La economía, en un punto de inflexión esperando 2015

20 Abr 2014
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EL COMERCIO EXTERIOR. La Argentina se ha convertido en un importador neto de combustible. Esa situación contribuyó a ampliar el saldo negativo en la balanza comercial. na (archivo)

Eduardo Luis Fracchia - Investigador Senior del IAE Bussines School

El mundo de los negocios internacionales se encuentra hoy ante un momento de definición que influirá en el crecimiento futuro de Argentina. Por ahora el mundo suma, no resta. Los márgenes favorables que proporciona la coyuntura externa comienzan a demostrar signos de agotamiento en particular si se revierte el escenario de tasas bajas de interés impulsadas por Janet Yelen y Mario Draghi desde los bancos centrales. Esta medida, sin embargo, tomará un tiempo para instrumentarse tanto en Estados Unidos como en Europa.

En el ámbito interno, el Gobierno se encuentra ante un punto de inflexión cerca de un año electoral intenso. Destacan entre los problemas la cuestión fiscal, que debería llevar al Gobierno a replantear su política sobre el gasto público. Lo cierto es que la quita de subsidios no resuelve el problema. Además, un incremento persistente de los costos laborales en dólares incide sobre la rentabilidad de las firmas. El Gobierno es consciente de estos desafíos, pero se topa actualmente con dificultades para llevar a cabo las políticas necesarias para combatirlos: partidas inflexibles de gasto, pérdida de credibilidad en las cifras. Se presentan ciertas señales que dan cuenta de la necesidad de reformular algunos hitos de la gestión como la eliminación de subsidios para los servicios públicos. Una gran deuda del Gobierno con la sociedad sigue siendo, desde 2007, el sinceramiento y control de la inflación.

Por otro lado, la Argentina está al margen del mundo. El costo del financiamiento para nuestro país sigue siendo de los más altos entre los países emergentes. Se espera llegar a un acuerdo para salir del default con el Club de Paris para regularizar la situación financiera con la comunidad internacional y para retornar a los mercados de capitales en el futuro. Son necesarias modificaciones en el frente monetario y fiscal. Se trata de un ajuste lógico como mecanismo para disminuir la inercia inflacionaria. En forma complementaria o alternativa parece razonable comenzar a modificar con mayor convicción el tipo de cambio oficial siempre que se encare primero la estabilización, para compensar la inflación acumulada. El Gobierno, al igual que en años electorales anteriores, quisiera apostar a tasas de interés bajas pero la suba en enero celebrada ha frenado la especulación cambiaria. El ritmo de devaluación se ha acelerado de modo notorio. El Gobierno podría elevar más el dólar oficial. El objetivo de la administración debería ser mantener un tipo real de cambio más alto. Hoy es el del final de la gestión de De la Rúa, pero con una soja a U$S 520.

La caída del consumo

Son claras las señales de enfriamiento económico. La caída en el ritmo de crecimiento del consumo público y/o privado es notoria. La inversión estimada evidencia una contracción para 2014. Su participación en el PBI se ubica cerca del 20%, algo relativamente bajo para sostener el ritmo de expansión.

Nuestro país ha vuelto a ser importador neto de combustibles desde 2010, después de casi 20 años de autonomía. Este desequilibrio energético contribuye en 2014 directamente a la existencia de déficit gemelos (fiscal y externo) inevitables hasta fin del mandato. El incremento de la demanda de dólares por importación se explica principalmente por las compras de energía, turismo y complejo automotor.

El inquietante “rojo”

La cuenta corriente tendrá un déficit entre 0 y 1% del PBI este año. Está a un nivel de 5 puntos menos respecto de los años de Lavagna. En 2015 la cuenta corriente será también negativa. La ampliación del “rojo” está motivada por un menor superávit comercial, déficit en el área de servicios (turismo) y por mayores movimientos en utilidades a pesar de estar limitadas por el cepo. La pérdida de competitividad expresada en la cuenta corriente junto a los pagos de deuda influye en la evolución descendente de las reservas. En este sentido, se estima que las reservas internacionales descenderán en 2014 y el ritmo de descenso se relaciona con la confianza en el equipo económico.

Preocupa que los salarios privados registrados en términos reales exhiben un descenso respecto a un año atrás. En promedio, los salarios públicos y privados informales durante 2014 crecerán menos que la inflación. En materia de distribución del ingreso los avances fueron importantes en la primera gestión del gobierno kirchnerista. A pesar de la robusta expansión económica y de la recuperación dispar de los salarios, la distribución del ingreso apenas mejoró en el segundo mandato. La pobreza sigue estable cerca del 25% de los hogares. Evidentemente la inflación fue más perjudicial que el derrame positivo del crecimiento para mejorar esto.

No obstante, gran parte de los elementos sólo hoy actúan en contra del clima de negocios no son de naturaleza macro, sino microeconómicos e institucionales. El complicado esquema de incentivos sectoriales, los cuellos de botella -sobre todo energético- y la baja competitividad son algunos de los principales problemas a enfrentar después de las elecciones cuando arribe la nueva administración.

La economía no cambiará de modo sustantivo en 2015. La orientación seguirá siendo la misma que en 2014 y sería deseable que se recuperen los superávit gemelos perdidos, el fiscal y el de cuenta corriente. Estamos ante una economía que creció en base al consumo y gasto público y a futuro sería conveniente que lo haga más por el empuje de la inversión y de las exportaciones. No se ven en el horizonte de mediano plazo procesos muy recesivos y mucho menos explosiones del tipo Rodrigazo de 1975 porque los fundamentales están claramente mejor que en ese momento cuando el déficit del sector público llegó al 15 % del PBI. Hoy es de 3%.

La gran amenaza para la próxima gestión a instalarse en 2016 está en el control de la inflación que hoy tiende al 35% anual. Este ritmo de crecimiento de los precios no será fácil bajar a un dígito en el corto plazo.

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