Propinas: los precios aumentaron, pero ¿le dejás más dinero al mozo o al maletero?
¿Hay que dejar el 10% del total de la cuenta? ¿Debés darle algo al que te abre la puerta del taxi? ¿Y al que te baja los bolsos? ¿Sabías que en la peluquería también esperan una gratificación? Hoy más que nunca la propina está en crisis. Quienes suelen recibirla aseguran que ya no les permite hacer la diferencia y que apenas les alcanza para algún gasto diario.Los maleteros de la Terminal sostienen que los tucumanos son tacaños, los motoqueros que hacen delivery aseguran que muy pocas veces les dan alguna moneda y las peluqueras dicen que cada vez menos clientes les dejan algo extra. La mayoría coincide en que lo habitual es recibir $ 2. Pero aclaran que, mientras la inflación crece, las propinas se quedan en el tiempo.
Antonio Millán
Cuando lo necesitan
Él es un referente para el básquet tucumano. ¿Quién no conoce a Antonio "el tigre" Millán? Es y fue un exitoso director técnico de clubes como Estudiantes, Mitre o Alberdi. Además, ganó campeonatos y dirigió al seleccionado tucumano. Aún no se despega de ese deporte que lo hace feliz. Y en los bares del centro comparte anécdotas de sus días de gloria. Además, asegura que nunca se olvida de la propina. "Cuando veo que lo necesitan, no dudo en darle unos pesos. Al igual que lo mozos. Siempre que se pueda, hay que dejar propina", agrega.
Vanesa Allincastro y Cristina Bringa
A mover las melenas
Son como psicólogas que te miman la cabeza. Las que durante dos o tres horas soportan estoicas, de pie, la seguidilla de anécdotas de hijos, nietos, las rupturas amorosas, los chismes del edificio… ellas escuchan y asienten (la clave es no contradecir, a nadie le gusta que cuando está contando un penuria su interlocutor le diga que hizo todo mal). Menos en la peluquería que es el refugio femenino en donde se sienten a salvo para confesar eso que no lo dicen en otras partes. Por supuesto que escuchar, a veces, tiene su recompensa. Como explica Cristina, a las clientas les gusta que ellas muestren interés en lo que relatan. Se crea un vínculo especial. Esas horas que dura la tintura, ellas son peluqueras y confidentes. Al final, puede resultar beneficioso. "Con el tiempo fue cambiando el tipo de propina. Antes eran más personas las que dejaban propina, pero era menos dinero. Ahora son menos - por lo general las mujeres más grandes- y dejan un poco más", analiza Cristina. Sus manos son conocidas en Barrio Norte en la tradicional peluquería de Norma Ponce. Ese espacio que, pese a los cambios estéticos, conserva la tranquilidad y la calidad que ellas le supieron dar.
Los detalles también se valoran mucho
Una de las ventajas de conocer a las clientas desde hace muchos años es que además de las propinas en dinero (que vienen muy bien) reciben otras cosas. "Todas las semanas llegan con unas facturas, con tortillas o hasta con tortas para alguna fecha especial. Nunca se olvidan de saludarnos para el día del peluquero o para nuestros cumpleaños", cuenta entusiasmada Vanesa. Ellas están seguras de que esto es por el trato que le dan a sus clientas. En otras peluquerías no sucede lo mismo, añaden. "Cuando les contamos que nos traen estas cosas se asombran porque no les pasa lo mismo", comentan Cristina y Vanesa. Coinciden en que la propina de la peluquera no es igual a la de la manicura o la depiladora. En el primer caso son más generosas. Aunque siempre tiene que ver con la dedicación que le pongan a la tarea.
José Antonio Núñez
Apenas una factura
"La gente humilde es la que más propina te da, porque reconoce tu trabajo", dispara José Antonio Núñez, maletero de la Terminal de Ómnibus. "Lo normal es que te dejen $ 2. Pero la plata ya no vale lo mismo que antes. Hoy, con $ 2 te comprás una factura. Y ni soñés con un desayuno, porque cuesta $ 15", detalla. José sostiene que el tucumano no tiene la costumbre de dar propina. "Los turistas de Buenos Aires, en cambio, siempre te dejan algo", compara. "La gente cree que nosotros cobramos un sueldo. Pero vivimos sólo de las propinas", aclara.
Daniel Galilea
El resto de la cuenta
El lugar casi siempre es el mismo. La larga charla entre amigos se acompaña con un café y entre los temas siempre surge -o lo acapara- el deporte. Cuando ya no hay nada por decir o se tiene que volver al trabajo, sobre la mesa siempre se deja alguna moneda o algún billete de propina. "Todo depende de cuánto tenga el bolsillo. Por ejemplo si pago con $10 y la cuenta era de $8, les dejo el resto", comenta Daniel Galilea. "Con la poca plata que hay hasta le pedimos prestado al mismo mozo", bromea Daniel, que sólo deja propina a los camareros.
Miguel Evaristo
Pagan con lo justo
Desde 2003 Miguel Evaristo trabaja con su moto en deliverys de casas de comida. No espera la propina, porque sabe que no existe la costumbre de dejarles algunas monedas a quienes llevan los pedidos. De todos modos, a veces los clientes lo sorprenden. "Muy pocas personas te dan propina, porque pagan con lo justo. Pero creo que no es porque no quieren, sino porque juntan todas las monedas para pagar la cuenta", confiesa el motoquero. Agrega que en una oportunidad logró reunir $50, pero al final de un día común sólo se lleva $2 en el bolsillo.
Francisco Pereyra
Desde la mañana a la noche por $ 60
Sueldos, jubilaciones, planes sociales. Francisco Pereyra espera ansioso las fechas de pago. Pero no porque vaya a ir al cajero, sino porque a principios de mes, las propinas que recibe son más altas. Él vive de abrir y cerrar puertas de taxis en Maipú y Mendoza. Tiene 68 años y tres nietos a cargo (su hijo falleció). "A mí edad es muy difícil conseguir trabajo, así que no me queda otra que hacer esto. Las propinas dependen del día: cuando la gente cobra, me da más. Pero a fin de mes la cosa se pone complicada", explica el hombre identificado con un chaleco naranja que él mismo fabricó ("Me gustaría que en el Sindicato de Taxistas me den uno un poco mejor, porque el que tengo me lo hice yo para estar bien presentable", comenta). Dice que, como máximo, puede llegar a recaudar $ 60 por día. "Pero tengo que estar desde la mañana hasta la noche en la parada", asegura.
Oscar Eduardo Díaz
Ya no hace diferencia
La propina en los bares y en los restaurantes es una costumbre instalada. De todos modos, los mozos sostienen que el costo de vida aumentó y que el valor de estas gratificaciones no se ha modificado demasiado. Oscar Eduardo Díaz es gastronómico desde los 12 años. A los 41 y con cuatro hijos sigue en el rubro, al que define como su pasión. "El que tiene para dejarte unos pesos, lo hace. Pero antes, la propina te permitía hacer una diferencia. Hoy te sirve para algunos gastos diarios y nada más", aclara este mozo de un bar del microcentro.








