El calor se impuso con claridad

La elevada temperatura transformó al Monumental en un infierno durante la siesta.

EL MOMENTO TAN ESPERADO. Gabriel Méndez le arroja agua en la cabeza a Federico Almerares. César Montiglio y Matías Ballini toman un poco de aire con el líquido en sus manos. LA GACETA / FOTO DE FRANCO VERA
EL MOMENTO TAN ESPERADO. Gabriel Méndez le arroja agua en la cabeza a Federico Almerares. César Montiglio y Matías Ballini toman un poco de aire con el líquido en sus manos. LA GACETA / FOTO DE FRANCO VERA
Gustavo Rodríguez
Por Gustavo Rodríguez 17 Septiembre 2012
Las voces de queja de las patronas se hicieron sentir en todos lados. A los hinchas no les importó el malhumor reinante. Dejaron el hogar para alentar a su Atlético querido y no tuvieron ningún problema en afrontar el infierno que se pronosticaba para presenciar el encuentro entre el equipo de sus amores y Gimnasia y Esgrima La Plata, uno de los candidatos del certamen. Pero hubo un invitado de piedra que arruinó todo: el calor.

Los 32,5 grados que registraron los termómetros en pleno partido golpearon con dureza. Los simpatizantes aguantaron estoicamente los rayos del sol se clavaban en sus cuerpos y calentaban las tribunas de cemento. Los jugadores terminaron destruidos a pesar de que el encuentro fue detenido dos veces para que se refrescaran. Y, como no podía ser de otra manera, también perdió el fútbol porque el espectáculo fue apenas discreto.

A saber. Los dos goles se marcaron a través de pelotas paradas. Los dos fueron convertidos antes de los 10 minutos de cada tiempo, cuando los protagonistas estaban con sus reservas físicas completas. El encuentro fue un tormento para los que estaban dentro y fuera del campo. Los futbolistas, que parecían jugar con botines de plomo, hacían difíciles las fáciles y, con suerte, lograron dar tres pases seguidos en forma correcta. El hincha, que se cocinaba a fuego lento en las tribunas, renegaba porque además del calor, tenía que bancarse semejante maltrato a la pelota.

Los protagonistas, además de las concebidas y ciertas frases que perjudicó a los dos, también tiraron algunos datos importantes. "Fue insoportable", destacó Deivis Barone. "La verdad es que tenía ganas de tirarme en el campo con la boca abierta para que me refresquen cuanto antes", reconoció Facundo Oreja, que sabe lo que son las siestas tucumanas.

Fue tanto el castigo solar que sufrieron los fanáticos "decanos" que ni siquieran protestaron porque el equipo sumó su tercer empate consecutivo -dos al hilo en casa- y que el sábado se viene Rosario Central, otro cuco. Estaban desesperados por llegar a casa para refrescarse, con seguridad, luego de bancarse el reclamo de la patrona.

Comentarios