Las familias de los héroes piden contención

CONCIENCIA. En Tucumán, la cifra de donantes creció notablemente. HCVSINFRONTERAS.ORG.AR
CONCIENCIA. En Tucumán, la cifra de donantes creció notablemente. HCVSINFRONTERAS.ORG.AR
01 Julio 2012
Son héroes anónimos. Y la mayoría se va al descanso eterno sin saberlo. Los donantes de órganos permiten que gane la vida. Regalan sonrisas, esperanzas, sueños. Sus nombres quedan plasmados en una lista silenciosa. Y nunca nadie más se acuerda de ellos (excepto sus familiares). La odisea por la que pasan sus seres queridos está llena de angustias, dolor, espera y soledad. Por eso, en estos años en los que hay récords históricos de donaciones y trasplantes, ellos piden que les den el lugar que se merecen: quieren más asistencia y más acompañamiento a la hora de decidir extender en otros la vida de quien acaban de perder.

En algunas provincias ya se han formado ONG de familiares de donantes. En Tucumán, hay acciones aisladas. Son pocos los que se animan a hablar de los sinsabores de este acto de altruismo. Víctor Manuel Vega es uno de ellos. Su padre, Manuel Jesús Vega, de 65 años, murió el 16 de mayo. Sufrió un ACV (accidente cerebro vascular) dos horas antes de ser sometido a una cirugía laparoscópica de vesícula, en el Centro de Salud.

Tren de demoras

"Estuvo varios días internado. Nunca nos imaginamos este final. El médico nos dijo que era irreversible. Quienes nos avisaron de que ya no había vuelta atrás fueron los médicos del Cucai Tucumán. Me pareció raro. Nos preguntaron si alguna vez habíamos hablado de donar órganos. En ese momento hubo muy poca psicología para hablarnos. Fue brusco, muy duro para nosotros. Y yo dije que sí, pero que teníamos que hablarlo con mis hermanos; somos seis en total. Al principio había uno de ellos que se oponía, pero dijo que haría lo que dispusiera la mayoría. Mi papá, que fue comerciante toda la vida en Villa 9 de Julio, fue una persona muy solidaria siempre. Lo pensamos por ese lado. En ese momento empezaron a hacerle estudios para ver si era posible que sea donante. A las 21 murió", recuerda.

"La gente del Cucai nos dijo que nos entregarían el cuerpo a las 14 del día siguiente y nos prometió que nos tendrían al tanto en forma telefónica. Nos fuimos con esa información a preparar el sepelio, a avisarles a los familiares de otras provincias. Estábamos agotados, hacía ocho días que no descansábamos", describió Víctor, empleado de comercio y padre de familia.

Detrás de su mirada calma hay algo de enojo. En realidad, según aclara, se sintió defraudado. "Nadie me llamó. Al día siguiente, cuando llegué al hospital me dijeron que faltaba un estudio y que todo terminaría a las 16. Después me dijeron a las 17. Al final, era que nos entregaban el cuerpo a las 20. A todo esto ya habían llegado familiares de todas partes. Todos esperábamos para el velorio. Luego me informan que había una emergencia nacional por hígado y que había que esperar que llegara un equipo médico en un avión sanitario. Ahí me prometieron que el cuerpo me lo iban a entregar a las 23, en buenas condiciones para ser velado. En ese momento entré en desesperación y estaba solo; nadie me dio contención", explica.

Más contratiempos

Esa noche parecía eterna, según Víctor. "A las 22 recibí la única llamada del Cucai, que me informaba que había tenido un problema el avión sanitario y que iba a haber un retraso en el procedimiento. Me sentí muy mal cuando me avisaron que recién al otro día, a las 6 de la mañana iba a terminar todo. Ya no creía en nada", cuenta el hombre, mientras se le desarma la voz y los ojos se le ponen vidriosos.

A esa hora, en el hospital, Víctor se contactó con los médicos del Argerich que habían llegado hasta Tucumán para llevarse los órganos de su padre. "Me dijeron que todo fue un éxito y se fueron. No se imaginan el dolor que sentí al ver a mi padre en el estado en el que lo dejaron. No era él. Así que tuve que encargarle a la empresa de sepelio que lo maquillaran. Fueron dos horas más de espera", resaltó.

Esa misma mañana, toda la familia leyó en LA GACETA que la donación multiorgánica de un tucumano le salvaría la vida a tres personas (le sacaron los riñones, el hígado, los miembros superiores e inferiores, las córneas, el corazón y los tejidos). "Me sentí muy orgulloso aunque no haya salido su nombre. Estoy a favor de la donación y no me arrepiento de lo que hice con mi padre. Pero sufrí mucho. Esto me marcó para siempre y no debería ser así. Estuve muchas horas esperando un cuerpo que supuestamente me iban a entregar en 15 horas. Nunca tuve ayuda ni contención. Creo que los profesionales se dedican totalmente a las cuestiones científicas de una ablación y no a lo humano", resalta.

Mensaje

Víctor se va caminando despacio, como si algo le pesara en los hombros; arrastra los pies y mantiene los ojos fijos hacia el piso. Eso sí, no baja los brazos y alienta a todos a no hacerlo, a seguir luchando para que la donación de órganos aumente y así se salven más vidas.

"Si hablo de esto es porque quiero que cambie, que otras familias no sufran lo que nosotros sufrimos -advirtió-. Que los profesionales te digan con claridad cuántas horas vas a tener que esperar. Y que si se equivocan, pidan perdón".

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