Canonizados por la gente

En distintos puntos de la provincia los fieles se dan cita para cumplir promesas y hacer pedidos. Los venerados son desde víctimas de una muerte cruenta hasta ladrones, bebedores y prostitutas. ¿Dónde surgen y qué tienen en común? Cinco historias tucumanas.

16 Mar 2013 Por Ana Daneri
En Latinoamérica el panteón de almas consagradas es más flexible que en otros lugares del mundo. El culto a San la Muerte, al Gauchito Gil, a la Difunta Correa y a los cantantes Gilda y Rodrigo son ejemplos de manifestaciones populares que no pierden vigencia y que convocan muchas veces a multitudes.

¿Qué tienen en común? En primer lugar, no están reconocidos por la Iglesia Católica, aunque sus devotos no sienten contradicción al consagrarse a ambas prácticas. Hay fieles de todas las clases sociales, más allá de que entre los venerados hay delincuentes, prostitutas y bebedores. Son conocidos los casos de Bazán Frías, La Brasilera y El Finado Arrieta. 

Para conocer Gladys Arias, una joven tucumana asesinada en 1986, se diferencia del resto porque es una de las "almitas milagrosas" que llevó una vida virtuosa. Sin embargo recibe, sobre todo, pedidos de tipo sexual o de amores prohibidos, los cuales escapan de lo aceptable por la Iglesia.

En su libro "Cuerpos resplandecientes", María Rosa Lojo, escritora e investigadora del Conicet, explica que los santos populares suelen estar especialmente ligados a las clases más pobres, ya que además de los sufrimientos comunes a toda la sociedad, padecen los malestares derivados de la injusticia y de la marginación.

Otro denominador común entre estos venerados es que si bien en su mayoría no fueron ejemplos de vida, la muerte temprana y en circunstancias trágicas o heroicas actúa popularmente como un símbolo de purificación.

Otra prestigiosa académica que estudió el tema es Griselda Barale, doctora en Filosofía. En su libro "El patrimonio olvidado", ella señala que en la muerte de La Brasilera el agua o el fuego aseguraron el salto ontológico, la transformación de prostituta a santa. De pecadora a milagrera. Hay dos versiones sobre el fin de La Brasilera: ambas concluyen en que murió quemada.

Los santos populares se diferencian de los santos canonizados en que no constituyen modelos a seguir. Sin embargo, aunque la Iglesia no acepta abiertamente este tipo de expresiones de fe, tampoco las rechaza del todo.

Según Darío Monteros, párroco de La Resurrección del Señor, la capilla emplazada en el Cementerio del Norte, el fenómeno de la devoción popular debe ser respetado porque habla de una inquietud espiritual de la gente. "Hay que canalizarlo, trabajarlo y acompañarlo", opina, en diálogo con LA GACETA.

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