Las clases comenzaron bajo un árbol, siguieron en un viejo tranvía y hoy ya está la escuela

MISA EN LA CAPILLA. Los padres carmelitas descalzos ofician una misa para los niños y sus familiares, en el barrio Juan XVIII (La Bombilla).
MISA EN LA CAPILLA. Los padres carmelitas descalzos ofician una misa para los niños y sus familiares, en el barrio Juan XVIII ("La Bombilla").
Por Magena Valentié 31 Octubre 2012

Abrió sus ojitos y miró los rostros de cada uno de los chicos del barrio. Ellos le respondieron con una sonrisa pícara.

Hace 49 años el barrio Juan XXIII -"La Bombilla", como todos la conocen- era mucho más pobre de lo que es ahora... y no había droga. Tampoco escuela. Dos catequistas de la parroquia San Juan de la Cruz plantearon a los padres carmelitos descalzos la necesidad de llevar la Palabra de Dios a los chicos. Pero cuando llegaron al barrio descubrieron que ni los niños ni los adolescentes sabían leer ni escribir. Entonces se dedicaron a alfabetizarlos.

Por suerte las dos eran maestras. "Las clases comenzaron a la sombra de un árbol. Y algunas veces se dictaban en los ranchos de las familias. ¡Hasta que hallaron un viejo vagón de tranvía, que les sirvió de refugio! Al poco tiempo las catequistas le propusieron al fraile Marceliano Cerezo Vicente crear un centro educativo para albergar a más niños. Fue así que se levantó una pequeña casilla prefabricada, y allí se siguió dictando clases", relata el padre Pablo Ureta, uno de los cuatro frailes de la comunidad de carmelitos descalzos.

Corría la década del 60. Bajo la mirada del Niño Jesús de Praga, cuya devoción fue iniciada y propagada por la comunidad carmelita, el escenario de las maestras y de los chicos mejoraba día a día. Al árbol le siguió el tranvía y a este la casilla de madera, hasta que por fin se levantó la capilla Niño Jesús de Praga. Al principio fue capilla-escuela. "Los ambientes estaban separados por una cortina", ilustra el padre Pablo. A su lado, el padre Marceliano, que ya tiene 87 años, mira con serena satisfacción la obra que comenzó hace casi medio siglo. El viernes, este cura nacido en Salamanca concelebró junto a los otros frailes una misa en acción de gracias en el corazón de "La Bombilla", donde se levanta la escuela (Thames 1.280, casi Chile).

Desde jardín de infantes
Allí concurren 220 chicos en turnos mañana y tarde. Casi todo el barrio Juan XXIII pasó por esta escuela, que cuenta con jardín de infantes y nivel primario hasta 6° grado. Cuando egresan los alumnos pasan al secundario "Solidaridad y Paz", que queda al lado del colegio. Antes o después de clases los chicos almuerzan en el comedor de la parroquia.

El mundo roto
La misa no es como cualquier otra. Es la festividad del Niño Jesús de Praga y está llena de simbolismos. El padre Ureta preside la ceremonia y levanta un globo terráqueo al que le falta la cuarta parte y tiene pegados muchos papelitos con mensajes escritos.

"Es un trabajo que realizamos con las familias de los chicos. Les mostramos este mundo roto, como símbolo de nuestra realidad, y les preguntamos qué podemos hacer por él", explica el director de la escuela, Rolando Gutiérrez. "Muchas mamás reconocieron que el barrio ha mejorado mucho porque ahora tiene asfalto e iluminación. Pero están preocupadas porque la droga, la delincuencia y la prostitución rompen su mundo, que es el barrio", dice con tristeza.

Durante toda la semana los chicos y sus familias trabajaron sobre la mirada del Niño Jesús. "No dejen de mirarlo nunca para que aprendamos a mirar como Él", insta el padre Pablo a niños y padres que participan de la misa. En las paredes del patio de la escuela hay afiches con los trabajos de los alumnos. Por ejemplo, dibujaron miradas de sorpresa, de tristeza, de alegría, de amor. El lema de la semana es "Cuando me miras ¿quién dices que soy?"

La orquesta del barrio y el grupo Música Esperanza -integradas por chicos del barrio y de la escuela- le ponen ritmo a la ceremonia, que continúa después de la misa.

Honrar a la infancia
El padre Ureta resalta la figura del Niño Jesús. "El mensaje que le damos al barrio es que cuando una comunidad es capaz de cuidar a la infancia, y de honrarla en todas sus necesidades, entonces puede levantarse de su postración, y sus niños ver con más esperanza el futuro", reflexiona. Este es el sentido que le dan los padres carmelitos descalzos a la devoción, un sentido comprometido con la realidad.

"Si yo miro el fondo de tus ojos tiernos/Se me borra el mundo con todo su infierno. /Se me borra el mundo y descubro el cielo/ Cuando me zambullo en tus ojos tiernos". La canción "Ojos de cielo", de Víctor Heredia, inunda la escuela.

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En las paredes se leen algunos mensajitos que dejaron para el Niño Jesús los chicos de 4° grado. "Niñito: ayudá a mi hermano que está accidentado" (Facundo). "Niñito: te pido que me hagas un niño feliz" (Isac Emanuel).




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