Ezequiel Torres y Pablo Lampasone son pesimistas con causa. Los guardianes de la plaza Urquiza cuentan que las sufrieron todas: banditas adolescentes que se juntan a tomar alcohol y a drogarse, dañinos consuetudinarios (entre los que hay muchos adultos) y hasta chicos que encienden fogatas en el piso antigolpes del sector de juegos, solo por nombrar algunos problemas del paseo de barrio Norte. Hablan con Juan Carlos Lezcano, el cuidador de la Belgrano, y son contundentes: están convencidos de que los que peor tratan a las plazas son los skaters.
Lezcano está preocupado: los cultores del deporte de la tabla aparecieron por barrio Sur en cuanto la obra terminó. Y dice que cada vez son más. Pero al cuidador le cuesta entender que de nada servirá que intente correrlos. La solución le corresponde a personas con muchísima más responsabilidad que él.
El skate es un deporte intrínsecamente urbano. A tal punto que pierde sentido si no se lo practica sobre el cemento de la ciudad. Obviamente, la intención de sus cultores (por lo menos de la mayoría) no es romper los sitios en los que lo practican; sería tan ridículo como que los futbolistas le prendan fuego al césped de la cancha en la que juegan. Igual, es innegable que sus tablas hacen daño.
¿La solución? Una pista pública de skate de las buenas. En la Municipalidad argumentan que construyeron una en la plazoleta Nicolás Levalle, en Mate de Luna al 3.000. Pero tras su inauguración, muchos patinadores se sintieron defraudados. A tal punto que en junio realizaron una marcha para pedir que su deporte sea tenido en cuenta. En Tucumán hay una pista privada, pero no todos pueden pagarla. Y, mientras no exista alguna pública que contemple las necesidades del deporte, Lezcano y el resto de los placeros seguirán renegando con los chicos que solo cuentan con las plazas para practicar sus saltos.
Lezcano está preocupado: los cultores del deporte de la tabla aparecieron por barrio Sur en cuanto la obra terminó. Y dice que cada vez son más. Pero al cuidador le cuesta entender que de nada servirá que intente correrlos. La solución le corresponde a personas con muchísima más responsabilidad que él.
El skate es un deporte intrínsecamente urbano. A tal punto que pierde sentido si no se lo practica sobre el cemento de la ciudad. Obviamente, la intención de sus cultores (por lo menos de la mayoría) no es romper los sitios en los que lo practican; sería tan ridículo como que los futbolistas le prendan fuego al césped de la cancha en la que juegan. Igual, es innegable que sus tablas hacen daño.
¿La solución? Una pista pública de skate de las buenas. En la Municipalidad argumentan que construyeron una en la plazoleta Nicolás Levalle, en Mate de Luna al 3.000. Pero tras su inauguración, muchos patinadores se sintieron defraudados. A tal punto que en junio realizaron una marcha para pedir que su deporte sea tenido en cuenta. En Tucumán hay una pista privada, pero no todos pueden pagarla. Y, mientras no exista alguna pública que contemple las necesidades del deporte, Lezcano y el resto de los placeros seguirán renegando con los chicos que solo cuentan con las plazas para practicar sus saltos.







