Transferencia tecnológica tucumana en Aapresid

En el encuentro anual, en Rosario, el doctor Ploper disertó sobre las buenas prácticas y el uso de variedades resistentes

29 Ago 2014
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MANEJO ADECUADO DE LAS APLICACIONES. Ploper precisó que el uso de fungicidas es un componente importante de la producción agrícola moderna. lanotadigital.com.ar

En el marco de las últimas jornadas de Aapresid en Rosario, hubo diversas disertaciones relacionadas con la siembra directa. Entre ellas se destacaron temas relacionados a la resistencia que se generan en las malezas por el inadecuado uso de herbicidas, la resistencia de diferentes insectos a un mal uso de insecticidas, y la resistencia de los hongos al uso de fungicidas de diverso tipo. Este último tema fue abordado por Daniel Ploper, director técnico de la Eeaoc.

En este sentido, Ploper manifiesta que las enfermedades vegetales son importantes factores que pueden limitar seriamente la productividad de los cultivos. “Para reducir su impacto se dispone de métodos de control, que pueden ser de tipo cultural, químico, biológico, regulatorio, entre otros”, apuntó.

En numerosas instancias -añadió-, los problemas no se resuelven con la aplicación de técnicas aisladas, sino que se requiere la integración de varios de estos métodos, los cuales deben combinarse con otras prácticas dentro de los programas de manejo del cultivo.

El control químico se basa principalmente en la aplicación de fungicidas (al suelo, a la semilla, al follaje o a frutos y otras partes vegetales en poscosecha). Desde hace más de 200 años que se vienen utilizando productos fungicidas para controlar patologías vegetales. “En los comienzos se utilizaban para proteger viñedos y semilla de cereales, pero con el correr del tiempo su uso evolucionó y en la actualidad se dispone de numerosos principios activos para controlar patógenos en una gran variedad de cultivos”, resaltó Ploper.

El éxito del control químico se basa en buena medida en la aplicación oportuna de los fungicidas apropiados. Sin embargo, suele ocurrir que los hongos, hacia los cuales van dirigidas estas aplicaciones, desarrollan resistencia a ciertos fungicidas y complican el manejo de la enfermedad.

“Planes integrados de manejo son cada vez más necesarios, para evitar aplicaciones innecesarias de fungicidas y para modificar las recomendaciones que aseguren la longevidad o recuperen la eficiencia que perdieron los fungicidas”.

Las soluciones

El experto agregó que los problemas fitosanitarios podrían reducirse si buenas prácticas culturales, como la rotación de cultivos, fueran adoptadas con mayor frecuencia. “El uso de variedades resistentes es otra herramienta importante que puede contribuir en el manejo de las enfermedades y reducir la presión de resistencia de los fungicidas sobre los hongos”.

“Es importante diferenciar dos tipos de resistencia. Muchos fungicidas son específicos y no afectan a ciertas clases de patógenos. Los patógenos que nunca fueron sensibles a un fungicida en particular, se dice que tienen una resistencia natural o inherente a ese producto. Esta resistencia es identificada tempranamente en el proceso de tamizado de productos potenciales y, más allá de ello, es de poca importancia”, subrayó Ploper.

La que sí es de gran importancia para los patólogos -continuó-, es la resistencia que se desarrolla en la población de un patógeno que alguna vez fue sensible. “Esto se denomina ‘resistencia adquirida’. Puede resultar en la pérdida de la cosecha y la pérdida de los productos que alguna vez tuvieron efecto, eliminando así opciones para el productor. Algunos investigadores prefieren usar los términos insensibilidad, pérdida de sensibilidad o tolerancia”. Por lo tanto, la resistencia adquirida a fungicidas se define como la habilidad desarrollada por un patógeno para sobrevivir en presencia de niveles de fungicida que habían sido nocivos o letales para ese microorganismo.

“El uso de fungicidas es un componente importante de la producción agrícola moderna. Por ello, la pérdida de uno de ellos, por el desarrollo de resistencia en patógenos, implica que se reducen las alternativas de manejo de enfermedades y a su vez significan mayores riesgos en la producción de los cultivos”, evaluó el especialista.

Y concluyó: “es fundamental adoptar medidas para evitar el desarrollo de resistencias, especialmente cuando se usen fungicidas de alto riesgo, como los que se aplican en cultivos de soja en el país”.

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Rosario Daniel Ploper
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