"No hay que estigmatizar al empleado informal"

La Presidenta reclamó gestos solidarios para formalizar progresivamente al segmento de trabajadores argentinos que aún están en negro. Según un informe privado, las mujeres y los jóvenes son los más propensos a ser contratados informalmente. En Tucumán, unos 99.100 asalariados no fueron legalizados.

MENSAJE. Cristina prefirió hablar de economía popular, más que informal. REUTERS
MENSAJE. Cristina prefirió hablar de economía popular, más que informal. REUTERS
15 Diciembre 2011
La presidenta Cristina Fernández reclamó anoche la necesidad de legalizar a los trabajadores informales, pero para lograrlo apeló a la "solidaridad de todos" . "No hay que estigmatizar ni perseguir al trabajador informal", precisó.

"Las formalización tiene que ser el objetivo, porque hace a la competencia. Con el crecimiento que tuvo el país se ha generado una economía informal y no estoy hablando de cosas organizadas y voluminosas. Hay que tratar de que esto se vaya formalizando porque, ¿a quién no le gustaría tener un comercio divino con empleados?", se preguntó la mandataria. Y de inmediato pidió: "seamos solidarios, generosos y que las cosas se vayan formalizando y no estigmatizando o persiguiendo". Cristina Fernández se pronunció así al encabezar en la Casa Rosada el acto de entrega de aportes no reintegrables a parques industriales, junto a la ministra de Industria, Débora Giorgi, consignó la agencia NA.

De acuerdo con los últimos datos del Indec, la cantidad de trabajadores no registrados llega a 4,5 millones de personas, sobre un total de 13,2 millones asalariados. Durante el segundo trimestre del año, el trabajo en negro golpeó a 99.100 tucumanos, es decir, al 41% de los asalariados que residen en el aglomerado urbano del Gran Tucumán-Tafí Viejo.

Según la Sociedad de Estudios Laborales (SEL Consultores), la jefa de Estado terminó su primer mandato con un balance social dual: por una parte, no menos de un quinto y posiblemente cerca de un cuarto de la población ha emergido de la pobreza y se ha incorporado (o reincorporado) a la clase media baja desde el pico de la crisis posconvertibilidad; por el otro lado, casi como en espejo, no menos de un quinto, y tal vez cerca de un cuarto de la población permanece en estado de privación no obstante los ocho años de elevado crecimiento de la economía y buen desempeño del mercado de trabajo.

Los logros fueron el resultado de la creación, desde 2003, de 3,4 millones de empleos, de los cuales 3,1 millones son formales, dice el diagnóstico al que accedió LA GACETA. De estos, tres de cada cuatro son empleos privados. Pese a ello, subsisten problemas estructurales que impiden que entre 8 millones y 10 millones de personas puedan mejorar de manera sostenida sus condiciones de vida y participar de una movilidad social ascendente, advierte SEL. Estos factores tienen que ver, por una parte, con la segmentación laboral y, por la otra, con la escasa y desigual distribución del capital humano. Cerca de un tercio de la fuerza de trabajo es informal. Son más de 5,5 millones de personas. Sin incluir el servicio doméstico no registrado, los trabajadores privados informales (asalariados y cuenta propia sin capital) equivalen a más de dos tercios de los asalariados privados registrados.

La informalidad laboral es la principal causa de exclusión social. Los trabajadores informales carecen de protección legal y de seguridad social; sus empleos son inestables; son los primeros en ser despedidos (siete de cada 10 desocupados tuvieron como último empleo un trabajo no registrado); ganan mucho menos que los trabajadores formales; no tienen acceso al crédito. La informalidad es la puerta de entrada al mercado de trabajo de la mayoría de las mujeres, los más jóvenes y los menos educados, indica la consultora que dirige el experto Ernesto Kritz.

Mientras que en el sector privado formal hay dos ocupados varones por cada mujer, en el sector informal la relación es casi de uno a uno. Esto está muy influido por el empleo en el servicio doméstico. Esto lleva a precisar la observación: la informalidad es la puerta de entrada al mercado de trabajo de las mujeres en los empleos de menor nivel de calificación. También es la puerta de entrada para los más jóvenes. No es fácil: cuatro de cada 10 desempleados tienen menos de 25 años y, cuando consiguen empleo, generalmente son no registrados.

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