Desesperado, aturdido y confundido

Osvaldo Meloni (H), profesor titular de la Facultad de Ciencias Económicas. UNT.

25 Marzo 2012
Lo sabíamos todos. Los unos y los otros. Hasta el más entusiasta impulsor del modelo K presentía que los tiempos de la abundancia no podían durar para siempre, pero los funcionarios nacionales y provinciales, fanáticos y soberbios, actuaron como si la bonanza fuera a extenderse eternamente. Llevaron el gasto público a niveles que sólo puede sostenerse en épocas de precios internacionales extraordinarios, como los que vivimos en la última década. Las consecuencias están a la vista: ante el panorama de arcas exhaustas, la Nación intentar tapar su impericia con emisiones de papel moneda y el gobernador con aumentos de impuestos.

El objetivo es recaudar para pagar los "ojos del interior" y otras tantas formas de despilfarro. A cualquier costo. Aunque el precio sea hipotecar el futuro, aunque se lleve con ella los últimos jirones de la ya deshilachada seguridad jurídica de una provincia que siempre puso obras de menor cuantía por delante de las instituciones. Probablemente en el cortísimo plazo el gobernador podrá encontrarse con algunos millones de pesos más en el Tesoro provincial como consecuencia del incremento en las alícuotas de Ingresos Brutos, pero a la vuelta de la esquina lo esperan la caída en la actividad económica y el aumento del desempleo para llevarse su parte y un poco más. No deja de ser una señal alarmante, no sólo para Tucumán sino también para el país, que un gobernador totalmente alineado con la Presidente muestre evidentes signos de desesperación. ¿De qué otra manera se puede interpretar la reforma exprés y "a escondidas" del Código Tributario provincial y ahora este intempestivo incremento de las alícuotas del impuesto a los Ingresos Brutos?

Lo opuesto
Tampoco deja de preocupar el nivel de confusión en materia económica, disfrazado con ropajes de pragmatismo, que exhiben las autoridades para afrontar tiempos difíciles. La receta de Keynes (de quien numerosos funcionarios se proclaman seguidores) para desafiar las fases recesivas del ciclo económico consiste en bajar las alícuotas de impuestos (y no subirlas como pretende el gobernador) y aumentar las erogaciones para estimular la demanda agregada, a fin de morigerar el impacto de la menor actividad económica sobre la tasa de desempleo y la capacidad ociosa de la industria. Huelga decir que el canal del gasto está vedado por el abuso que se hizo de él en las fases expansivas del ciclo y por la falta de financiamiento genuino.

Preso de una política nacional que defendió como propia y que ahora se le revela mezquina; atrapado por una elevada inflación que erosiona la recaudación tributaria provincial (lo que se conoce como efecto Olivera-Tanzi) y que además no es geográficamente neutral, ya que transfiere recursos de las provincias al Gobierno central, Alperovich busca una salida al laberinto fiscal avasallando al sector privado, verdadero motor del crecimiento y la innovación. Sin oposición, sin equipo y sin intenciones de escuchar, aturdido por un desafinado coro de adulones, el gobernador toma decisiones en soledad. Tucumán está a expensas del humor de un solo hombre, que está empezando a desesperar.

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