Preparan sus valijas para el viaje hacia la libertad

Siete internas del hospital del Carmen vivirán en una casa. El fin de los psiquiátricos.

REALIDAD. La nueva ley de Salud Mental busca la desaparición de los neuropsiquiátricos y las internaciones. LA GACETA / FOTO DE EZEQUIEL LAZARTE (ARCHIVO) REALIDAD. La nueva ley de Salud Mental busca la desaparición de los neuropsiquiátricos y las internaciones. LA GACETA / FOTO DE EZEQUIEL LAZARTE (ARCHIVO)
26 Mayo 2015
Son siete mujeres. Algunas arrastran una vida como pacientes del Hospital de Salud Mental del Carmen, unos 40 años. Otras un poco menos. Todas han superado lo que las llevó a quedar internadas y están listas para dar el próximo paso: la libertad. Una libertad que implica hacerse cargo de una casa: ir al supermercado, cocinar, limpiar, hacer trámites, pagar las cuentas.

“Algunas no tienen familia, otras la tienen pero no hay lugar para ellas, o no sirven de contención y hasta está contraindicado que vuelvan”, explicó Walter Sigler, director del hospital de Salud Mental.

Por eso, la “Casa de Conviviencia” funcionará como un dispositivo de externación y las siete serán la prueba piloto. En 15 días iniciarán una nueva etapa para la que vienen preparándose desde hace tiempo. Esta iniciativa se da en el marco de la nueva Ley de Salud Mental (26.657) por la que se busca la paulatina supresión de los neuropsiquiátricos y las internaciones prolongadas.

Ellas van a tener que aprender a lidiar con la libertad. No tendrán nadie que les diga a qué hora hay que volver a casa, ni quién controle dónde van a ir, ni qué van a desayunar o cenar. Hasta deberán poner sus propias reglas de convivencia. Porque, como en toda casa, cada individuo tiene costumbres distintas. En este caso también manías y cuadros neuróticos que, aunque están superados, continúan con tratamiento farmacológico. “Solo recibirán la visita regular de un acompañante terapéutico para ver cómo va la convivencia y si están cumpliendo con el tratamiento”, señaló Sigler.

Esta externación implicó un nuevo aprendizaje. Hay que imaginar que la mayoría está internada hace muchos años y nunca tuvo que hacer lo que cualquier ama de casa haría. “Les estamos enseñando cocina, también cómo tomarse un ómnibus o un taxi solas, cómo ir al supermercado y qué comprar”, detalló el director. Se podría decir que el hospital fue una especie de burbuja que las alejó de todos y de todo.

La casa es una casa de barrio común y corriente con cuatro habitaciones -detalló-. Y el objetivo es que de a poco puedan rehacer sus vidas: encontrar un trabajo y hasta un novio. “Quizás logren independizarse y alquilar en otro lugar”, dijo Sigler. Por el momento, el alquiler de la casa lo paga el Estado y las mujeres se van a mantener con lo que reciben como pensión o jubilación, según cada caso.

Si bien en Tucumán este caso será el puntapié inicial para una segunda casa, en el país hay provincias que ya lo pusieron en práctica. “En Buenos Aires está la colonia Montes de Oca, por ejemplo”, explicó. |

Actualmente, el Hospital tiene 72 mujeres internadas, entre casos agudos y emergencias. Se espera que de a poco logren la externación de la mayoría y el lugar se convierta en un hospital polivalente. “Antes estos lugares eran sinónimo de cárceles. Sitios oscuros, alejados de la ciudad, donde las familias dejaban a los “locos” y no los veían más. Hoy eso cambió”, contó el médico psiquiatra.

Hoy las usuarias (este es el término para quienes están internados) son dueñas de su historia clínica y tienen que estar informadas en caso de que se las deba internar.

Puertas adentro, se les reconoció el derecho a votar y muchas salieron a ejercerlo en las urnas.

Están atendidas por profesionales de diferentes ámbitos: terapistas ocupacionales, enfermeros, fonoaudiólogos, trabajadores sociales, entre otros.

Además, parte del tratamiento incluye el arte-terapia: clases de música, de teatro, de expresión corporal, artes plásticas y hasta diseño de interiores. “Les enseñan a fabricar muebles y hasta la posibilidad de convertir esto en una salida laboral”, agregó.

No habrá inauguraciones oficiales, ni se cortará la cintita en la puerta de la casa. La salida será con total normalidad porque la libertad será una fiesta que cada una celebrará a su modo.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios