12 Mayo 2002 Seguir en 
"Era la primera clase de un curso de psicoterapia que impartía a psiquiatras que estaban en el tercer año de residencia en el hospital.-¿De qué manera -pregunté en voz muy alta- quisiera cada uno de vosotros ser grande?
Hice la pregunta en parte para animar el ambiente y para poder conocerlos a todos mejor, pero también porque me intrigaba la pregunta en sí, ya que quería averiguar en qué medida la trayectoria profesional de las mujeres estaba determinada por sus posibilidades de ser capaces o no de soñar con la grandeza.
Los hombres del grupo dieron una variedad de respuestas que reflejaban una combinación de metas personales y profesionales. Sin embargo, casi todos dijeron que querían ser grandes psiquiatras. Seis de las siete mujeres del grupo contestaron:
-Quiero ser una gran madre.
Y sólo una dijo:
Quiero ser una gran médica y una gran madre.
Las respuestas de las estudiantes me causaron una gran sorpresa. Dadas sus características, su incapacidad para soñar con la grandeza profesional me dejó verdaderamente pasmada. Por término medio rondaban los treinta años. Todas se habían diplomado de licenciaturas de cuatro años con notas excelentes, y después finalizado los cuatro años de la escuela de medicina. Y en ese momento cursaban el tercer año de los cuatro que dura la residencia.
Eran mujeres que se habían sacrificado mucho para sacar adelante su educación y sus carreras, y todas estaban a punto de comenzar, por fin, a recoger los frutos de su inmensa inversión personal. En dos años, cada una de ellas ejercería la profesión de médica. Con firmeza y disciplina, y desarrollando su potencial, podrían llegar a ser grandes médicas. Sin embargo, después de veintitrés años de educación académica, algo limitaba ahora su capacidad para reconocer y llevar a la práctica sus ambiciones en toda su magnitud.En un principio, seguramente habían estado motivadas por una gran ambición. Por lo tanto, ¿qué es lo que les estaba sucediendo? ¿Se habían desgastado tanto a lo largo del extenso período académico que estaban perdiendo gradualmente el interés? ¿O quizá se habían quedado atrapadas de tal manera por las presiones, necesidades y placeres propios de la vida en familia que necesitaban limitar sus aspiraciones? Y de ser así, ¿por qué no les sucedía lo mismo a sus homólogos masculinos? ¿Habían llegado a ser sus talentosas vidas en búsqueda del desarrollo de su plano potencial demasiado agobiantes, conflictivas y poco adecuadas a las circunstancias como para seguir siendo fieles a su proyecto? Ante mis ojos tenía la personificación del camino que siguen normalmente las ambiciones femeninas.
Este libro se ocupa de la barrera psicológica que nosotras, las mujeres, construimos inconscientemente en el interior de nuestras mentes. Una barrera que, a pesar de ser invisible, afecta todas y cada una de las decisiones que tomamos en nuestras carreras, y define nuestras vidas mucho más de lo que lo haría cualquier otra barrera externa".
Hice la pregunta en parte para animar el ambiente y para poder conocerlos a todos mejor, pero también porque me intrigaba la pregunta en sí, ya que quería averiguar en qué medida la trayectoria profesional de las mujeres estaba determinada por sus posibilidades de ser capaces o no de soñar con la grandeza.
Los hombres del grupo dieron una variedad de respuestas que reflejaban una combinación de metas personales y profesionales. Sin embargo, casi todos dijeron que querían ser grandes psiquiatras. Seis de las siete mujeres del grupo contestaron:
-Quiero ser una gran madre.
Y sólo una dijo:
Quiero ser una gran médica y una gran madre.
Las respuestas de las estudiantes me causaron una gran sorpresa. Dadas sus características, su incapacidad para soñar con la grandeza profesional me dejó verdaderamente pasmada. Por término medio rondaban los treinta años. Todas se habían diplomado de licenciaturas de cuatro años con notas excelentes, y después finalizado los cuatro años de la escuela de medicina. Y en ese momento cursaban el tercer año de los cuatro que dura la residencia.
Eran mujeres que se habían sacrificado mucho para sacar adelante su educación y sus carreras, y todas estaban a punto de comenzar, por fin, a recoger los frutos de su inmensa inversión personal. En dos años, cada una de ellas ejercería la profesión de médica. Con firmeza y disciplina, y desarrollando su potencial, podrían llegar a ser grandes médicas. Sin embargo, después de veintitrés años de educación académica, algo limitaba ahora su capacidad para reconocer y llevar a la práctica sus ambiciones en toda su magnitud.En un principio, seguramente habían estado motivadas por una gran ambición. Por lo tanto, ¿qué es lo que les estaba sucediendo? ¿Se habían desgastado tanto a lo largo del extenso período académico que estaban perdiendo gradualmente el interés? ¿O quizá se habían quedado atrapadas de tal manera por las presiones, necesidades y placeres propios de la vida en familia que necesitaban limitar sus aspiraciones? Y de ser así, ¿por qué no les sucedía lo mismo a sus homólogos masculinos? ¿Habían llegado a ser sus talentosas vidas en búsqueda del desarrollo de su plano potencial demasiado agobiantes, conflictivas y poco adecuadas a las circunstancias como para seguir siendo fieles a su proyecto? Ante mis ojos tenía la personificación del camino que siguen normalmente las ambiciones femeninas.
Este libro se ocupa de la barrera psicológica que nosotras, las mujeres, construimos inconscientemente en el interior de nuestras mentes. Una barrera que, a pesar de ser invisible, afecta todas y cada una de las decisiones que tomamos en nuestras carreras, y define nuestras vidas mucho más de lo que lo haría cualquier otra barrera externa".
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