El marido de Mercedes

Por Miguel Velardez 06 Marzo 2012
Los amigos de México le dicen "Cuate". Los parientes de Colombia, "Gabito". Los becarios de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano lo proclaman "Maestro". Todo eso es Gabriel García Márquez.

Un fumador retirado que añora siempre el olor de la guayaba. Un parrandero de ley cada vez que pudo llegar a tiempo a Valledupar. Un tímido que sufre horrores cuando está obligado a volar. Nació en Colombia, plantó raíces en México, pero es un escritor de América Latina, un continente al que parece conocer tanto como al Macondo de su literatura. Es tan latinoamericano que escribió sobre la dictadura de Pinochet en Chile, la aventura de Torrijos en Panamá, el asalto al palacio de Managua y la Guerra de Malvinas.

Ahora, que parece estar de moda que los famosos repitan a los cuatro vientos que Las Malvinas son Argentinas, vale recordar que García Márquez no sólo lo dijo, sino que también lo escribió con su firma. Apenas cuatro meses después de haber recibido el Premio Nobel de Literatura, García Márquez publicó una crónica sobre las Islas Malvinas.

Es un texto magistral en el que describe la historia de un soldado argentino, de 19 años, que quiere volver a casa, pero está maltrecho por una guerra absurda. Aquel texto de 1983 fue una voz indignada de América Latina que sirvió para mostrar los aspectos inhumanos de la derrota argentina. García Márquez nunca se quedó de brazos cruzados recibiendo loas, sino que -con errores y aciertos- dijo sus verdades, aunque para algunos no fueran políticamente correctas.

Es tan humano que siente respeto por "la pava", como aprendió a llamarle en Venezuela a la mala suerte. Para enfrentarla usa las flores amarillas. En Cartagena de Indias fundó la mítica FNPI, que dirige Jaime Abello Banfi, para formar a los nuevos cronistas y para orgullo de todos los periodistas, García Márquez supo bautizarlo "el mejor oficio del mundo".

Hoy, a los 85 años, sigue siendo el hijo del telegrafista, el hombre común que cree el premio Nobel sólo sirve para no hacer la cola en el banco, ni en ninguna otra parte. Es Gabito, el Maestro, el Nobel colombiano, aunque él prefiera ser llamado simplemente "el marido de Mercedes".

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