La amistad de María Elena y Victoria

Una relación particular tejida con afinidades y diferencias.

POR LOS VÍNCULOS EPISTOLARES. La correspondencia entre Victoria Ocampo y María Elena Walsh revela un diálogo cómplice. LANACION.COM.AR
POR LOS VÍNCULOS EPISTOLARES. La correspondencia entre Victoria Ocampo y María Elena Walsh revela un diálogo cómplice. LANACION.COM.AR
10 Marzo 2013

 Compilación

MARÍA ELENA WALSH EN LA CASA DE DOÑA DISPARATE

SARA FACIO Y ERNESTO MONTEQUIN (idea y dirección)

(Alfaguara/Villa Ocampo UNESCO-Buenos Aires)

"Querida María Elena Walsh: Te escribe Doña Disparate". Así comienza el comentario que en 1962 publica Victoria Ocampo en la revista Sur, a propósito de "Canciones para mirar", espectáculo de María Elena que incluía la famosa canción de Doña Disparate. No es extraño que el comentario adopte la forma de una carta, como una más de las muchas cartas que en efecto intercambiaron estas dos mujeres excepcionales.

El gran mérito del libro es sacar a la luz ese epistolario inédito, que deja entrever los vaivenes de una poco conocida amistad. Una amistad sustentada en la admiración mutua y en una afinidad capaz de mitigar las enormes diferencias que distancian a las autoras. En sus cartas Victoria no se cansa de manifestar a María Elena cuánto la conmueven su poesía y su "idioma de la infancia", la invita además a sus almuerzos, le propone uno que otro proyecto conjunto, reclama cariñosamente su presencia, le desnuda a veces cierto sentimiento de "cansancio y descreimiento". María Elena contesta siempre agradeciendo aunque rebelándose ante las insistencias de un amadrinamiento cultural que probablemente no desea ni necesita, o burlándose un poco -sin abandonar el "usted"- de su aristocrática amiga ("difícil nos resultaría invitarla a tomar el té, ya que tenemos miedo de no poder preparar uno a la altura de su gusto, y tendríamos que seguir cursos previos en Inglaterra"). Pero le expresa siempre su afecto, sobre todo cuando sabe que Victoria está sola o enferma.

Contrastes
El excelente prólogo de Leopoldo Brizuela ilumina ese vínculo de afinidad en la diferencia, al igual que las fotografías -otra valiosa revelación del libro- que proponen un interesante contrapunto al mostrar, por ejemplo, a una Victoria madura e imponente en pleno auge de Sur durante la década de 1950, junto a una María Elena casi adolescente sosteniendo un ejemplar de La peste editado precisamente por Sur; o a Victoria, ya en sus últimos y difíciles años, sentada sola en la galería de su casona de Mar del Plata, junto a la imagen de una vitalísima María Elena, en la misma época, navegando y sonriendo al viento en pose intrépida.

El volumen reúne también las colaboraciones (poemas, artículos, reseñas) publicadas ocasionalmente por María Elena en Sur, así como la nota -una suerte de desagravio- que por "espíritu de justicia" difunde en Clarín a poco de la muerte de su amiga. Reivindica allí el feminismo y la no violencia que había predicado Victoria. Una clave, quizás, de la particular amistad que este libro viene a descubrir.

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© LA GACETA

SOLEDAD MARTÍNEZ ZUCCARDI

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