"Bergoglio sufrió mucho con la curia romana y quiere reformarla"

Según el analista Poirier Lalanne, los cambios más fuertes van a pasar por la curia, las finanzas y la conducta de los sacerdotes.

ORACIÓN ESPECIAL. Francisco, de rodillas ante la tumba de San Pedro. REUTERS ORACIÓN ESPECIAL. Francisco, de rodillas ante la tumba de San Pedro. REUTERS
02 Abril 2013

Conoce de cerca el pensamiento del papa Francisco. Fue uno de los presentadores de su libro "Sobre el cielo y la tierra", que recoge los diálogos entre el entonces cardenal primado de Argentina y su amigo Abraham Skorka. Alguna vez se lo cruzó en el subte porteño y fue testigo de su constante rechazo a las invitaciones de acercarlo en auto. "Decía que caminar le permitía conocer más a la gente y su realidad", cuenta el analista José María Poirier Lalanne, director de la revista "Criterio". En Buenos Aires dialogó con LA GACETA.

- ¿Cómo ve al Papa en relación a cuando era cardenal?

- Lo veo más contento, más sonriente, más suelto. Creo que dada la situación en la Argentina él tuvo que sufrir mucho en Buenos Aires. Debió defender a sus sacerdotes, como al padre Pepe Di Paola, porque lo perseguían los cárteles de la droga. La relación con los Kirchner siempre fue mala...

- ¿Cuál fue el origen de la discordia con los Kirchner?

- Siempre tuvieron visiones distintas de la política y de la sociedad. Bergoglio entendía que los Kirchner creaban una crispación en la sociedad que enfrentaba a unos con otros, y pensaba que eso era muy nocivo para la vida social. Si bien no sé cuál fue el comienzo de la discordia, el punto de inflexión fue el primer Tedeum, donde Bergoglio estuvo muy duro; habló sobre la corrupción, y Néstor Kirchner lo tomó como una ofensa personal. Después los Kirchner ya no participaron del Tedeum. Se puede decir que Bergoglio, que siempre tuvo simpatías peronistas, estaba más cerca del peronismo nacional, y si bien en su juventud le interesó mucho el tema, después fue tomando distancia. Pero la Iglesia no se puede explicar totalmente desde un punto de vista político, sino desde otra dimensión, de la gracia y el misterio. Esa dimensión tiene que ser respetada, aunque muchas veces, en los debates entre miembros de la Iglesia y el gobierno esa visión desaparecía.

- ¿Qué cambios se esperan de Francisco en la Iglesia?

En el plano doctrinal no puede haber cambios. Lo que se espera es una reforma de la curia. Él sufrió mucho con la curia romana, porque veía que en vez de ser un puente entre los obispos y el Papa a veces era un impedimento. Por eso creo que él quiere redimensionar la curia, achicarla, descentralizarla y favorecer el encuentro entre el Papa y los obispos. El segundo tema importante es el de las finanzas: ordenar la economía del Vaticano. Y finalmente, dar tolerancia cero a los abusos sexuales. En estos tres grandes temas, que tocó Benedicto, él quiere avanzar, quizás, con más fuerza y una capacidad de gobierno mayor, porque Bergoglio es ajeno a la curia romana, mientras que Benedicto XVI había vivido en ella más de 20 años. No tiene alianzas en la curia y eso lo favorece, sumado a que fue elegido por muchísimos votos. Él no es hombre de discurso, es más bien de acción. Un día nos vamos a enterar de los cambios, cuando ya acontecieron y no fueron tan anunciados.

- Una anécdota...

- En la elección de Benedicto XVI yo estaba en Bogotá. Una revista inglesa me pidió que escribiera un artículo sobre el segundo cardenal más votado, que era el argentino. Yo ahí me preguntaba: ¿qué piensa Bergoglio? Nadie lo sabe exactamente, decía yo. Es un hombre muy reservado, pero además tiene el carácter de los jesuitas. El artículo se publicó y yo me olvidé, pero al tiempo me encontré con Bergoglio. "¿Así que nadie sabe lo que pienso?", se rió. Un obispo inglés me mandó la revista así que me divertí bastante", me dijo. Tiene mucho sentido del humor.

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Descendió a la tumba del más importante de sus antecesores y el lugar lo conmovió 

A Francisco ayer se le ocurrió salirse una vez más de la agenda y visitar la tumba del más importante de sus antecesores. Y no hay dudas de que lo que encontró debajo del altar principal de la Basílica de San Pedro le pegó fuerte: los testigos revelaron que lo conmovió hasta las lágrimas la posibilidad de rezar a metros de los restos de Pedro, el discípulo preferido de Jesús, el primer Papa de la historia.

Luego de la oración Regina Coeli, el Pontífice descendió a la necrópolis que se encuentra debajo de las grutas y de la basílica vaticana, según informó la Santa Sede. Junto a cardenales y religiosos recorrió estas excavaciones y sus asistentes le fueron señalando distintos detalles con una tableta. Pero el momento más emotivo se produjo en la capilla Clementina, el sitio más cercano a la tumba del apóstol (varios metros por debajo del altar de la basílica). Francisco se arrodilló y sus oraciones se mezclaron con la emoción que lo invadió.

Luego subió a las grutas y visitó las tumbas de los papas Juan Pablo I, Pablo VI, Pío XII, Pío XI y Benedicto XV, que están sepultados allí, según la agencia DPA. Juan XXIII y Juan Pablo II también estaban en ese sitio, pero al ser beatificados, sus cuerpos fueron trasladados a la basílica.

Los restos del apóstol Pedro fueron encontrados a mediados del siglo XX. Si bien la tradición católica afirmaba que el primer Papa había sido sepultado allí, Pío XII ordenó excavar en las inmediaciones de la tumba. Los trabajos arrancaron en 1940 y 10 años después se anunció que se habían ubicado los restos: los arqueólogos encontraron una inscripción en griego que decía "Petros eni" (Pedro está aquí) muy cerca de un conjunto de huesos. Desde aquel entonces, ningún Pontífice había descendido hasta ese lugar.

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