12 Mayo 2013 Seguir en 
Los que corren maratones suelen tener carreras que los depositan en ciudades emblemáticas del mundo. Esos 42,195 kilómetros los capturan. Es que esas ciudades se paralizan. Sólo los maratonistas son dueños de las calles. Así se sintió Esteban Martínez Pastur en Río de Janeiro y en París. Este tucumano se sumó a las 40.000 personas que animan cada edición en esas tradicionales pruebas.
Sin embargo, entre esas largadas multitudinarias, el maratonista se queda con una partida de apenas 46 deportistas. "Fueron 42 kilómetros únicos", explicó con los ojos enrojecidos y la voz firme. La descripción forma parte de su incursión en la Maratón de Malvinas.
La competencia recién va por su novena edición. Todavía no generó la seducción suficiente en los atletas de elite y quizás cueste muchísimo porque se corre en condiciones climáticas únicas. Aunque quién sabe, su debilidad podría convertirse en una fortaleza. Llegar a la meta de la maratón con los gradientes climatológicos más adversos del planeta -así la califica la organización por el intenso viento y frío- podría ser un triunfo, más allá del puesto.
Deportistas como Esteban, van más por una cuestión sentimental que acompaña, y hasta llega a borrar, la deportiva. Martínez Pastur vivió la guerra de Malvinas por televisión, diarios y radio, pero de un modo especial.
Con apenas 13 años, siguió entre las altas paredes del Liceo Militar General Gregorio Aráoz de La Madrid el conflicto bélico que lo marcó. "Soy liceísta y mi ingreso fue en 1982, cuando empezaba la guerra. Mi promoción se llama 'Islas Malvinas' ", reveló. Así se entiende la emoción extrema del maratonista. "Cuando salí del liceo, mi objetivo era ir a las islas", rememoró.
"Nunca imaginé que el deporte me iba a llevar. Hago la mención para que todos se acerquen al deporte porque nunca se sabe adónde te llevará", dice. Tampoco estaba en los planes del atleta lo que le sucedió durante la carrera. "Me encontré muy de frente con la historia y, de a poquito, lo deportivo iba quedando en segundo plano", relató.
La experiencia de Martínez Pastur "picó" a sus compañeros de promoción. Él los considera hermanos y, tanta cercanía, los lleva a tener metas similares. "Con todo esto, se fueron sumando poco a poco. Ya somos seis los inscriptos para correr en Río. Fue como un imán que los atrajo y nos propusimos ir los 10 a Malvinas en la próxima maratón", dijo entusiasmado.
Con mucha modestia, Martínez Pastur devino en entrenador y comanda el operativo para que la maratón más austral del mundo esté entre las mejores del planeta.










