05 Mayo 2013 Seguir en 
La parálisis cerebral infantil (PCI) puede definirse como un grupo de desórdenes del movimiento y la postura, que limitan las actividades y funciones de quien la padece. Las lesiones en el cerebro pueden ocurrir en el feto durante el desarrollo del cerebro, en el parto o en los primeros dos años de vida. "Dos niños por cada 1.000 nacidos en el mundo sufren PCI. Existen múltiples causas: el nacimiento prematuro (antes de cumplir la 36 semanas de gestación) y el bajo peso al nacer", explica el doctor Juan Pablo Albarracín, médico del Hospital de Niños Pedro de Elizalde y del Hospital Universitario Austral.
La PCI produce daños que no son progresivos ni reversibles y la mayoría de los casos se presentan acompañados de espasticidad, es decir de un aumento anormal del tono muscular en estado de reposo que se traduce en rigidez muscular. "La espasticidad restringe el movimiento normal y limita las experiencias motrices. A raíz de la espasticidad los músculos tienden a acortarse con el paso del tiempo mientras crecen los cartílagos y los huesos. Para evitar este acortamiento, los músculos deben ser continuamente entrenados, actividad que el paciente no puede realizar de forma autónoma. Debido a esta limitación, el cirujano neuro-ortopedista debe realizar cirugías reparadoras. "Si el niño requiere una cirugía de este tipo antes de los 8 años, es probable que haya que repetirla años después", explica el médico. Esto se debe a que el ritmo de crecimiento de los cartílagos y huesos no acompaña al de los músculos. "En niños pequeños el botox favorece la recuperación y mejora la calidad de vida. Asociado a la kinesiología y las ortesis es el trípode para retrasar y hasta evitar la cirugía. Un niño que se para y camina mejora en todos los aspectos: la fortaleza de sus huesos, su sistema respiratorio, su sistema digestivo, evita la luxación de las caderas, mejora el control del tronco, etcétera", sostiene Albarracín, y destaca la importancia del trabajo multidisciplinario, que incluye a kinesiólogos, ortopedistas, terapistas ocupacionales, entre otros.
La PCI produce daños que no son progresivos ni reversibles y la mayoría de los casos se presentan acompañados de espasticidad, es decir de un aumento anormal del tono muscular en estado de reposo que se traduce en rigidez muscular. "La espasticidad restringe el movimiento normal y limita las experiencias motrices. A raíz de la espasticidad los músculos tienden a acortarse con el paso del tiempo mientras crecen los cartílagos y los huesos. Para evitar este acortamiento, los músculos deben ser continuamente entrenados, actividad que el paciente no puede realizar de forma autónoma. Debido a esta limitación, el cirujano neuro-ortopedista debe realizar cirugías reparadoras. "Si el niño requiere una cirugía de este tipo antes de los 8 años, es probable que haya que repetirla años después", explica el médico. Esto se debe a que el ritmo de crecimiento de los cartílagos y huesos no acompaña al de los músculos. "En niños pequeños el botox favorece la recuperación y mejora la calidad de vida. Asociado a la kinesiología y las ortesis es el trípode para retrasar y hasta evitar la cirugía. Un niño que se para y camina mejora en todos los aspectos: la fortaleza de sus huesos, su sistema respiratorio, su sistema digestivo, evita la luxación de las caderas, mejora el control del tronco, etcétera", sostiene Albarracín, y destaca la importancia del trabajo multidisciplinario, que incluye a kinesiólogos, ortopedistas, terapistas ocupacionales, entre otros.








