourcade le ganó al cardumen de peces gordos (Martin, Sanz, Venegas, Bosé y Drexler) en las máximas categorías.

21 Nov 2015 Por Alicia Liliana Fernández
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ADORADO. El eficiente boricua Ricky Martin despertó suspiros y alaridos. Reuters.

Lo que pasa en Las Vegas queda en Las Vegas. Salvo las supergalas como la entrega de los Grammy Latinos, el jueves. Como corresponde a la mayor factoría del show bizz, la ceremonia derrochó unos cuantos momentos en que la espectacularidad quiso traspasar la pantalla. Pero no tanto debido a los sobrados recursos técnicos sino, sobre todo, a la fuerza innata de la materia prima latina. Eso sí, todo el oro que brilló no disimuló caladas, desafinadas ni nerviosos destiempos propios del vivo.

Bajita, delicada y tan sobria para vestirse que no parece mexicana, Natalia Lafourcade le ganó al cardumen de peces gordos (Martin, Sanz, Venegas, Bosé y Drexler) en las máximas categorías.

“Hasta la raíz” se llama el disco que concibió con Leonel García. “Dedico esto a México, a los latinoamericanos. Cuidemos nuestras raíces, cuidemos nuestro origen, es muy importante llevarlo con nosotros”, recomendó. Es que la chica, en su sencilla canción donde llora al desamor al mismo tiempo habla del orgullo latino. Y poéticamente.

Lafourcade también arrasó en los rubros técnicos y de música alternativa. Detrás de tanto éxito tenía que haber un argentino: el productor Cachorro López, que hace añares dejó de ser un Abuelo de la Nada.

El otro winner de la noche fue Juan Luis Guerra, rey de la bachata desde los 90 que ahora dice: “Todo tiene su hora”, tal el nombre del Álbum del año.
 
Los colombianos se empoderaron: Diamante eléctrico (rock), Chocquibtown (fusión tropical), el reggaeton de J. Balvin. Y Bomba Estéreo, una maquinaria electrónica, sacudió el Casino MGM y alrededores de la galaxia con su éxito “Fiesta” (y Will Smith en modalidad rapero).

La mexicanidad estuvo al palo, de la mano de Maná con los Tigres del Norte (quién los hubiera pensado en el Grammy hace diez años) cantando: “yo no crucé la frontera / la frontera me cruzó”, e incluyendo cartel: “No voten a los racistas”.

Muchos artistas son desconocidos en Argentina. A tal punto que el más familiar entre los cantantes resultó ser un brasileño, Roberto Carlos, premiado por su trayectoria de más de medio siglo (que ni intentó cantar en portugués).

En las nominaciones quedaron nuestros Vicentico, Santaolalla, Los auténticos decadentes y Diego Torres. Es que la argentinidad no está al palo en lo que hace a música caliente, de la que se gesta solo pa ‘arriba y pa’abajo del Ecuador. Herencias culturales tan diversas, que les dicen, en el largo mapa de Latinoamérica.

El ganador absoluto de los Grammy Latinos otra vez fue el ritmo, materia ígnea de la música (llamada) comercial que cosecha premios, millones y arquetipos.

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