El centro del pueblo es una laguna formada por una pérdida que lleva 50 años

Unos 700 habitantes viven en el pueblo de la localidad de Garmendia, en el departamento de Burruyacu. Reclaman alumbrado público, una plaza para que los chicos jueguen, un CAPS que funcione y que les arreglen los caminos. Ellos atesoran una historia que fue pasando de generación en generación: debajo de un lapacho de la zona habría descansado el general San Martín.

02 May 2013 Por Natalia Viola
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LA PILETA DE LAS GALLINAS. Los vecinos conviven con el agua semi estancada; de un surgente sale líquido salado y del otro caño, dulce y potable. LA GACETA / FOTOS DE FRANCO VERA

La bienvenida al pueblo la da la escuela n° 344. La única construcción grande y alrededor de la cual se organizó -casi desorganizadamente- el caserío de "Paso de la Patria". Cerca del mediodía, el olor al guiso de arroz que los 91 alumnos del nivel inicial y primario comerán sobre sus pupitres llega hasta la calle de tierra. Mientras una maestra les explica que los cuatro lados iguales forman un cuadrado, los chicos de segundo grado hunden sus cucharas en los platos de lata blanca y miran el pizarrón.

Cursar la primaria no es un problema porque el camino que los separa desde sus casas hasta la escuela es corto. Pero cuando les toca pasar al secundario, los adolescentes deben cursarlo en Garmendia, a unos ocho kilómetros del pueblo. Para llegar no les queda otra que caminar dos kilómetros por un camino de tierra hasta la vieja ruta 34 por la que pasa el ómnibus de la empresa Florida. Según los pobladores, antes entraba, pero ahora no, porque el camino es un desastre.

El maestro José Juárez es el docente que está a cargo de la escuela desde que la directora se fue. Arriba al pueblo el domingo por la noche y se vuelve a su casa el viernes. Así, desde 2008.

La pérdida eterna
El centro de Paso de la Patria está auspiciado por dos pérdidas de agua que provienen de surgentes distintos. Ambas forman un riachuelo en el espacio en el que ellos sueñan con tener una plaza. Sorprendentemente, de un surgente sale agua salada y del otro, agua dulce y potable. De hecho, hasta hace un par de años -cuenta Valeria Leguizamón, una vecina- se llenaban los bidones ahí para llevar a las casas.

Ahora, el tendido de la red de agua se conecta con sus grifos, pero la pérdida sigue allí. "Nos dijeron que no se la puede tapar porque explotarían los caños", comentan los vecinos.

Para ellos, este derroche de agua no es una novedad. Se consultan entre ellos y ya nadie se acuerda hace cuánto que corre y corre sin dirección. Calculan que -fácil- lo hará desde hace unos 50 años. "En algún momento nos prometieron que harían un estanque para que el agua vaya a parar ahí. Está el hueco, pero seco", insisten Valeria, Laura Celis y Fany Pereyra.

Mientras tanto, en esa laguna se bañan las gallinas, los perros toman agua y los renacuajos nadan a sus anchas.

Cuando cae la noche, la luna es la única que ilumina los caminos. El alumbrado público también es una de las promesas que alguna vez les hicieron -comentan-, pero que se diluyó en el tiempo.

"Me imagino un tobogán, hamacas, más juegos...", dicen Sabrina y Anahí Díaz, de seis y siete años, respectivamente. Los ojos se les iluminan cuando piensan en una plaza. Espacio tienen de sobra, pero les falta dinero, explican los vecinos.

En Paso de la Patria viven casi 700 personas. Unas 30 son empleadas de la comuna de Garmendia, pero la mayoría está desocupada o trabaja en las fincas de limones durante la temporada de cosecha. Las mujeres cuentan que les gustaría tener una cooperativa. "Hacer algo. Trabajar", dicen.

La respuesta
"No hay que esperar que el Estado les dé todo. Hace unos años en ese pueblo todo eran ranchitos; hoy ya hay módulos y casas de material", señala el legislador oficialista José "Gallito" Gutiérrez, quien fue delegado comunal de Gobernador Garmendia. Hoy esa posición la ocupa su madre, Angélica Manzanedo.

El dirigente promete arreglar el camino de entrada cuando finalice la cosecha, para que los colectivos puedan llegar hasta el pueblo. Además, asegura que ya fue enviado un pedido a EDET para que presupuesten la instalación de la red de alumbrado público. "Estas cosas cuestan dinero, pero los vecinos saben que hace unos años no tenían luz eléctrica en sus casas y también debían acarrear agua de un pozo", agrega.

Gutiérrez dice que empleó a 30 trabajadores en la comuna y que hay otros vecinos que cobran pensiones. "Que se organicen y armen un centro vecinal. También pueden salir a cortar leña y armar los juegos infantiles. No hay que esperar que todo venga del Estado; también hay que poner ganas e iniciativas", responde.

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