28 Octubre 2012 Seguir en 
Bartimeo tenía la ceguera del cuerpo pero veía con la luz de la fe. Hay otros que tienen los ojos muy abiertos para ver pero están ciegos del alma. De esta clase de ceguera son las que abundan en las calles de nuestras ciudades, son aquellos que han perdido la fe. Están enredados en el pecado y por no desenredarse se van alejando de la vida de la gracia.
Hay otra clase de estos, que tienen fe intelectual, pero no la llevan a la práctica. Son los que "consejos vendo y para mí no tengo", son exigentes con los demás pero para ellos se han fabricado una religión a su capricho; una moral acomodada a su vida. Ellos son los que disciernen lo que es pecado y lo que no es.
Otra ceguera muy frecuente es la deformación de la conciencia. Muchas veces no queremos romper con la práctica religiosa, no nos atrevemos a prescindir completamente de Dios; por eso buscamos los medios de acallar la conciencia y seguir siendo religiosos. El procedimiento es sencillo. Nos formamos una moral a nuestro gusto, nos convencemos de que no es pecado lo que no queremos dejar. Los ciegos abundan cada día más, podría decirse que la ceguera espiritual es una epidemia moderna. La incredulidad, el indiferentismo se nutre principalmente en los hombres cuya raíz de la enfermedad es la soberbia.
La Fe nos hace ver
Lo que era más importante en el relato del evangelio es que Bartimeo tenía una fe de las que mueven montañas. Así se explica que, tan pronto le contestaron que aquel bullicio era debido a que pasaba por allí Jesús de Nazaret, comenzase a gritar: "Hijo de David, ten compasión de mí".
Ninguno de nosotros -de haber podido- le hubiera dejado en su situación; Jesús, mucho menos. Por eso le mandó llamar. Bartimeo dio el salto más grande y más alegre de su vida. Puesto delante de Jesús, este le pregunta lo que ya sabía, porque era obvio. ¿Qué iba a querer sino dejar de ser ciego y comenzar a ver? Pero Jesús quería demostrarle y hacer ver a los demás que si es Él quien hace los milagros, la fe es el camino por el que transita su omnipotencia. Lo más natural y lógico era que Jesús dijese y hiciese lo que dijo e hizo: "Tu fe te ha curado". Y Comenzó a ver. San Marcos, como siempre, añade un detalle precioso: Bartimeo no se fue a su casa, sino que siguió a Jesús. Fe y seguimiento: ¡qué síntesis tan maravillosa de la vida cristiana!
Reflexionemos
Seguramente que Bartimeo se curó de su ceguera física y no padeció la enfermedad de la ceguera de espíritu porque siguió a Jesús, y el que lo sigue no camina en tinieblas sino que tiene la luz de la vida. "Señor, una súplica te hacemos este domingo: que nos cures a tantos ciegos que estamos descreídos, escépticos. Que tengamos la humildad de acudir a ti como lo hizo Bartimeo para volver a ver con los ojos nuevos de la fe".
Hay otra clase de estos, que tienen fe intelectual, pero no la llevan a la práctica. Son los que "consejos vendo y para mí no tengo", son exigentes con los demás pero para ellos se han fabricado una religión a su capricho; una moral acomodada a su vida. Ellos son los que disciernen lo que es pecado y lo que no es.
Otra ceguera muy frecuente es la deformación de la conciencia. Muchas veces no queremos romper con la práctica religiosa, no nos atrevemos a prescindir completamente de Dios; por eso buscamos los medios de acallar la conciencia y seguir siendo religiosos. El procedimiento es sencillo. Nos formamos una moral a nuestro gusto, nos convencemos de que no es pecado lo que no queremos dejar. Los ciegos abundan cada día más, podría decirse que la ceguera espiritual es una epidemia moderna. La incredulidad, el indiferentismo se nutre principalmente en los hombres cuya raíz de la enfermedad es la soberbia.
La Fe nos hace ver
Lo que era más importante en el relato del evangelio es que Bartimeo tenía una fe de las que mueven montañas. Así se explica que, tan pronto le contestaron que aquel bullicio era debido a que pasaba por allí Jesús de Nazaret, comenzase a gritar: "Hijo de David, ten compasión de mí".
Ninguno de nosotros -de haber podido- le hubiera dejado en su situación; Jesús, mucho menos. Por eso le mandó llamar. Bartimeo dio el salto más grande y más alegre de su vida. Puesto delante de Jesús, este le pregunta lo que ya sabía, porque era obvio. ¿Qué iba a querer sino dejar de ser ciego y comenzar a ver? Pero Jesús quería demostrarle y hacer ver a los demás que si es Él quien hace los milagros, la fe es el camino por el que transita su omnipotencia. Lo más natural y lógico era que Jesús dijese y hiciese lo que dijo e hizo: "Tu fe te ha curado". Y Comenzó a ver. San Marcos, como siempre, añade un detalle precioso: Bartimeo no se fue a su casa, sino que siguió a Jesús. Fe y seguimiento: ¡qué síntesis tan maravillosa de la vida cristiana!
Reflexionemos
Seguramente que Bartimeo se curó de su ceguera física y no padeció la enfermedad de la ceguera de espíritu porque siguió a Jesús, y el que lo sigue no camina en tinieblas sino que tiene la luz de la vida. "Señor, una súplica te hacemos este domingo: que nos cures a tantos ciegos que estamos descreídos, escépticos. Que tengamos la humildad de acudir a ti como lo hizo Bartimeo para volver a ver con los ojos nuevos de la fe".
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