El terapeuta es un profesional, no un amigo

En tiempos de malestar, la tentación de recurrir a la "oreja" del amigo o la amiga se vuelve irresistible. Sin embargo, terapeutas marcan diferencias entre el tratamiento con un profesional y el consejo “amigable”. Distancia y mirada no juzgadora, dos claves.

26 May 2015 Por Mirta Isabel Lazzaroni
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Adela H. (43 años, podóloga) confiesa que está cansada. Adora a su amiga (la llama Lucy, porque no quiere dar su verdadero nombre), pero no quiere seguir siendo su “gran oreja”. “Ella siempre está con algún problema, y me pregunta todo el tiempo qué hacer, pero si le sugiero alguna cosa, encuentra motivos para decir que no, que eso no lo puede hacer. Entonces, ahora, yo le repito: que haga terapia, yo soy su amiga”, cuenta. “Me da vergüenza, pero de verdad, yo no sé cómo ayudarla”, añade.

¿No te parece que la realidad de Adela es más frecuente de lo que habitualmente se piensa? “Muchos nos encontramos con amigos que cada vez que los vemos hablan todo el tiempo de su problema, sin dar más lugar a la queja y a un discurso unísono en el encuentro amistoso. Ahora bien, un verdadero amigo debe acompañar al amigo que sufre pero también es necesario no agotar allí su potencial. Es importante para el crecimiento de una relación de amistad que haya un diálogo, la participación de ambos, un idea y vuelta, y compartir también dichas, alegrías y momentos de relajación”, expresa María Eugenia Farhat, psicóloga e integrante del Círculo Cognitivo del Jardín.

La especialista alude a otra situación que suele presentarse con frecuencia: “¿...y tuviste que pagar para que te digan lo que te vengo diciendo desde hace mil años...?”. “Lo que ocurre -explica- es que el psicólogo, al tener una mirada aséptica de la situación que nos plantea el paciente, podemos lograr que nuestra intervención sea recibida con una menor carga afectiva a que si se lo dice una persona cercana, emocionalmente, al paciente”.

La psicóloga María Julia López García, de la Fundación de Estudios Sistémicos y Nuevos Aportes (Fesna) sostiene: “la conversación y el encuentro amigos es valioso, porque somos lenguaje, encuentro y relaciones. Sin embargo, cuando en las conversaciones con amigos se refuerza solo un aspecto de la identidad, o del yo social, se pueden perder posibilidades de cambio o nuevas alternativas”.

María José Sepúlveda, psicóloga y también miembro del Círculo Cognitivo del Jardín, afirma que contar con una red de apoyo familiar y social es muy importante, contribuye a una vida plena y equilibrada. Además, “poder hablar y expresar cómo nos sentimos produce un efecto de catarsis que no deja de ser terapéutico. Sin embargo, contar nuestros problema o dificultades a un amigo y a un psicólogo no es lo mismo. Cuando los problemas perduran en el tiempo y se van complejizando, o nos sentimos en un círculo vicioso del que es difícil salir, y donde los argumentos racionales no tienen cabida, entonces ya es hora de consultar a un psicólogo”, destaca.

Agrega: “la mayoría de la gente escucha con la intención de responder, y que los amigos, por muy bien intencionados que sean, tienden a juzgar, a dar su opinión, su punto de vista, sin tener en cuenta un aspecto más integrador y contextualizado de la situación”.

Conocimiento

“Quizás lo más importante es que en nuestro psiquismo colocamos al terapeuta en una ‘posición de saber’ y esto nos permite escucharlo con atención y obrar en consecuencia según lo que sea más conveniente para nosotros, y dejar de acosar a nuestras amigas para mostrarles el último mensajito de texto que me envió el chico que conocí el sábado...”, opina la médica psiquiatra María Gabriela Parano.

Precisamente, la interpretación de los mensajitos que le manda a Lucy su novio es una de las “tareas” a la que Lucy somete a Adela. “Ellos se comunican y se amigan o se pelean por mensajes... y yo le digo que los mensajes se pueden malinterpretar, que es mejor que hablen, Pero no me hace caso, es como que ya se acostumbró a vivir así. Y de verdad, yo ya no sé qué decirle”, insiste Adela.

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