El aniversario revive la división de los políticos

El oficialismo, con el presidente Piñera a la cabeza y la oposición, liderada por Bachelet, se diferencian en la valoración de los hechos. Actos para recordar al ex presidente Allende. Bachellet y Lagos no están dispuesto a pedir perdón por el gobierno socialista

11 Sep 2013
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ACTO. En el antiguo centro de tortura, Villa Grimaldi, en Santiago, se ven las fotos de desaparecidos chilenos. FOTO DE REUTERS

SANTIAGO.- El 40° aniversario del golpe de Augusto Pinochet contra el gobierno de Salvador Allende, que se cumplirá hoy, dio paso a una serie de declaraciones que obligó a posicionarse a casi toda la primera plana de la dirigencia chilena y que mostró el grado de división que aún persiste en el país. Cada sector político buscó diferenciarse con una recordación.

El presidente Sebastián Piñera que encabezó un acto del gobierno, sostuvo: "Es bueno rememorar eventos muy dolorosos, no para revivir las mismas querellas, odiosidades y divisiones que tanto sufrimiento causaron, sino para aprender de esos errores y, en consecuencia, iluminar los caminos del futuro. Cuando miles de compatriotas sufren violaciones de sus derechos humanos no existen soluciones que puedan reparar todo el dolor y daño causado. No podemos resucitar a los muertos ni ubicar a los desaparecidos, pero sí debemos hacer lo que esté a nuestro alcance para aliviar ese sufrimiento y avanzar en materia de verdad, justicia y reconciliación".

La ex presidenta socialista Michelle Bachelet, candidata presidencial por Nueva Mayoría y favorita para regresar a la Moneda, habló de este modo al participar de un acto opositor: "No existe reconciliación que se construya sobre la ausencia: de verdad, de justicia o de duelo. No es justo hablar del golpe de Estado como un destino fatal e inevitable. Para dar continuidad y respaldo a la democracia se requería más democracia, no un golpe. Las responsabilidades de la implantación de la dictadura, los crímenes cometidos por agentes del Estado, la violación de los derechos humanos, no son justificables, no son inevitables y son responsabilidad de quienes los cometieron y de quienes los justificaron".

Desde la agrupación que más se idenfiticó con la herencia pinhochetisa, la Unión Demócrata Independiente (UDI), el senador nacional Hernán Larraín, espetó: "Si ayuda pedir perdón, también libera saber perdonar. Por eso, ¿por qué no dar un paso personal en lugar de esperar que otros hagan lo que uno quiere oír? Algo simple y transparente como decir: yo pido perdón por lo que haya hecho o por omitir lo que debía hacer. Yo pido perdón por no haber colaborado de modo suficiente a la reconciliación en mi trabajo". En esa línea, la ex ministra Evelyn Matthei, candidata presidencial de la Alianza gobernante manifestó: "Los sectores no piden perdón, y yo tenía 20 años cuando ocurrió el golpe. No tengo nada por lo qué pedir perdón. Yo no tendría cómo haber hecho nada más, no tenía ningún cargo público".

A su vez, el senador Camilo Escalona, ex presidente del Partido Socialista manifestó: "En lo personal, pido perdón por la conducta que yo pude tener de ser parte de la polarización y de una confrontación que nos llevaba a enfrentarnos a miles de estudiantes en las calles a peñascazos (piedrazos) y de manera enteramente descontrolada".

El actual presidente del Senado, Jorge Pizarro, no dejó pasar el momento para decir lo suyo: "La Democracia Cristiana nunca apoyó el golpe militar e hizo un esfuerzo sobrehumano para no cortar el diálogo con el régimen militar y defender las libertades. Me imagino que nuestros dirigentes de la época deben haber tenido una frustración y una impotencia muy grande por no lograr que dentro de los cauces democráticos el país encontrara una solución política. La DC después del golpe, lo único que hizo fue luchar por los derechos humanos y por recuperar la democracia".

La senadora socialista Isabel Allende, hija del derrocado ex presidente Allende rechazó la idea de un sector del pinochetismo que impulsa que un pedido de perdón: "Olvidémonos de la palabra perdón. Que quien quiera, lo haga a título personal. Pero el Partido Socialista hace mucho tiempo reconoció que el presidente Allende fue contradictorio, que tenía dos almas que coexistían, que no tuvo estrategia única detrás del presidente. Eso se reconoció".

Su postura fue coincidente con lo que expresó el ex presidente Ricardo Lagos, también socialista: "No estoy de acuerdo con aquellos que creen que hay que pedir excusas por lo que hizo Salvador Allende en su gobierno. ¡No señor!. Con Allende había un Parlamento que cumplía sus funciones, existían tribunales de justicia que hacían la tarea. Hubo errores, sí, pero no horrores".

También fue relevante la declaración de autocrítica de la Corte Suprema de Justicia: "El Poder Judicial y especialmente la Corte Suprema no cumplieron su deber en defensa de los derechos humanos por acciones u omisiones. Es un deber reconocer que el quiebre de la institucionalidad democrática permitió la instalación de un régimen cívico-militar que violentó las garantías fundamentales de los ciudadanos de nuestro país, registrándose atropellos como muerte, desaparición forzosa, detenciones, irregularidades y torturas".

Allende que encabezó el gobierno de la Unidad Popular (un conglomerado político de agrupaciones de izquierdas y centroizquierda) murió en el palacio de gobierno, mientras una violenta rebelión militar, encabezada por Pinochet, había dispuesto desalojarlo del poder. En Chile, durante estos días, hubo múltiples recordaciones y seminarios donde se debatió esa experiencia política y el dramático legado de los militares. (Télam-especial)

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