19 Agosto 2012 Seguir en 
"Hay un desprecio hacia la vida de uno y la vida del otro", sostiene la psicóloga Rosa Alastuey, directora del Departamento de Prevención y Asistencia de la Violencia Familiar, de la Dirección de Niñez, Adolescencia y Familia del Ministerio de Desarrollo Social de la Provincia.
En casos de abuso sexual, la especialista prefiere hablar de una violación "emocional y sexual", donde las secuelas suelen ser para toda la vida y las víctimas necesitan terapia permanente. "Después de un hecho semejante, siempre va a estar presente el fantasma de la vulnerabilidad; todo el fenómeno degradante y humillante va a perseguir a la víctima durante toda su vida porque se ha alterado su integridad", explica.
Alastuey destaca que vivimos en tiempos donde se ha incrementado la violencia en todos sus aspectos: intrafamiliar, social, escolar. "En todos los espacios, el discurso está plagado de violencia. No hay lugar para el reconocimiento del otro, hemos pasado de un tiempo violento de represión total (la dictadura) a un extremo totalmente contrario, pero que tampoco deja de ser violento", afirma.
En ese sentido, la especialista critica que los padres de hoy suelen ser demasiado permisivos. "Muchas veces se quejan de no poder manejar a sus hijos y esto es grave. En la institución escolar pasa lo mismo. ¿No será que los padres dejaron esa autoridad de lado?", se pregunta.
Según su mirada, los adolescentes necesitan que los contengan. "Estamos atravesando una profunda crisis social que tiene que ver con los valores y la afectividad, hoy los chicos no tienen tiempo de procesar nada, no piensan y ahí nacen las conductas impulsivas". Pero el mayor problema, opina, es la falta de compromiso social.
En casos de abuso sexual, la especialista prefiere hablar de una violación "emocional y sexual", donde las secuelas suelen ser para toda la vida y las víctimas necesitan terapia permanente. "Después de un hecho semejante, siempre va a estar presente el fantasma de la vulnerabilidad; todo el fenómeno degradante y humillante va a perseguir a la víctima durante toda su vida porque se ha alterado su integridad", explica.
Alastuey destaca que vivimos en tiempos donde se ha incrementado la violencia en todos sus aspectos: intrafamiliar, social, escolar. "En todos los espacios, el discurso está plagado de violencia. No hay lugar para el reconocimiento del otro, hemos pasado de un tiempo violento de represión total (la dictadura) a un extremo totalmente contrario, pero que tampoco deja de ser violento", afirma.
En ese sentido, la especialista critica que los padres de hoy suelen ser demasiado permisivos. "Muchas veces se quejan de no poder manejar a sus hijos y esto es grave. En la institución escolar pasa lo mismo. ¿No será que los padres dejaron esa autoridad de lado?", se pregunta.
Según su mirada, los adolescentes necesitan que los contengan. "Estamos atravesando una profunda crisis social que tiene que ver con los valores y la afectividad, hoy los chicos no tienen tiempo de procesar nada, no piensan y ahí nacen las conductas impulsivas". Pero el mayor problema, opina, es la falta de compromiso social.
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