Roca, flamante general

Grado que “no se me ha de ir a la cabeza”.

JULIO ARGENTINO ROCA. El tucumano en sus últimos años, rodeado de familiares, en su estancia cordobesa de La Paz. LA GACETA / ARCHIVO JULIO ARGENTINO ROCA. El tucumano en sus últimos años, rodeado de familiares, en su estancia cordobesa de La Paz. LA GACETA / ARCHIVO
En 1874, el coronel tucumano Julio Argentino Roca derrotó al general José Miguel Arredondo, en la batalla de Santa Rosa. La acción, unida a la derrota de Bartolomé Mitre en La Verde, terminaron con el alzamiento porteñista de ese año, ocurrido en los días en que Nicolás Avellaneda asumía la presidencia de la Nación. Es sabido que, ni bien conocido el resultado de Ssnta Rosa, ascendió a su comprovinciano a general, en el campo de batalla.

El flamante general comentaba estas cosas, en carta (publicada por su biógrafa Aurora Sánchez) a su concuñado, Miguel Juárez Celman. “Hace bien en creer que no se me ha de ir a la cabeza el generalato, como decía el tuerto Bedoya del general Francia. Tengo demasiada filosofía para envanecerme, por más demostraciones que reciba”, escribía Roca.

“Aún estoy bajo la tiranía de éstas. Ayer pude librarme de una comida que unos extranjeros quisieron darme, en la cual, a pesar de no estar presente, hubo calurosos brindis a mi favor, hasta decir que sería el futuro presidente de la República”, narraba.

Agregaba que “al darle cuenta a Avellaneda de estas demostraciones, le decía que no temiera que me azonzase”. Por lo demás, “hasta ahora he respondido a todas las situaciones que la fortuna y los sucesos han querido depararme. ¡Quién sabe más adelante! Todo el mundo tiene su término”.

En cuanto a su futura elevación a ministro de Guerra, “creo que aún hay mucho que pelear”, decía. “Los alsinistas no quieren dejar así nomás esa manija a un provinciano, y menos a uno que no pertenece a su círculo”.

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