La denuncia de las encuestas contradictorias

La denuncia de las encuestas contradictorias
La larguísima campaña electoral ha ingresado en una fase de abolición de las fronteras políticas. No es un proceso inédito en la Argentina donde el radical Juan Hortensio Quijano fue dos veces compañero de fórmula de Juan Domingo Perón. Tampoco es cosa de centurias pasadas: la fracasadísima Alianza era ya una mixtura de radicales y peronistas (si se hacían llamar de otra manera es porque -para tomar prestada una máxima de Martín Caparrós- el peronismo se define por ser siempre otra cosa). A la tragedia delaruísta le sobrevino la transversalidad “K” (el compañero de fórmula de la peronista Cristina Fernández fue el radical Julio Cobos). En Tucumán fue el turno del oportunismo mirandista (el compañero de fórmula del peronista Fernando Juri fue el radical José Alperovich). El poder devino red de contención para que brincaban desde partidos históricamente antagonistas.

A pesar de semejantes antecedentes, la clase política se ha declarado convulsionada por los “pases” de dirigentes. El kirchnerismo, aunque ha consagrado a Amado Boudou como segunda autoridad nacional, anda tomando pruebas de identidad a sus intendentes, gobernadores y parlamentarios. Y el Frente UNEN, a pesar de llamarse Frente (y de apellidarse UNEN) cruje ante a la foto del senador jujeño Gerardo Morales con Sergio Massa. En ese pretendido estupor (en la política no hay sorpresas, sólo hay sorprendidos) se mezclan mucho elementos.

Hay mucha hipocresía, por un lado. Por otro, buena parte de la dirigencia se ha olvidado ya de lo que es una coyuntura electoral de la que surgirán nuevas autoridades. Desde hace 11 años gobiernan los mismos en la Argentina y en Tucumán, porque la república conyugal establecida desde 2003 en la Nación, y la democracia pavimentadora fundada por entonces en la provincia, han hecho de la alternancia en el poder un concepto vacío.

Pero -habrá que conceder- además de caradurez y de falta de gimnasia política, hay un elemento que legitima el sacudón: en las conversaciones para los eventuales armados de 2015 se evidencia la eliminación de todas las barreras partidarias. Y como no se puede contestar quién es quién, sino en el mejor de los casos quién con quién, la frase política del momento es todos hablan con todos.

En el restaurante

Antes de la foto de Massa y Morales hubo una cena de cuatro comensales. El tigrense fue con el operador que más conocen los tucumanos: Juanjo Álvarez. El jujeño acudió con el tucumano José Cano. No hubo flashes porque eligieron un exclusivo restaurante porteño, que a la calle parece una casa, donde hay disponibles sólo 30 cubiertos por noche. Allí acostumbra cenar el equipo de Ideas del Sur cuando termina ShowMatch. Eso relató informalmente el líder del Frente Renovador para explicarles a sus invitados por qué, pese a lo reservado del lugar, Marcelo Tinelli acababa de mandarle un WhatsApp que, con tono cómplice, preguntaba: ¿Qué hacés comiendo con los radicales?

De lo que se habló en la comida emergen dos elementos centrales. Una es de índole explícita: a los efectos discursivos, comenzarán a plantear ejes comunes. Van desde cuestiones de seguridad, como el control de las fronteras; hasta asuntos de economías regionales, como fijar compensaciones por fletes e impuestos diferenciales para los productores alejados de los puertos; facilitar la salida de commodities al Pacífico a través de Chile; y rediscutir pautas de la coparticipación de tributos federales. El otro está dado por los múltiples mensajes implícitos que sirvieron a modo de postre.

A los efectos provinciales, Massa representa para Morales y para Cano un aglutinador de peronistas desencantados con el oficialismo. Es más: no son pocos los “compañeros” que ven en el tucumano, por caso, una vía para acceder al bonaerense. Para el tigrense es ganar presencia en el interior. Por eso, ofrece no armar candidatos en los distritos donde los radicales tengan postulantes con chances de triunfar.

Esa postura masista, la de declinar antes que pulsear, es la clave del diálogo con los radicales del Norte. Precisamente, la foto de Morales y Massa, acordada en la sobremesa de la cena porteña, es un mensaje profundamente anti-macrista. En una instancia en la cual, en el Frente UNEN, sólo “Pino” Solanas y Humberto Tumini se han plantado contra el jefe de Gobierno porteño, mientras Elisa Carrió auspicia una alianza con Mauricio Macri, Ernesto Sanz no descarta ser su vicepresidente, y Cobos y Hermes Binner no le pusieron bolilla negra. También es síntoma, claro, de que la UCR no se comporta como partido nacional sino como federación de partidos provinciales que reclama autonomía plena para actuar según la conveniencia de cada distrito.

¿Qué cuestionan Morales y Cano de Macri? Que el PRO pone condiciones y en malos términos. Se resumirían en que o le otorgan los lugares que él reclama en el orden nacional y en las provincias para celebrar un acuerdo con los radicales y sus socios, o él enfrentará con listas propias a los radicales en todos los distritos. Negociación, dirán los del PRO. Chantaje contestarán los radicales. Sea como fuere, parece que lo de Macri no es mera amenaza. Por lo menos, no en Tucumán

En el molino

La Expo 2015 fue la excusa para una cena entre los ruralistas y Domingo Amaya. El intendente capitalino llevó propuestas para el campo tucumano, surgidas -según expuso- de los 15 equipos de trabajo que desarrollan su plataforma de Gobierno. Lo que retuvieron los convidados es que Amaya no criticó a nadie. El resultado fue un llamado telefónico entre dos viejos amigos, que hoy se desempeñan como escuderos de Macri y de Amaya.

Decime la verdad. ¿Hay posibilidad de que vayamos juntos en 2015?, interrogó el operador político desde el extremo porteño de la línea. Llamaba porque uno de los jóvenes que compartió la mesa con Amaya consideraba que el lord mayor tucumano era alternativa electoral por explorar. Nosotros no vamos a tomar definiciones ahora. Pero así como no cerramos con nadie, a nadie le cerramos la puerta. Así que conversemos, contestaron desde Tucumán. Perfecto. Yo se lo voy a plantear ahora, y en esos términos, a Mauricio, fue la despedida.

Mientras tanto, Amaya también se encontrará con Massa. La excusa será la presentación oficial de la ampliación de la capacidad industrial del molino del empresario Emilio Luque, el miércoles próximo. El encuentro, para más datos, será sin Cano, quien estará en Estados Unidos para esa fecha. El intendente confirmó que asistirá a la recepción, en nombre de que se trata de un acontecimiento empresarial.

Por caso, esta semana Amaya habló con Scioli a través de la primera dama bonaerense, Karina Rabolini. Pero el ex motonauta, por intermedio de la ex modelo, también se reunió con la primera dama tucumana, Beatriz Rojkés, a quien las preferencias políticas de su esposo parecen tenerla sin cuidado. La senadora sigue en campaña a pesar de que Alperovich, consultado acerca de si “le gustaría” que lo sucediera su cónyuge, contestó reiteradamente “no”. Antes, en julio, Scioli en persona había traído como compañero de vuelo al ministro de Salud, Juan Manzur.

En la encuesta

Además de la cultura del amague (para tomar prestada una expresión de Federico van Mameren), en este todos hablan con todos hay un alimento común. Dicho de otro modo: ¿cómo se explica que Scioli hable con alperovichistas y amayistas, a quienes los ediles de la capital les piden unidad, mientras la Casa de Gobierno intercambia desprecios con la intendencia, la cual enfrió pero no cortó las conversaciones con los radicales y alienta los mencionados contactos con el PRO y con Massa, quien a su vez charla con los radicales y hasta le hace guiños mediante sus segundas líneas a Fuerza Republicana, la que por su parte tiene teléfono abierto con operadores macristas porque en el tucumano Acuerdo Cívico y Social le cierran todas las puertas? Se explica con las encuestas. O en todo caso, con la absoluta carencia de verosimilitud de las mediciones. En nombre de las encuestas,

Amaya dice que está primero, seguido de los radicales y los alperovichistas. Cano invoca sondeos según los cuáles él lidera las preferencias de los tucumanos, secundado por los alperovichistas y con el amayismo relegado. Y en Casa de Gobierno dicen que la fórmula Manzur Osvaldo Jaldo cierra y le gana a Cano, al que ubican delante de Amaya. Todas estas inconsistencias, a pesar de que el encuestador de Alperovich es Hugo Haime, quien también encuesta para Massa (y sirve de canal de comunicación entre el tigrense y el gobernador), quien cena con Cano y charla sobre encuestas. Todas estas incoherencias a pesar de que los encuestados, en todos los casos, son los tucumanos.

Queda claro que miente alguien (o varios) porque el principio lógico de no contradicción dice que dos proposiciones opuestas no pueden ser verdaderas, aunque sí pueden ser falsas. Pero aún así, hay algo inquietante en el hecho de que los dirigentes ventilen sondeos según los cuales todos están ganando (lo cual motiva que, necesariamente, todos hablen con todos). Si es perfectamente posible para los dirigentes, aquí o en la Nación, armar alianzas de peronistas con radicales, de kirchneristas con macristas, de socialdemócratas con neoliberales, y de izquierdas con derechas, ¿cuál es, exactamente, la diferencia entre unos y otros? Las encuestas contradictorias, entonces, no son mentira sino denuncia.

La única posibilidad de que en una elección (de la que sólo puede surgir un candidato ganador) puedan triunfar todos los postulantes, es que todo cuanto se ofrezca al elector sean diferentes opciones de una misma cosa. El inconveniente es que, si ese es el caso, el resultado no es que ganan todos, sino todo lo contrario. El problema de ganar a cualquier precio es que, como lo demuestra la historia, es el pueblo el que paga cualquier precio al final.

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