De contragolpe, como le gustaba a Alejandro Sabella, o asumiendo más la iniciativa, como prefiere “Tata” Martino, ante europeos en Mundial o ante vecinos en Copa América, como y donde sea, la Selección nos ha abonado al sufrimiento. A esperar siempre hasta el final para saber si podremos reír o llorar. No es nuevo. El Mundial 78 se ganó en tiempo extra. Y el del ’86 con ese toque agónico de Jorge Burruchaga con la punta del botín. Italia 90, se sabe, fue un parto. Para qué seguir. Argentina podrá llegar como favorita. Podrá jugar claramente mejor que el rival. Crear una decena de situaciones de gol. Tener a su arquero casi sin tocar una pelota en 90’. Podrá jugar por momentos realmente bien, como lo hizo en su último partido ante Colombia. No importa. Habrá que sufrir. Ahora viene, vaya sorpresa, Paraguay. El mismo Paraguay al que Argentina bailó un tiempo y con el que terminó empatando y sufriendo en primera rueda. Pero este Paraguay no es el del debut. Es un equipo que llegará agrandado el martes tras eliminar a un Brasil pobrísimo. Argentina demostró que es más equipo. Igual, ya es casi una certeza, sabemos que habrá que seguir sufriendo.

Brasil lleva años provocando algún dolor a la vista, sobretodo para quien creció con los tiempos de “futebol arte” y del “jogo bonito”. Primero con el glorioso tricampeón de México 70 liderado por Pelé. Los títulos, es cierto, dejaron de llegar. Los cracks también. Pasaron a ser más importantes los técnicos modelados a la europea como Sebastiao Lazaroni, admirador del catenaccio, y Luiz Felipe Scolari. Y, peor aún, pasaron a destacarse los ayudantes de turno, como el pastor evangélico Anselmo Alves, la psicóloga Regina Brandao y, ahora, el ingeniero motivador Evandro Motta, reflotado por el Dunga-DT, porque el Dunga-capitán ya lo conocía de la conquista del tetracampeonato mundial en USA 94. La poca sensibilidad de Dunga hacia cierta tradición de Brasil se reflejó en la conferencia del viernes pasado, cuando debió pedir disculpas por un comentario racista, imperdonable siempre.

Pero más para el DT de la selección de un país que debe buena parte de sus títulos a sus jugadores negros y mulatos. Dunga se despidió de la Copa América con más de medio equipo cambiado respecto de lo que imaginaba para la semifinal. Y, más grave aún, sin el hombre al que había designado líder y capitán. Neymar, hay que decirlo, fue echado del campeonato por su propia torpeza. Y anoche, volvió a fallar otro jugador líder, el zaguero Thiago Silva, con una mano infantil que permitió el empate para ir luego a los penales. El Paraguay de Ramón Díaz (cuatro técnicos argentinos animarán las semifinales) ganó igual bien. Porque Brasil, después de su gol, casi no llegó nunca más. Y Paraguay buscó y buscó.

Aún siendo favorita, el interrogante de Argentina es inevitable: ¿cómo una selección que asume la iniciativa, que crea ocasiones, que tiene a goleadores de la talla de Lionel Messi, Sergio Agüero, Carlos Tevez, Gonzalo Higuaín hace tan pocos tantos, o ni siquiera los hace, como le sucedió el viernes contra Colombia? En Viña del Mar, es cierto, chocó contra el formidable David Ospina, arquero colombiano que confirmó por qué es titular en Arsenal, de Inglaterra. Pero algo sucede. Y algo, hay que decirlo, le sucede a Messi. “Es terrible lo que me cuesta hacer goles con la Selección”, confesó el propio Leo apenas terminado el partido, ante la pregunta inevitable de Tití Fernández. Primero hay que decir que Messi fue otra vez el mejor de Argentina. Porque en el segundo tiempo, cuando ya Di María y Pastore habían bajado su nivel, Messi siguió siendo el único que buscó y provocó el desequilibrio. “Y si vemos que él sigue insistiendo -como admitió el “Kun”- los demás no podemos ser menos”. Messi, para los que insisten con la tontera de “pecho frío”, contagia. Pero algo le sucede porque no tiene la misma precisión, la misma puntada final que en Barcelona. Un gol en 828 minutos no es una “media-Messi. Tal vez se deba a que el rosarino no queda afuera del “sufrimiento Selección”.

A partir del 9 de julio, Argentina quedará primera en el ranking de la FIFA, delante de Alemania. Pero la Selección no tiene el juego asociado y casi de memoria de Barcelona. Su toque de primera y de posesión, como el que pretende Martino, carece de la memoria histórica que hace casi natural el difícil estilo de Barcelona. Y, así, el Messi de la selección es algo más terrenal que el Messi de Barcelona. Por eso tal vez Messi sufre.

“Esto es América, chicos”, contaron Messi y el “Kun” que les dijo el pésimo árbitro mexicano Roberto García, cuando se quejaban en pleno partido ante Colombia por juego duro y supuestas faltas no cobradas. “Y sí, nos fuimos a Europa, pero somos de América, hay que volver a adaptarse”, agregó el “Kun”. El fútbol es acaso el único deporte que permite defenderse durante 90 minutos y ganar en el último segundo con un gol de contragolpe y en offside. Y América, nos dice el árbitro mexicano García, hace más cierta esa posibilidad. Colombia, de hecho, estuvo cerca de ganarle así a Argentina. Tal vez Messi, con el motor en tiempo de descuento tras una temporada agotadora, siente que, con marcas más duras y arbitrajes más pobres, todo le cuesta más. Su amigo y compañero de Barcelona Neymar estalló antes de tiempo y debió irse de la Copa al segundo partido. El colombiano James Rodríguez, acaso la otra gran estrella en la previa, se fue casi sin tocar pelota. Messi, fiel a su temperamento, no se desborda ni aún en la desesperación. Apenas puede tirar un tímido puntapié, que le valió una amarilla en los minutos finales, cuando parecía claro que había que ir a la ruleta de los penales. Pero Leo tiene una disciplina enorme. La misma disciplina que tuvo todo el equipo. Porque, a diferencia de los partidos anteriores, Argentina reguló mejor su presión alta y terminó dominando contra Colombia. Terminó dueña de pelota y dueña de campo. Igual terminó sufriendo, claro, porque, ya lo dijimos, todo en la Selección será sufrido.

La Conmebol atraviesa su peor momento. Con sus últimos presidentes presos, acusados de corruptos, y con dineros bloqueados por las denuncias del FBI. Cuanto menos autoridad tiene, su Comisión Disciplinaria aplica sin embargo un nuevo y duro reglamento. Nuevo, duro y también malo, porque sólo le permite actuar de oficio si hay denuncia previa de Federación. Así pasó con Uruguay y el contragolpe chileno de sanciones masivas para jugadores celestes, tras el dedo polémico y la burla de que su padre permanecería “20 años preso” de Gonzalo Jara a Edinson Cavani. La tensión ha crecido afuera de la cancha, máxime si advertimos que Chile, acaso sin Jara, juega mañana la primera semifinal ante Perú, rival clásico no sólo dentro de una cancha. El dedo de Jara no debería tapar el dato de que Chile tuvo 80% de posesión y siempre quiso ganar. Pero los reglamentos de la Conmebol agrandan polémicas tontas. ¿Habrá otra vez un árbitro tan malo como el mexicano García para el partido Argentina-Paraguay del martes? ¿Cómo aplicar un nuevo y duro reglamento disciplinario con árbitros tan malos, que dejan golpear y que resuelven cualquier queja con una amarilla y diciendo “esto es América, chicos”? Lo mismo decía acaso la Conmebol para justificar sus pagos por debajo de la mesa en la venta de derechos de TV de sus campeonatos. Así terminó. La Copa América maltrató a Neymar primero, a Cavani después y a Messi acaso mañana. ¿Creerá la Conmebol que los clubes europeos asisten alegres y pasivos a esta actitud?

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