Desmesuras versus realidades

Por Hugo Grimaldi - Columnista DyN.

07 Dic 2014
En medio de las batallas, los excesos suelen pasar inadvertidos, y el vale todo está a la orden del día. El problema es que no sólo las refriegas destruyen, sino que dejan para más adelante las cosas más importantes, ya que las energías se consumen en epopeyas que, cuando son gestas nacionales, involucran el “sangre, sudor y lágrimas” de las sociedades, pero que cuando se trata de impulsos de una facción se tornan endebles, casi de cartón. Quizás, por su estado de salud o por los nervios que le pueden generar las investigaciones judiciales sobre su patrimonio y el de su familia, la Presidenta de la Nación ha vuelto a insistir en la última semana en el juego de opuestos, y en defensa del frágil modelo en el que ella dice creer a rajatabla. Así, se la vio dos veces públicamente más interesada en batirse en combates singulares con medio mundo, antes que dedicada a “promover el bienestar general”.

La Justicia, los empresarios y los sindicalistas cayeron bajo su lengua filosa o la de sus mandaderos, y en materia internacional, planteó a modo de exageración en Ciudad Mitad del Mundo (Ecuador) “esta segunda batalla que estamos dando en este siglo XXI, que es la de la independencia económica y la reconstrucción cultural de nuestras naciones”. Lo dijo frente a sus pares de la UNASUR quienes, pese a los aplausos, muchos de ellos siguen políticas totalmente diferentes al populismo aislacionista argentino. Y no sólo hay que marcar los casos de Chile, Colombia o Perú. Hay que observar que el segundo gobierno de Dilma Rousseff armó un gabinete para el ajuste, mientras que Tabaré Vázquez seguirá en Uruguay con Danilo Astori al frente de la economía. Los presidentes de todos esos países saben separar pragmáticamente sus gustos ideológicos de lo que debe ser una buena administración.

En tanto, en el país, existen media docena de preocupaciones sociales, que el Gobierno parece no atender (inflación, recesión, desempleo, presión tributaria), y otras más críticas que involucran la seguridad ciudadana. Luego, hay un tercer núcleo más, al que casi los discursos oficiales no le prestan atención: el retroceso de la escuela argentina respecto de otros países de la región, y el lamentable crecimiento del abandono escolar en la primaria.

Por otros andariveles

Pese a tantas cuestiones que son de mayor cuantía para la población, Cristina Fernández parece ir por otros andariveles y se enroscó el miércoles en la Conferencia de la Unión Industrial Argentina (UIA) en sacar a la luz una polémica que ya el mundo ha saldado, como son las prevalencias entre el Estado y el mercado, y tiró de la cuerda hasta mostrar a los empresarios como los malos de la película.

En medio de aplausos más bien tímidos, la Presidenta pareció llegar en su discurso a la misma conclusión sobre la dualidad Estado-mercado (”ponerse a discutir sobre eso, es como ponerse a discutir sobre el sexo de los ángeles; es perder el tiempo”), pero lo que hizo con eso fue clavar el puñal bien a fondo. Su tajante opinión se ubicó bien en línea con el propósito de subordinación que ella cree (como lo creía Néstor Kirchner) tienen que tener todos, incluidos los economistas, ya que “la realidad se modifica por la política, día a día”, dijo. Y unos minutos después pronunció la adaptación de la famosa frase: “Es la política, pavotes”, y así buscó cerrar el debate con su opinión, como si fuera palabra santa. En ese sentido, dijo que los mercados perfectos ni siquiera existen ya en los libros. “Los principales economistas del mundo abogan porque el mercado es imperfecto y que necesita la intervención estatal para su regulación y su control”.

En vez de apaciguar las aguas, lo que generó Cristina con su ofensiva fue abrir las puertas para el reproche empresario y para que la polémica siga, porque ellos sostienen que el Estado argentino no plantea regulaciones y controles, sino “prohibiciones y burocracia”.

Visiblemente molesta porque las grandes cámaras empresarias proyectaban llevar el tema a la Justicia, la Presidenta les planteó dos cosas: que la presentación iba a ser “un negocio para los abogados”, y que “la demanda de inconstitucionalidad tiene que ser sobre casos concretos”. Igualmente, el jueves, el Grupo de los Seis presentó la demanda.

Es que Cristina los había puesto incómodos presentando una serie de cuadros sobre las ganancias y la facturación de las empresas que cotizan en Bolsa desde 2003 a la fecha, en algunos casos hasta con 12 veces de incremento en su facturación, “para poder decirles a todos los argentinos, que estemos tranquilos, que nuestras empresas han aumentado las ventas”.

Al día siguiente de la reunión, uno de los empresarios presentes le confesó off the record a DyN que estuvo a punto de interrumpir la exposición con un grito “para avisarle a la Presidenta que no siguiera, que sus asesores la habían engañado, ya que la progresión de ventas era nominal y que no descontaba ningún tipo de inflación en la década”. En verdad, fue desesperanzador ver a la Presidenta gastar tanta energía en comparar peras con manzanas y nunca se sabrá si lo hizo sólo para convencer a la militancia de la mala fe de los empresarios o si realmente Axel Kicillof y Alejandro Vanoli la tiraron a los leones. Con algo más de recato, a la salida, de la reunión de la UIA algunos empresarios dijeron lo suyo al respecto. El titular de Fiat Argentina, Cristiano Rattazzi afirmó que “hay que preguntarse cuánto cambió el dólar desde 2003 a la fecha” y aseguró que la cotización de la divisa estadounidense “creció 1.000 por ciento”, mientras que cuestionó que como no se permiten los ajustes por inflación, en los balances “aparecen números distorsionados”. Daniel Funes de Rioja agregó que “el ajuste por inflación parece que no forma parte de la agenda del Gobierno”.

Preocupado por el cepo importador que está deteniendo la producción, el titular de la Cámara de Importadores, Diego Pérez Santiesteban planteó: “ella hace una comparación a partir de 2003, que es el momento de la salida de la crisis”, explicó.

Una dosis de pragmatismo

Otro de los puntos más claros de la semana fue el modo de desactivar la protesta sindical. Con una gran dosis de pragmatismo se resolvió prescindir del cobro del impuesto a las Ganancias sobre el medio aguinaldo a los trabajadores que cobren menos de $ 35 mil al mes. El tironeo con el gremialismo opositor dejó también a las centrales opositoras con la sensación de que esa batalla la habían ganado ellos.

Pero, el conflicto más duro de estos días se dio en el fuego cruzado que se precipitó en materia de copamiento del Poder Judicial, a partir de la incursión del juez federal Claudio Bonadio investigando a la empresa Hotesur, de propiedad de la familia presidencial. Tras los allanamientos, al juez le llovieron durísimas críticas oficialistas, hasta que el miércoles el Consejo de la Magistratura lo sancionó con un descuento de 30 % de su salario, como consecuencia de las demoras en que incurrió en dos expedientes relacionados con la privatización de Tandanor y con créditos incobrables de las Curtiembres Yoma.

La excusa, que fue convalidada en la votación por mayoría simple por la nueva presidenta del cuerpo, la jueza Gabriela Vázquez, siguió a un pedido de enviar a Bonadio al Jury de Enjuiciamiento, algo que no puede prosperar porque se necesitan los dos tercios. No obstante, con esta sanción, recurrible ante la Corte Suprema, se comienzan a sumar antecedentes para que el juez pueda ser llevado a un eventual juicio de destitución. A esa movida del CAM, le siguieron allanamientos judiciales por nombramientos irregulares a la Procuración que preside Alejandra Gils Carbó, quien será la gran beneficiaria del nuevo Código Procesal Penal, ya que podrá nombrar a los diecisiete fiscales generales que prevé la nueva Ley, y tendrá la potestad de elegir a 1.700 empleados para llenar, si quisiera, las nuevas fiscalías con militantes. En tanto, la Justicia Federal, como nunca antes, indaga y procesa a miembros y a ex funcionarios del Gobierno u otros jueces se sacan de encima la débil causa de la AFIP por las cuentas en Suiza. En la volteada cayó el mismísimo ministro de Justicia, Julio Alak por una vieja denuncia de su paso en el Directorio de Aerolíneas Argentinas.

Guerras, batallas, y epopeyas, todo muy lindo para la tribuna política. Y mientras tanto, a la gente le importa más saber qué va a pasar con su empleo, si el sueldo le alcanzará hasta fin de mes o si por la noche podrá regresar a su casa sano y salvo. Así, mantener el relato legendario supone un gran divorcio con la realidad.
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