El aplauso del final habla del reconocimiento de los hinchas para con el plantel. Desde afuera se vio cómo Atlético intentó no perder el agua de las manos. No pudo. Quizás no lo mereció, pero el fútbol no pisa el freno en reparos ni en causas justas. Lo hecho, hecho está. Y de eso habla la primera derrota del año para uno de los candidatos al ascenso. Lo dicen todos, de Ushuaia a la Quiaca. Esta caída en el fatídico febrero hablará de injusticias y de justicia, porque uno hizo los deberes al pie de la letra y el otro también, aunque falló donde no debía hacerlo: debajo de los tres palos de un Martín Perafán de manos calientes y piernas elásticas. Al "decano" se le vino la estantería abajo justo en su mejor momento.
Dominaba a un "halcón" sin garras. Palacios, la figura del dueño de casa con Ischuk, pagó con creces la inversión hecha por él. Regaló piques titánicos, velocidad de F1 y una guapeza digna del aplauso. Pero... Sí, falló en la puntada de la verdad. No lo merecía. Perafán tuvo la culpa. Le sacó tres bochas abajo a él, un cabezazo criminal de Barone y un misil a quemarropa del desconocido Barrado. Diego estuvo fuera de órbita (como Montiglio e Iuvalé) y se lo extrañó muchísimo.
Atlético había empezado a descargar su furia futbolística como un tsunami. Presionaba, asfixiaba, recuperaba y lastimaba. Pero no mataba. Entonces, Defensa se animó a ponerle pilas a sus intenciones. Bustamante tiró un centro pasada. Rearte lo capturó y buscó cruzado el palo lejano de Lucas. Ischuk reaccionó, aunque el rebote volvió a caerle a los pies del villano Rearte, que no falló. Gol.
Restaba una eternidad de tiempo, tanto que el "decano" pecó de desesperado en el complemento. Defensa se aferró a su nombre y esperó de contra. Pudo haber aumentado. De hecho, Díaz sobró la parada a puro amague y "San Lucas" y Galíndez se arruinaron el cumpleaños. Antes, Castro, de pésima tarea, le había anulado bien un gol a Bustamante.
Y así como vino, el partido se fue. La derrota quedó acá. No era lo que Atlético esperaba.
Dominaba a un "halcón" sin garras. Palacios, la figura del dueño de casa con Ischuk, pagó con creces la inversión hecha por él. Regaló piques titánicos, velocidad de F1 y una guapeza digna del aplauso. Pero... Sí, falló en la puntada de la verdad. No lo merecía. Perafán tuvo la culpa. Le sacó tres bochas abajo a él, un cabezazo criminal de Barone y un misil a quemarropa del desconocido Barrado. Diego estuvo fuera de órbita (como Montiglio e Iuvalé) y se lo extrañó muchísimo.
Atlético había empezado a descargar su furia futbolística como un tsunami. Presionaba, asfixiaba, recuperaba y lastimaba. Pero no mataba. Entonces, Defensa se animó a ponerle pilas a sus intenciones. Bustamante tiró un centro pasada. Rearte lo capturó y buscó cruzado el palo lejano de Lucas. Ischuk reaccionó, aunque el rebote volvió a caerle a los pies del villano Rearte, que no falló. Gol.
Restaba una eternidad de tiempo, tanto que el "decano" pecó de desesperado en el complemento. Defensa se aferró a su nombre y esperó de contra. Pudo haber aumentado. De hecho, Díaz sobró la parada a puro amague y "San Lucas" y Galíndez se arruinaron el cumpleaños. Antes, Castro, de pésima tarea, le había anulado bien un gol a Bustamante.
Y así como vino, el partido se fue. La derrota quedó acá. No era lo que Atlético esperaba.
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