La clave del superclásico estaba en el banco

En el banco, Boca encontró la llave para destrabar el resultado de un duelo en el que campearon las imprecisiones. Al “Vasco” Arruabarrena, la mayor capacidad de recambio le dio los dividendos esperados para quedarse con la victoria en un partido que parecía encarrilado a finalizar con el tanteador en blanco. Es claro que en el juego no hubo una diferencia de dos goles, fue el aporte de las variantes de cada lado el que terminó definiendo el encuentro. El “xeneize” se plantó con un 4-3-3 y el cuadro de Gallardo apeló a un 4-1-2-1-2, con Kranevitter más cerca de la última línea y Driussi (de interesante producción) libre por delante de Sánchez y Rojas. Los dos arrancaron poniéndole vértigo al partido y engendraron situaciones para anotar. En el segundo tiempo, Boca necesitaba recuperar la pelota que pasó a ser propiedad de su adversario hasta que entró Fernando Gago y. al recobrar su tenencia, volvió a ganar metros en territorio visitante y llevar riesgo al arco de Barovero. Si “Pintita” influyó en la modificación del desarrollo, no menos importantes fueron los ingresos de Cristian Pavón y de Pablo Pérez, que en solo tres minutos hicieron delirar a La Bombonera con sus anotaciones, la del juvenil delantero cordobés con cierta complicidad de Barovero. El “Muñeco” había mandado a la cancha a “Pity” Martínez y a Cavenaghi, en lugar de Driussi y “Teo”, éste de paso inadvertido por el clásico. Ninguno de los dos tuvo alguna gravitación en un equipo que ofensivamente dependió de la pimienta de Rodrigo Mora, indudablemente su mejor delantero. Boca se quedó con todo al final y llega bien parado a otro capítulo clásico que se escenificará el jueves en El Monumental.

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