La importancia de la música en la educación

22 Nov 2014 Por LA GACETA
Es mucho más que melodía, ritmo y armonía, combinados o una sucesión de sonidos modulados para recrear el oído. Es capaz de despertar sensaciones, imágenes, pensamientos. “Es para el alma lo que la gimnasia para el cuerpo” (Platón), “El que la escucha siente que su soledad, de repente, se puebla” (Robert Browning), “Sin ella la vida sería un error” (Nietzsche), “Compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu” (Cervantes), “Expresa aquello que no puede decirse con palabras pero no puede permanecer en silencio”, afirmaba el escritor francés Victor Hugo. Hoy, 22 de noviembre, se celebra el Día de la Música, en recuerdo de Santa Cecilia, nombrada su patrona en 1594 por el papa Gregorio XIII.

No se sabe muy bien por qué se atribuyó a Cecilia el patronazgo. Al parecer fue una mártir de una familia patricia de Roma, educada en el cristianismo, que condenada a morir asfixiada en humo. A pesar de haber pasado más de un día en semejantes condiciones, comenzó a cantar el salmo LXX: “Que mi corazón y mi carne permanezcan puros, oh Señor, y que no me vea defraudada en tu presencia”.

La música no solo provoca placer y entretiene, es también una valiosa herramienta pedagógica, que promueve la inclusión social, como sucede con otras manifestaciones del arte. A mediados de la década de 1970, por iniciativa del compositor, director orquestal y doctor en Economía, José Antonio Abreu, se creó en Venezuela la Acción Social para la Música. En los barrios más pobres de ese país comenzaron a organizarse orquestas infanto juveniles que posibilitaron con el tiempo que los chicos de escasos recursos vislumbraran un horizonte de vida diferente. A comienzos de década del 90 y por su iniciativa se creó el Sistema Nacional de Orquestas Infantiles y Juveniles, una red que contiene a más de 250.000 chicos músicos. “Mediante la práctica orquestal diaria, el niño y el joven aceleran profundamente su formación, pero además la orquesta trae consigo un ambiente de participación hermosísimo para el niño que sale solo del rancho o de la barriada periférica de una ciudad”, afirmó Abreu que obtuvo en 2008 el Premio Príncipe de Asturias.

Inspirado en la experiencia venezolana, se puso en marcha en nuestro país hace unos años el programa Orquestas y Coros para el Bicentenario, impulsado por el Ministerio de Educación de la Nación. La Nación provee los instrumentos, y la Provincia se hace cargo de parte de los salarios de los docentes. Tucumán cuenta con varias orquestas y coros.

Sería interesante que cada escuela tuviese un coro. La actividad coral no sólo estimula la sensibilidad infantil, sino que tempranamente inicia al niño en la vida asociativa, donde aprende a compartir y a comunicarse, independientemente del hecho artístico. En un coro todos son importantes, y el producto final será logrado si cada uno aporta su gota de canto. Si el director sabe guiar los deseos y, al mismo tiempo, impregnar de amor cada canción, los ayudará a fortalecer su espíritu. De ese modo, se estaría iniciando a los niños y a los jóvenes no sólo en una elevada actividad artística, sino que también aprenderían acerca de la importancia de la convivencia y que el esfuerzo de cada uno se realiza en beneficio del conjunto.

La música puede favorecer las relaciones humanas y ser un antídoto contra la intolerancia y la violencia.

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