No es un problema de plata; tan sólo una lucha por ocupar la casilla del medio, la del poder, la que le garantiza al rey de este ajedrez político el margen de maniobra suficiente para atacar cuando se debe y para salir airoso cada vez que una cuestión lo pone en jaque. Desde hace más de ocho años, José Alperovich juega con las piezas blancas del tablero tucumano.
El sindicalismo estatal no ha sido tan combativo como en otros años por la sencilla razón de que el gobernador ha gozado de tiempos de vacas gordas, en los que la regularidad en el pago de los sueldos ha sido la constante. No se perciben dirigentes al estilo Hugo Moyano, dispuestos a cruzarse de vereda para embestir contra el corazón del poder.
Frente al poder financiero no hay rivales. Salvo movimientos autoconvocados que le han marcado la cancha al mandatario en los últimos tiempos. No hay problemas de caja, repiten en el Palacio de Gobierno. Pero desde sus vacaciones esteñas, Alperovich ha venido con una sola idea, pensando en los efectos de una Europa que se sigue cayendo de a pedazos y que puede llegar a demandar menos productos tucumanos. "Hay que cuidar más la plata; gastar menos, porque no sabemos qué es lo que sucederá". 2012 arrancó con un gran signo de interrogación, con unas paritarias que vaticinan difíciles negociaciones.
La estrategia del PE es esperar. Los indicios nacionales pueden servir como base para cerrar los incrementos salariales del sector público. La brecha de lo que se está dispuesto a dar y lo que pretenden los gremios tiene una diferencia de, al menos, siete puntos porcentuales, entre un 18% y un 25%. "Esperemos que las cosas no se desmadren y que haya, al final, un techo de suba", reza un funcionario. Sucede que el incremento salarial puede costarle al Estado, este año, entre $ 1.400 millones y $ 2.000 millones, dependiendo del porcentaje definitivo de arreglo. La cifra equivale a poco más del 10% del Presupuesto vigente. Por ahora, los recursos responden. El viento de cola de un diciembre explosivo para el consumo se evidenciará en la recaudación fiscal de este mes. Rentas puede llegar a recaudar unos $ 250 millones, una cifra que equivaldría casi a la mitad de lo que gira mensualmente el Gobierno nacional por coparticipación. Enero es un mes atípico para los ingresos, también por el hecho de que muchos contribuyentes han tratado de amortiguar el impacto del aumento del 37% en el impuesto Inmobiliario. Esta gestión, como también la de Cristina Fernández, necesitan recursos extra para hacer frente a un año considerado difícil para el rumbo fiscal de las provincias. De hecho, una decena de gobernadores ya están pensando cómo harán frente al fantasma del déficit. Muchos ya conjugan el verbo ajustar, con todo el desgaste político que ello significa.
Alperovich no quiere correr ese riesgo. Con los dos años de perdón fiscal otorgado por Cristina, el gobernador cree que puede llegar a la parlamentaria de 2013 sin arriesgar demasiado. La receta sigue siendo la misma desde que se hizo cargo del sillón gubernamental, en octubre de 2003: ahorrar el 15% de los gastos previstos en el presupuesto. Este año, ese ajuste forzoso puede significar una suma similar a la erogaciones extra que se prevén para cubrir las subas salariales anuales. Pero el margen es acotado, ya que los salarios que se abonan a los 80.000 empleados públicos representan poco más del 50% del Presupuesto, que es de más de $ 14.600 millones.
Llegar a marzo con la menor pérdida posible de terreno es la principal inquietud del rey de este ajedrez tucumano. Sin embargo, aparte de las cuestiones financieras, hay otros movimientos que acechan a la gestión. La inseguridad ciudadana le ha vuelto a cantar jaque al rey. Hay que esperar los próximos movimientos para saber cómo sigue la partida.
El sindicalismo estatal no ha sido tan combativo como en otros años por la sencilla razón de que el gobernador ha gozado de tiempos de vacas gordas, en los que la regularidad en el pago de los sueldos ha sido la constante. No se perciben dirigentes al estilo Hugo Moyano, dispuestos a cruzarse de vereda para embestir contra el corazón del poder.
Frente al poder financiero no hay rivales. Salvo movimientos autoconvocados que le han marcado la cancha al mandatario en los últimos tiempos. No hay problemas de caja, repiten en el Palacio de Gobierno. Pero desde sus vacaciones esteñas, Alperovich ha venido con una sola idea, pensando en los efectos de una Europa que se sigue cayendo de a pedazos y que puede llegar a demandar menos productos tucumanos. "Hay que cuidar más la plata; gastar menos, porque no sabemos qué es lo que sucederá". 2012 arrancó con un gran signo de interrogación, con unas paritarias que vaticinan difíciles negociaciones.
La estrategia del PE es esperar. Los indicios nacionales pueden servir como base para cerrar los incrementos salariales del sector público. La brecha de lo que se está dispuesto a dar y lo que pretenden los gremios tiene una diferencia de, al menos, siete puntos porcentuales, entre un 18% y un 25%. "Esperemos que las cosas no se desmadren y que haya, al final, un techo de suba", reza un funcionario. Sucede que el incremento salarial puede costarle al Estado, este año, entre $ 1.400 millones y $ 2.000 millones, dependiendo del porcentaje definitivo de arreglo. La cifra equivale a poco más del 10% del Presupuesto vigente. Por ahora, los recursos responden. El viento de cola de un diciembre explosivo para el consumo se evidenciará en la recaudación fiscal de este mes. Rentas puede llegar a recaudar unos $ 250 millones, una cifra que equivaldría casi a la mitad de lo que gira mensualmente el Gobierno nacional por coparticipación. Enero es un mes atípico para los ingresos, también por el hecho de que muchos contribuyentes han tratado de amortiguar el impacto del aumento del 37% en el impuesto Inmobiliario. Esta gestión, como también la de Cristina Fernández, necesitan recursos extra para hacer frente a un año considerado difícil para el rumbo fiscal de las provincias. De hecho, una decena de gobernadores ya están pensando cómo harán frente al fantasma del déficit. Muchos ya conjugan el verbo ajustar, con todo el desgaste político que ello significa.
Alperovich no quiere correr ese riesgo. Con los dos años de perdón fiscal otorgado por Cristina, el gobernador cree que puede llegar a la parlamentaria de 2013 sin arriesgar demasiado. La receta sigue siendo la misma desde que se hizo cargo del sillón gubernamental, en octubre de 2003: ahorrar el 15% de los gastos previstos en el presupuesto. Este año, ese ajuste forzoso puede significar una suma similar a la erogaciones extra que se prevén para cubrir las subas salariales anuales. Pero el margen es acotado, ya que los salarios que se abonan a los 80.000 empleados públicos representan poco más del 50% del Presupuesto, que es de más de $ 14.600 millones.
Llegar a marzo con la menor pérdida posible de terreno es la principal inquietud del rey de este ajedrez tucumano. Sin embargo, aparte de las cuestiones financieras, hay otros movimientos que acechan a la gestión. La inseguridad ciudadana le ha vuelto a cantar jaque al rey. Hay que esperar los próximos movimientos para saber cómo sigue la partida.







