La única manera de perpetuar algo es transmitirlo a las generaciones venideras. Así lo entendieron varios intelectuales y personajes ilustres de Tucumán. Ellos pusieron a reguardo del olvido parte de lo que hoy se considera una herencia cultural invaluable. Una herencia que no está guardada bajo siete llaves, sino que se encuentra disponible para todos los tucumanos en el Centro Cultural Rougés (Laprida 31), institución que depende de la Fundación Lillo.
"Tenemos hasta ahora seis legados que incluyen bibliotecas, pinturas, cartas y documentos", comentó la directora, Elena Perilli de Colombres Garmendia. Es un material de un enorme valor, no sólo para los investigadores, sino también para cualquier estudiante interesado en conocer la historia y la cultura de nuestra región. Porque, en rigor, esa es la misión de un legado: ser testimonio de una época; ser, como diría Borges, "un quimérico museo de formas inconstantes, un montón de espejos rotos".
"Esto de recibir legados con el objeto de preservarlos para las nuevas generaciones responde a una política muy precisa que tiene nuestra institución. No estamos trabajando para el hoy, sino para el futuro", comentó Perilli.
Uno de los legados más importantes está integrado por parte de la pinacoteca del artista plástico Ignacio Colombres (1917-1996). Los cuadros, 19 en total, son de gran tamaño y representan escenas de la vida cotidiana. "Colombres es reconocido precisamente por pintar a los marginados, a las prostitutas y a la gente de la calle. Sus obras son muy fuertes y han sido reconocidas en el mundo", dijo Perilli. Están distribuídas en todos los ambientes de la señorial casona que sirve de sede al Centro Cultural.
Libros y algo más
Sin embargo, lo fuerte de la institución son las bibliotecas. Entre ellas, se destaca las del doctor Ernesto Padilla (1873-1951), fundador de la UNT y ex gobernador de Tucumán. La biblioteca está conformada por 1.300 volúmenes de diferentes temas: literatura, filosofía, teología, derecho, historia argentina, arqueología, etnología, historia tucumana y educación. Se trata de una biblioteca muy valiosa porque contiene ejemplares agotados sobre la vida en la región ("Memoria histórico-descriptiva", de Paul Groussac; "La civilización chaco-santiagueña", de los hermanos Wagner; y los cancioneros de Juan A. Carrizo, entre otros) y constituyen un fondo bibliográfico de gran valor para los investigadores. "Los libros fueron donados con los muebles de la biblioteca, objetos arqueológicos, cuadros, fotografías y hasta el escritorio personal de Padilla. Son objetos realmente hermosos", comentó la directora. Además, explicó que esta biblioteca es consultada permanentemente por investigadores de toda la región. Por eso, el personal especializado del Centro Cultural orienta a los interesados, además de preservar el buen estado de estos libros.
Otra biblioteca importante que se legó a la institución es la que perteneció al doctor José Luis Rougés. En 2000, el Centro Cultural recibió aproximadamente 500 volúmenes de parte de los familiares de Rougés. Esta biblioteca contiene valiosas obras de referencia, volúmenes de historia del arte (tanto argentino como universal), diccionarios enciclopédicos, obras de literatura, atlas geográficos y libros sobre temas variados vinculados con las ciencias sociales. "La colección se va acrecentando con volúmenes y publicaciones que se reciben periódicamente", apuntó la directora.
Pero el legado más grande (en cuanto a la cantidad de ejemplares) es la biblioteca que perteneció al escritor y periodista David Lagmanovich, legada en vida por él mismo y que incluye una gran colección de narrativa regional. "Esta biblioteca tiene unos 12.000 libros. David trajo alrededor de 8.000 ejemplares y los fue catalogando hasta el momento de su muerte. Pero él había conservado para sí unos 4.000 libros que atesoraba en su casa. Cuando murió, esos libros también fueron legados al Centro Cultural por su viuda", contó la directora. Esta biblioteca lleva el nombre del único hijo de Lagmanovich, Juan Christian, que murió en su adolescencia. Los libros están siendo catalogados y clasificados según criterios bibliográficos profesionales, pero ya están a disposición del público. "Eso sí, tenemos como política no prestar ningún ejemplar. Las consultas se hacen aquí, en nuestra sede", advirtió Perilli.
El último legado que recibió el Centro Cultural es parte de la biblioteca de la filósofa María Eugenia Valentié, quien fue una entrañable colaboradora de la entidad y que falleció en 2009. De hecho, Valentié fue la encargada de coordinar la edición de las obras completas de Alberto Rougés. "Tiene una gran variedad de libros sobre filosofía y teología, la especialidad de ella. Aún estamos catalogando lo que hemos recibido, porque tuvimos que fabricar vitrinas nuevas para exhibirlos en una habitación del subsuelo", contó Perilli.
Cartas y documentos
Además de libros, hay otro tipo de legados conformados por cartas y documentos, que también fueron puestos a resguardo en el Centro Rougés. En esa situación se encuentra, por ejemplo, el archivo del filósofo Alberto Rougés, que contiene alrededor de 1.200 cartas intercambiadas con personalidades de la época. Junto a la correspondencia se incluyen los originales de sus escritos: ensayos, artículos, los originales de "Las jerarquías del ser y la eternidad" y numerosos trabajos sobre su vida y obra.
Finalmente, bajo la administración del Centro Rougés también fue puesto el legado del profesor Juan Dalma, que se encuentra en exhibición en la casa que fue de Dalma y está ubicada en el pasaje Sorol 498. "Todos estos legados están para ser consultados y forman parte de nuestro patrimonio cultural", destacó Perilli.
"Tenemos hasta ahora seis legados que incluyen bibliotecas, pinturas, cartas y documentos", comentó la directora, Elena Perilli de Colombres Garmendia. Es un material de un enorme valor, no sólo para los investigadores, sino también para cualquier estudiante interesado en conocer la historia y la cultura de nuestra región. Porque, en rigor, esa es la misión de un legado: ser testimonio de una época; ser, como diría Borges, "un quimérico museo de formas inconstantes, un montón de espejos rotos".
"Esto de recibir legados con el objeto de preservarlos para las nuevas generaciones responde a una política muy precisa que tiene nuestra institución. No estamos trabajando para el hoy, sino para el futuro", comentó Perilli.
Uno de los legados más importantes está integrado por parte de la pinacoteca del artista plástico Ignacio Colombres (1917-1996). Los cuadros, 19 en total, son de gran tamaño y representan escenas de la vida cotidiana. "Colombres es reconocido precisamente por pintar a los marginados, a las prostitutas y a la gente de la calle. Sus obras son muy fuertes y han sido reconocidas en el mundo", dijo Perilli. Están distribuídas en todos los ambientes de la señorial casona que sirve de sede al Centro Cultural.
Libros y algo más
Sin embargo, lo fuerte de la institución son las bibliotecas. Entre ellas, se destaca las del doctor Ernesto Padilla (1873-1951), fundador de la UNT y ex gobernador de Tucumán. La biblioteca está conformada por 1.300 volúmenes de diferentes temas: literatura, filosofía, teología, derecho, historia argentina, arqueología, etnología, historia tucumana y educación. Se trata de una biblioteca muy valiosa porque contiene ejemplares agotados sobre la vida en la región ("Memoria histórico-descriptiva", de Paul Groussac; "La civilización chaco-santiagueña", de los hermanos Wagner; y los cancioneros de Juan A. Carrizo, entre otros) y constituyen un fondo bibliográfico de gran valor para los investigadores. "Los libros fueron donados con los muebles de la biblioteca, objetos arqueológicos, cuadros, fotografías y hasta el escritorio personal de Padilla. Son objetos realmente hermosos", comentó la directora. Además, explicó que esta biblioteca es consultada permanentemente por investigadores de toda la región. Por eso, el personal especializado del Centro Cultural orienta a los interesados, además de preservar el buen estado de estos libros.
Otra biblioteca importante que se legó a la institución es la que perteneció al doctor José Luis Rougés. En 2000, el Centro Cultural recibió aproximadamente 500 volúmenes de parte de los familiares de Rougés. Esta biblioteca contiene valiosas obras de referencia, volúmenes de historia del arte (tanto argentino como universal), diccionarios enciclopédicos, obras de literatura, atlas geográficos y libros sobre temas variados vinculados con las ciencias sociales. "La colección se va acrecentando con volúmenes y publicaciones que se reciben periódicamente", apuntó la directora.
Pero el legado más grande (en cuanto a la cantidad de ejemplares) es la biblioteca que perteneció al escritor y periodista David Lagmanovich, legada en vida por él mismo y que incluye una gran colección de narrativa regional. "Esta biblioteca tiene unos 12.000 libros. David trajo alrededor de 8.000 ejemplares y los fue catalogando hasta el momento de su muerte. Pero él había conservado para sí unos 4.000 libros que atesoraba en su casa. Cuando murió, esos libros también fueron legados al Centro Cultural por su viuda", contó la directora. Esta biblioteca lleva el nombre del único hijo de Lagmanovich, Juan Christian, que murió en su adolescencia. Los libros están siendo catalogados y clasificados según criterios bibliográficos profesionales, pero ya están a disposición del público. "Eso sí, tenemos como política no prestar ningún ejemplar. Las consultas se hacen aquí, en nuestra sede", advirtió Perilli.
El último legado que recibió el Centro Cultural es parte de la biblioteca de la filósofa María Eugenia Valentié, quien fue una entrañable colaboradora de la entidad y que falleció en 2009. De hecho, Valentié fue la encargada de coordinar la edición de las obras completas de Alberto Rougés. "Tiene una gran variedad de libros sobre filosofía y teología, la especialidad de ella. Aún estamos catalogando lo que hemos recibido, porque tuvimos que fabricar vitrinas nuevas para exhibirlos en una habitación del subsuelo", contó Perilli.
Cartas y documentos
Además de libros, hay otro tipo de legados conformados por cartas y documentos, que también fueron puestos a resguardo en el Centro Rougés. En esa situación se encuentra, por ejemplo, el archivo del filósofo Alberto Rougés, que contiene alrededor de 1.200 cartas intercambiadas con personalidades de la época. Junto a la correspondencia se incluyen los originales de sus escritos: ensayos, artículos, los originales de "Las jerarquías del ser y la eternidad" y numerosos trabajos sobre su vida y obra.
Finalmente, bajo la administración del Centro Rougés también fue puesto el legado del profesor Juan Dalma, que se encuentra en exhibición en la casa que fue de Dalma y está ubicada en el pasaje Sorol 498. "Todos estos legados están para ser consultados y forman parte de nuestro patrimonio cultural", destacó Perilli.
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