Un laberinto sin entrada ni salida, en Casa Managua

Una exposición de Cecilia Molina trabaja con el concepto rizomático.

Un laberinto sin entrada ni salida, en Casa Managua
Por Jorge Figueroa 10 Marzo 2012
El laberinto siempre ha sido una construcción a la que han echado mano filósofos, escritores y artistas para reflexionar sobre el mundo, a modo de una metáfora. Basta recordar a Borges, pero igualmente a Eco, cuando distingue a los laberintos en clásico, manierista y rizomático. Pero para los artistas es, igualmente, una recurrencia para pensar al arte mismo.

"Del infinito y otros laberintos", una exposición de Cecilia Molina que se puede ver en Casa Managua (San Juan 1.015), se orienta en esa dirección. Son 13 objetos, 12 de caña de bambú y uno de madera, que además poseen sus propios diseños. Estos objetos están ubicados y distribuidos en una pequeña sala, pero no de cualquier manera, sino de un modo particular: por eso, se trata de una instalación de objetos. Esta distribución genera sentido, permanentemente, porque para poder observarlos los espectadores están obligados a un recorrido, a un tránsito entre las piezas, para el que hay distintas, muchas, opciones. En definitiva, se permitirá diferentes conexiones entre los objetos a través de otros tantos caminos.

"Es una muestra pensada para incomodar, con esculturas que surgen del piso y otras que cuelgan del techo, laberintos que contienen laberintos y en ellos, la idea de infinito", cuenta la artista. "Trabajo desde el concepto del caos, pensando en un espacio que no tiene entrada ni salida", agrega Molina.

"Cecilia imaginó un laberinto infinito. Y esa imaginación y propuesta de artista cabal -que ha seguido más su intuición que los consejos de la sana razón- no son azarosas, ni casuales: responde a una antigua marca, a un potente símbolo, que es el laberinto", escribió en el catálogo Cristina Bulacio.

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