La familia de Pamela pudo velarla, luego de 14 años, pero la pesquisa del crimen está a oscuras

Los familiares de la joven de 17 años, asesinada en octubre de 2000, recibieron ayer sus restos y los trasladaron a Garmendia El velorio comenzó pasado el mediodía, luego de concretar los trámites en el Cuerpo Médico Forense. El sepelio será hoy a las 11

DOLOR DE MADRE. Mercedes, quien buscó a su hija durante 14 años, no encontraba consuelo después de que bajaran de la combi el cajón de su hija. la gaceta / fotos de antonio ferroni DOLOR DE MADRE. Mercedes, quien buscó a su hija durante 14 años, no encontraba consuelo después de que bajaran de la combi el cajón de su hija. la gaceta / fotos de antonio ferroni
01 Septiembre 2014
El llanto incontenible, los gritos de dolor, el silencio incómodo de a ratos... Todo debió suceder hace 14 años, cuando mataron a Pamela Laime. Pero todo y todos tardaron más de lo debido: la Policía, la Justicia, la identificación del cadáver, la comunicación a la familia.

La casa donde vivió Pamela, y donde su familia la vio con vida por última vez, es pequeña y humilde como casi todas las de la comuna de Garmendia. Dos banderas con su foto cubrían ayer la fachada gris de la vivienda: “soy Pamela, no NN”, se leía en una de ellas, “lo que la vida me robó”, rezaba la otra. Una hilera de sillas plásticas también aguardaban a los dolientes en el hall de entrada.

El silencio habitual del pueblo se enmudeció todavía más, a las 13.50, cuando una combi blanca estacionó en la puerta de la casa. Segundos después, un llanto desgarrador retumbó en las paredes. “¡Ay, Pamela! ¿Por qué tenían que matar así a mi hija?”, lamentaba -a gritos- Mercedes Saldaño, su mamá. Al lado suyo, una adolescente apenas se mantenía en pie, ahogada por el dolor. Era Solange, la hija de Pamela que tiene 15 años y ningún recuerdo de su madre, ya que tenía apenas un año cuando ella desapareció.

Vecinos y parientes se acercaron a lo largo del día para participar del velorio. Las mujeres se detenían a estrechar en sus brazos a Mercedes, que no encontraba consuelo. “No doy más de tanto dolor”, repetía la mujer. Por la tarde, el sacerdote del pueblo, Rafael Navarro, se acercó para contener a la familia. Hoy, antes del sepelio, el cura regresará para oficiar una misa en la casa.

Dolorosa espera

El día fue largo ayer para la familia de Pamela. Debieron viajar durante dos horas, desde Garmendia hacia la capital, para que les entregaran los restos de la joven en la sede del Cuerpo Médico Forense (en avenida Independencia y La Rioja). Allí tuvieron que realizar una serie de trámites para recién regresar a la comuna, acompañando el féretro.

En el pueblo, mientras tanto, ya se habían reunido algunas personas para esperar el cortejo. Entre ellas estaba Alicia Orellana, una tía de Pamela, quien la recordó como “una chica buena, que se daba con todos, aunque no tenía muchos amigos y siempre que salía era con nosotros”. La mujer también se refirió a los 14 años de búsqueda que llevaba la familia. “Es desesperante porque no sabíamos qué le había pasado, yo la buscaba en todas las caras con la esperanza de encontrarla”.

Isabel Vera, otra tía, coincidió con ella. “Era una jovencita muy alegre, muy cariñosa y muy inocente. Todo lo que ocurrió es una injusticia, me gustaría que la sociedad y Dios hagan justicia, por ella y por tantas otras jóvenes en su misma condición”, pidió.

Cuando Pamela desapareció, el 16 de octubre de 2000, un rumor se adueñó del pueblo: todos creían que esa adolescente de 17 años había sido secuestrada por una red de trata de personas. Jamás pensaron en otra posibilidad. Sin embargo, hace casi tres meses se enteraron de que Pamela había sido asesinada de tres hachazos en la cabeza, al día siguiente de su desaparición. Como en ese momento nadie la reconoció, la enterraron en una fosa común del Cementerio del Norte como NN.

Ahora la fiscala de Instrucción Adriana Giannoni (VIII° Nominación) intenta descubrir quién mató a Pamela, dónde y por qué lo hizo.

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