La tragedia exhibe 259 testimonios en la ruta 38

Cruces, grutas, capillitas y lápidas recuerdan a las víctimas desde la Capital hasta Huacra.

TRIBUTO. La capillita que honra a un motociclista resiste a la maleza.LA GACETA / FOTOS DE FLORENCIA ZURITA. TRIBUTO. La capillita que honra a un motociclista resiste a la maleza.LA GACETA / FOTOS DE FLORENCIA ZURITA.
“Hay que esperar lo inesperado y aceptar lo inaceptable. ¿Qué es la muerte? Si todavía no sabemos lo que es la vida, ¿cómo puede inquietarnos conocer la esencia de la muerte?”, reflexionaba el filósofo chino Confucio (551 al 479 a.C.).

“Sea prudente. No agregue otra estrella al cielo. Conduce con prudencia”, consigna la frase impresa del cartel blanco con estrella amarilla, que señaliza cada lugar donde fue pintada otra estrella del mismo color sobre la carpeta asfáltica. El símbolo del astro evoca la fecha de muerte de otra víctima que se cobró la tristemente famosa ruta 38.

Sin embargo, la transgresión y la imprudencia sigue siendo moneda corriente en el trágico y antiguo camino que une San Miguel de Tucumán con su límite sur con Catamarca. Una traza que corre paralela las ex vías del Ferrocarril del Noroeste (ex El Provincial y, luego, ex Belgrano) y que era identificada popularmente como la línea del sur.

En ese trayecto LA GACETA efectuó un relevamiento de cruces, grutas, lápidas o monolitos que evocan el día y el lugar de muerte del accidentado que perdió la vida: son 259, dolorosamente distribuidas a ambos lados de la ruta

Datos luctuosos

En la peligrosa 38, a pesar de sus ensanches en Manantial, San Pablo, Lules, Famaillá, La Reducción, Monteros, Pueblo Independencia, Río Seco, Concepción, Aguilares y Alberdi, aún se contabilizan anualmente 300 accidentes, de acuerdo con las estadísticas oficiales. Estos trances provocan entre 40 y 50 personas por año; y una cifra similar de heridos graves.

En el peregrinaje por cada uno de estos cenotafios, los datos que se obtienen no dejan de ser relevadores. Del relevamiento surge, por ejemplo, que las víctimas a las que se evoca en estas mínimas construcciones son, en la mayoría de los casos, hombres. Hay, en proporción, una mujer cada 10 varones.

Eliminadas y olvidados

El mayor número de cruces aparece en las inmediaciones a los accesos a los municipios y a las comunas. También se incrementa la cantidad de estos monumentos en las proximidades de puentes. Por cierto, son las rectas más que las curvas las que albergan la mayoría de estos recordatorios.

Eso sí: las 259 “capillitas” que testimonian una tragedia a la vera de la “ruta de la muerte” no son todas las que se erigieron. Un número imposible de precisar fueron eliminadas cuando se ampliaron algunos tramos de la traza. Por ejemplo, en San Pablo, Lules, Famaillá y Concepción. Ahora forman parte del territorio del olvido.

Claro está, no toda tragedia tiene su monumento. Los que eran de otras provincias y murieron en la 38 no tienen a la vera de esa ruta nada que los recuerde.

"Un camión nos llevó puesto"

El día es gris, como el desconsuelo. El cielo llora en la tarde. Una mujer pinta de negro la cruz de hierro 110 de la “ruta de la muerte”. Un hombre observa tenso el tráfico vehicular. Ella suspira a 50 metros del acceso a Río Seco. Allí, el 3 de noviembre de 2013, Gaby salvó a su bebé. Pero su hermana Yohana Vanina, de 11 años, perdió la vida.

“Somos de Aguilares”, cuenta Darío Barros esposo de Gabriela Miranda. “Teníamos un Renault 19. Un camión Ford 7000 nos llevó puestos. Estábamos parados ahí. Mi hermanita venía en el asiento trasero, detrás del conductor. Quedó atrapada entre los hierros”, describió ella.

“La gente de Río Seco se portó muy bien -recuerda él-. No sé de dónde salieron tantos para ayudar a sacarnos de entre la chapa retorcida”.

“Eran las 3 de la tarde. La hora en la que dicen murió Cristo. El señor que manejaba el camión es un feriante de Lules. No sé que le pasó. Estábamos fuera de la ruta, frente a un taller. En estos días vamos a pintar la estrella sobre la ruta”, se resignó Gabriela.

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