Fue la capital de la ovalada

El club santiagueño Old Lions se transformó en el epicentro de todas las emociones

CON LA PASIÓN A CUESTAS. Los espectadores tucumanos llevaron su voz de aliento, y sus banderas de apoyo, a las tribunas de Old Lions. El lugar se vio invadido de público después del mediodía. LA GACETA / FOTO DE DIEGO ARAOZ
CON LA PASIÓN A CUESTAS. Los espectadores tucumanos llevaron su voz de aliento, y sus banderas de apoyo, a las tribunas de Old Lions. El lugar se vio invadido de público después del mediodía. LA GACETA / FOTO DE DIEGO ARAOZ
Por Federico Espósito 14 Abril 2013
El centro de Santiago del Estero lució tan tranquilo como siempre, como si nunca se hubiera enterado de la fiesta de jóvenes que se vivía cerca de allí, en Old Lions Rugby Club. La edición 2013 del Argentino Juvenil, el campeonato de menores más importante del país, convocó a miles de aficionados en la "Madre de Ciudades", que durante una semana fue algo así como la capital fáctica de la ovalada.  Ya desde antes de llegar, la ruta de acceso ofrecía una vista panorámica del club, que lucía mucho más vivo que de costumbre.
"Pocas veces vi tanta gente acá", aseguró, sorprendido, un muchacho del club. Sin entrar a indagar en el pasado, el entorno le dio la razón: conseguir un lugar en las tribunas fue cuestión de mucha paciencia y suerte. Sobre todo, cuando el que estaba en la cancha era el seleccionado santiagueño. Hasta las chicas de hockey dejaron sus actividades de lado y se cruzaron hasta la cancha principal para sumar sus gritos.
Si en Tucumán se llovió todo, en Santiago no cayó una gota. Las opciones para resguardarse del impiadoso sol santiagueño no fueron muchas: la sombra de algunos árboles aislados y la de la cantina, que se vio desbordada desde el mediodía por el aluvión humano.
Poco antes de las 15, comenzaron a verse caras conocidas del ambiente ovalado tucumano, tratando de encontrar algún espacio entre los escalones para ver la final de los M17 contra Rosario.
Desde entonces, la tribuna les perteneció a ellos, a los rosarinos y a algunos otros foráneos curiosos. Para el resto, la suerte ya estaba echada y era hora de armar las valijas para volver a casa, luego de disfrutar una gran fiesta.

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