24 Mayo 2013 Seguir en 
Se la define como la acción de utilizar la fuerza y la intimidación para conseguir algo. Está en la naturaleza humana, en algunos casos escondida o morigerada bajo el ropaje de la educación y la cultura, o en forma expresa a través de los gestos, las acciones, la palabra. La violencia tiene, por cierto, varios rostros. Aunque existe en el ámbito escolar desde hace mucho tiempo, en los últimos años se ha profundizado el maltrato y la intimidación entre los alumnos que los especialistas denominan bullying.
El Observatorio de la Convivencia Escolar de la Universidad Católica Argentina (UCA) reveló en un estudio que un 46% dice sufrir a veces la violencia indirecta, mientras que el 11%, mucho. Observaron que en las edades más tempranas interviene más lo físico directo y lo verbal, mientras que en el secundario, se transforma en indirecto -murmuraciones, amenazas, robos- y lo social -rechazo y aislamiento-, algo muy preocupante ya que la aceptación en el grupo es crucial, señaló el trabajo. El 32% dijo sufrir a veces agresiones físicas y el 62%, verbales. El 62% admitió haber maltratado a sus compañeros a veces y el 6% en forma permanente.
La encuesta nacional efectuada entre más de 6.000 alumnos de entre 10 y 18 años indicó que casi uno de cada cuatro estudiantes dijo tenerle miedo a alguno de sus compañeros, y uno de cada tres entre 12 y 15 años. Los maestros y padres son los últimos en enterarse del problema. Ante reiterados hechos de violencia, el 57% de los niños se calla y del resto, el 70%, se lo comunica a sus amigos, después a los padres y finalmente al docente. Esto hace que se incremente su invisibilidad y sea difícil de prevenir.
El relevamiento mostró que el 97% de los docentes aseveró que actualmente existen situaciones de violencia en las escuelas; el 37% admitió sentirse desmotivado con respecto a su tarea educativa; el 78% cree que las dificultades en el desempeño del trabajo afectan su salud.
Una psicopedagoga tucumana dijo que algunas investigaciones reportan daño físico, pérdidas materiales (celulares, tablets) y hasta severas consecuencias en la salud mental a futuro: depresiones, trastornos de ansiedad e incluso suicidio. Agregó que el fenómeno está aumentando en las escuelas y colegios tucumanos.
Si bien el acoso escolar no es nuevo, una de las causas de su incremento quizás tenga que ver con el malestar social, reflejado en la violencia en distintas intensidades y caras. Este fenómeno afecta también a los docentes en un gran porcentaje, según la encuesta, y lo llamativo y no menos preocupante es que un 37% de los consultados se siente desmotivado con su trabajo.
Sensaciones de desamor, de soledad, de angustia, desorientación, de ausencia de diálogo familiar, de estímulo, de exclusión pueden ser resortes de acciones violentas, y más aún si los chicos viven en un ámbito familiar de agresión constante. El exceso o la ausencia de autoridad es también una de las causas de la violencia.
Se trata de problema complejo que debería abordarse con profundidad. Tal vez sea necesario un mayor protagonismo de los gabinetes psicopedagógicos -debería haber uno por escuela-, del sistema de tutorías, de incorporar la mediación escolar como una herramienta importante para resolver los conflictos, y de darles a los padres una participación activa en el hecho educativo. Si dejamos crecer la violencia, puede transformarse en una bola de nieve y las soluciones serán muy difíciles de hallar.
El Observatorio de la Convivencia Escolar de la Universidad Católica Argentina (UCA) reveló en un estudio que un 46% dice sufrir a veces la violencia indirecta, mientras que el 11%, mucho. Observaron que en las edades más tempranas interviene más lo físico directo y lo verbal, mientras que en el secundario, se transforma en indirecto -murmuraciones, amenazas, robos- y lo social -rechazo y aislamiento-, algo muy preocupante ya que la aceptación en el grupo es crucial, señaló el trabajo. El 32% dijo sufrir a veces agresiones físicas y el 62%, verbales. El 62% admitió haber maltratado a sus compañeros a veces y el 6% en forma permanente.
La encuesta nacional efectuada entre más de 6.000 alumnos de entre 10 y 18 años indicó que casi uno de cada cuatro estudiantes dijo tenerle miedo a alguno de sus compañeros, y uno de cada tres entre 12 y 15 años. Los maestros y padres son los últimos en enterarse del problema. Ante reiterados hechos de violencia, el 57% de los niños se calla y del resto, el 70%, se lo comunica a sus amigos, después a los padres y finalmente al docente. Esto hace que se incremente su invisibilidad y sea difícil de prevenir.
El relevamiento mostró que el 97% de los docentes aseveró que actualmente existen situaciones de violencia en las escuelas; el 37% admitió sentirse desmotivado con respecto a su tarea educativa; el 78% cree que las dificultades en el desempeño del trabajo afectan su salud.
Una psicopedagoga tucumana dijo que algunas investigaciones reportan daño físico, pérdidas materiales (celulares, tablets) y hasta severas consecuencias en la salud mental a futuro: depresiones, trastornos de ansiedad e incluso suicidio. Agregó que el fenómeno está aumentando en las escuelas y colegios tucumanos.
Si bien el acoso escolar no es nuevo, una de las causas de su incremento quizás tenga que ver con el malestar social, reflejado en la violencia en distintas intensidades y caras. Este fenómeno afecta también a los docentes en un gran porcentaje, según la encuesta, y lo llamativo y no menos preocupante es que un 37% de los consultados se siente desmotivado con su trabajo.
Sensaciones de desamor, de soledad, de angustia, desorientación, de ausencia de diálogo familiar, de estímulo, de exclusión pueden ser resortes de acciones violentas, y más aún si los chicos viven en un ámbito familiar de agresión constante. El exceso o la ausencia de autoridad es también una de las causas de la violencia.
Se trata de problema complejo que debería abordarse con profundidad. Tal vez sea necesario un mayor protagonismo de los gabinetes psicopedagógicos -debería haber uno por escuela-, del sistema de tutorías, de incorporar la mediación escolar como una herramienta importante para resolver los conflictos, y de darles a los padres una participación activa en el hecho educativo. Si dejamos crecer la violencia, puede transformarse en una bola de nieve y las soluciones serán muy difíciles de hallar.





