"Siempre nos contaron que en este lapacho descansó San Martín"

¿Una leyenda o una realidad? Los vecinos sostienen que la localidad posee valor histórico.

02 May 2013
Para sus habitantes, Paso de la Patria no es cualquier pueblo. Ellos atesoran una historia que fue pasando de generación en generación y en la que ellos confían ciegamente. "Siempre nos contaron que por aquí pasó el general San Martín y que descansó a la sombra de ese lapacho", comenta Juan de la Cruz, de 64 años, mientras señala el árbol.

¿Cómo lo sabe? Así se lo contaron en su familia y, según él, también en la escuela rancho a la que fue cuando era chico. Hoy, esa construcción de adobe y piso de tierra no existe, pero él recuerda que estaba pegada al árbol. A ese árbol "histórico".

Para los historiadores no hay datos ciertos que acrediten el paso de San Martín por allí. A veces, estas creencias son más una leyenda que algo real y se van alimentando con el paso del tiempo.

Pero en Paso de la Patria quieren creer que sí es cierto. Por algo el pueblo lleva ese nombre, deslizan unos cuantos. Y aprovechan para sumar un dato más: hace nueve años llegó al lugar un grupo de Granaderos y realizó un acto en la escuela. Los que estuvieron presentes ese día se acuerdan muy bien de aquella visita atípica porque el revuelo que generó fue grande. Una de las vecinas, incluso, guarda una fotografía en la que se ve a sus hijos junto a uno de los soldados.

"En cuanto llegaron comenzaron a preguntar dónde estaba el árbol. Después fueron hasta ahí y se sacaron fotos", cuenta Víctor Ponce, que en esa época era alumno de la escuela 344.

En aquella jornada, además, se bautizó la escuela como "Paso de los héroes", agregan los vecinos. Hasta esa fecha la identificaban con el mismo nombre del pueblo.

Esperanzas
Para llegar hasta el lapacho hay que abrirse camino entre las malezas y los arbustos. Casi oculto se encuentra este árbol que supera en altura a la vegetación agreste que lo rodea. Ahí está el lapacho que para los pobladores marca la diferencia entre su localidad y el resto. Sin embargo, sólo ellos conocen de su existencia. Lo miran. Tienen la esperanza de que este dato sirva para que el pueblo salga adelante, lo visiten turistas y las autoridades lo embellezcan: que construyan una plaza con juegos, un monolito del general San Martín y lo iluminen.

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