Bergoglio, un moderado crítico del kirchnerismo

Bergoglio, un moderado crítico del kirchnerismo

Cuestionó el matrimonio homsexual, la pelea con el campo y el clima de "crispación".

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Fue una sorpresa absoluta, un impacto conmocionante para muchos argentinos y probablemente para una gran parte de Latinoamérica. Jorge Bergoglio, argentino, hijo de la Compañía de Jesús (se considera a la órden como la vanguardia intelectual de la iglesia, permanentemente preocupados por la renovación interna del catolicismo y sus religiosos) fue elegido sucesor de Pedro.

Será  el primer papa Latinoaméricano en la historia de la Iglesia; una región donde los católicos integran la religión con mayor número de creyentes. El arzobispo de Buenos Aires no estaba entre ninguna de las quinielas para alcanzar el sillon de San Pedro en el Vaticano; aquel informe del cónclave que eligió a Joseph Ratzinger en 2005, que lo situaba como el hombre que disputó la postulación a Papa con el cardenal alemán, parecía ya lejano. Pero en un punto, es evidente que el Colegio Cardenalicio esta vez siguió esa lógica: ahora votó masivamente por el hombre que había cedido ese lugar a Benedicto XVI.

La primera diferencia que habría marcar entonces es que no forma parte del "mundo" Ratzinger y tampoco de la estructura tradicional del Vaticano, como con la teología de la liberación o el tercermundismo. Es ante todo, un dialoguista, un hombre de posiciones eclesásticas moderadas, considerado un reformista de gran apertura, con experiencia política e institucional, pero ante todo reservado, humilde que hasta viaja en el transporte público de Buenos Aires que vive en un departamento y no en las residencias de la curia porteña. Fue citado como testigo a declarar en un juicio por los crímenes de la dictadura, pero él siempre negó cualquier participación en esos casos.

Bergoglio nació en la ciudad de Buenos Aires el 17 de diciembre de 1936, es hijo de un matrimonio de italianos formado por Mario Bergoglio (empleado ferroviario) y Regina (ama de casa). Son ampliamente conocida las diferencias que mantuvo con la presidenta Cristina Fernández y su antecesor, Néstor Kirchner, con quienes desarrolló una relación fría, distante, envueltas en polémicas y disidencias. Temas como la pobreza, el matrimonio entre personas de un mismo sexo, la pelea con el campo y el clima de crispación, fueron objeto de cuestionamientos, que tuvieron respuesta de un oficialismo que no deja pasar las crítica.

Tras asumir Kirchner, el entonces arzobispo de Buenos Aires planteó en un tedeum del 9 de Julio una dura visión sobre la pobreza; el presidente y luego su sucesora, decidieron no asistir a esos oficios religiosos posteriormente, como respuesta al mensaje de Bergoglio. Fue el comienzo de una relación tensa y difícil que se incrementó con las diferencias sobre el matrimonio homosexual. Crítico de la corrupción, en unos de sus mensajes, impulsó un cambio en la "sociedad que afronta realidades destructoras" y advritió que los argentinos "se están acostumbrados a convivir con los efectos demoníacos del imperio del dinero, como la droga, la corrupción y la trata de personas". 

Es probable que este acontencimiento absolutamente imprevisto haya generado un escosor en el gobierno, pero a partir a ahora se comienza a tener por delante una relación política-institucional que habrá que seguir con particular atención. El pastor de los católicos del planeta, el heredero de Pedro, tiene como nadie se habría imaginado un lugar excepcional en el mundo para hacer oir su voz, sus advertenicas, sus reclamos.

Será el Papa el que hable y no el arzobispo de la ciudad de Buenos Aires. Aunque una relación directa con los argentinos también quedará diluida, toda vez que su misión es mucho más grande, su visión tendrá aqui el componente de que marca el rumbo para los argentinos. De momento la Presidenta le envió un telegrama en el que le "desea una fructífera tarea pastoral" y ha prometido asistir a la asunción formal, un gesto formal y diplomático que bien podría querer marcar también un cambio. LA GACETA

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